Conclusiones del general Víctor Bados Nieto, director del Instituto Español de Estudios Estratégicos: en su estudio “Consideraciones académicas al coste electoral de las guerras de elección en los EEUU. Los estudios de caso de Irán y la I Guerra del Golfo”. Documento de Análisis IEEE 27/2026. enlace web IEEE
Resumen:
Este artículo examina la relación entre el calendario electoral y el uso de la fuerza en Estados Unidos, centrándose en las denominadas “guerras por elección”. A partir de un marco teórico que integra el efecto rally ’round the flag, la teoría de la guerra distractive, diversionary war, y la literatura sobre los costes electorales de los conflictos prolongados, el estudio analiza cómo la política doméstica y la competencia electoral influyen en la forma en que los presidentes estadounidenses emplean el poder militar.
El trabajo sostiene que, aunque los líderes estadounidenses no recurren sistemáticamente a la guerra con fines electorales, el entorno político interno condiciona el momento, la intensidad, duración del conflicto y el uso de la fuerza.
Las crisis internacionales pueden generar incrementos temporales de popularidad presidencial, especialmente cuando existe consenso entre las élites y el conflicto se percibe como necesario o exitoso. Sin embargo, la evidencia empírica demuestra que estos beneficios suelen ser efímeros y que las guerras prolongadas tienden a generar desgaste político, especialmente cuando aumentan las bajas o los costes económicos.
Para ilustrar estas dinámicas, el artículo analiza dos estudios de caso contrastivos. Por un lado, la guerra entre Estados Unidos e Irán es examinada como un conflicto contemporáneo que pone de relieve las tensiones entre estrategia militar, doctrina oficial y lógica electoral.
Por otro lado, la Primera Guerra del Golfo de 1991 se presenta como un ejemplo paradigmático de guerra por elección que produjo un claro refuerzo del liderazgo presidencial debido a la rapidez operativa, la limitación de objetivos, el bajo coste humano y la amplia legitimidad internacional.
La opinión más importante que las armas
El análisis concluye que, en las democracias, la sostenibilidad política de los conflictos armados depende menos de la superioridad militar que de la capacidad del gobierno para mantener el apoyo de la opinión pública.
Cuando las guerras se prolongan y generan costes económicos o humanos significativos, el conflicto puede transformarse en un pasivo electoral para el gobierno, confirmando que la dimensión política constituye un factor decisivo en la evolución y el desenlace de las guerras contemporáneas.
Conclusiones
El análisis muestra que la relación entre elecciones y uso de la fuerza en Estados Unidos es compleja y no responde en muchas ocasiones a una lógica académica. Los presidentes no recurren sistemáticamente a la guerra con fines electorales, pero operan dentro de un entorno político en el que el calendario electoral, la opinión pública y la competencia partidista influyen de manera significativa en la forma en que se conciben y ejecutan las intervenciones militares.
En este contexto, determinadas modalidades de uso de la fuerza, rápidas, limitadas y con un alto valor simbólico, resultan políticamente más atractivas que las guerras prolongadas y costosas. La literatura sobre el efecto rally ’round the flag, confirma que las crisis internacionales pueden reforzar temporalmente la autoridad presidencial.
Sin embargo, ese incremento de apoyo suele ser breve y depende de factores como el consenso entre las élites, el encuadre mediático del conflicto y, sobre todo, la percepción de éxito estratégico. Cuando estas condiciones desaparecen o el conflicto se prolonga, el efecto rally tiende a diluirse y el apoyo público puede erosionarse rápidamente.
Del mismo modo, el debate sobre la guerra distractiva, diversionary war theory, pone de relieve que la política doméstica no explica por sí sola la decisión de intervenir militarmente, pero sí puede influir en el momento, en la intensidad y en el encuadre político del uso de la fuerza.
La política exterior, especialmente en democracias altamente mediatizadas como la estadounidense, no puede entenderse al margen de los incentivos electorales y de la dinámica de la opinión pública.
El factor tiempo
La variable decisiva para comprender la traducción política de un conflicto armado suele ser el tiempo. Las democracias pueden premiar inicialmente la firmeza y el liderazgo en momentos de crisis, pero tienden a castigar las guerras largas, ambiguas y costosas.
A medida que aumentan las bajas, los costes económicos y la incertidumbre estratégica, la guerra puede transformarse en un pasivo político para el gobierno. En este sentido, el coste electoral de las guerras prolongadas constituye uno de los hallazgos más consistentes en la literatura sobre opinión pública y política exterior.
La habilidad de Irán
El caso de la guerra con Irán ilustra con especial claridad estas dinámicas. Aunque Estados Unidos mantiene una clara superioridad militar y tecnológica, Irán ha demostrado capacidad para trasladar el conflicto a ámbitos donde el impacto político puede resultar mayor, especialmente en el terreno económico y energético.
La presión sobre el estrecho de Ormuz y la volatilidad de los mercados petroleros han contribuido a un aumento significativo del precio del crudo, lo que tiene consecuencias directas sobre la inflación energética y el coste de vida en las economías occidentales.
En el caso estadounidense, el encarecimiento de productos básicos, especialmente la gasolina y la energía, puede tener efectos políticos relevantes. La experiencia histórica muestra que los conflictos exteriores adquieren una dimensión electoral especialmente sensible cuando afectan al bienestar económico cotidiano de los ciudadanos.
Un aumento sostenido del precio del combustible o del coste de vida puede erosionar el apoyo social a la guerra y afectar negativamente a la percepción pública de la gestión del conflicto. Esta dinámica resulta particularmente significativa cuando entra en contradicción con las promesas realizadas durante la campaña electoral, en la que se había subrayado la necesidad de evitar nuevas guerras costosas y de priorizar la prosperidad económica doméstica.
En consecuencia, el caso iraní vuelve a poner de manifiesto que las operaciones militares diseñadas para demostrar fuerza, credibilidad estratégica y liderazgo internacional pueden transformarse en una fuente de vulnerabilidad política si el adversario logra prolongar el conflicto y elevar sus costes económicos y sociales.
De este modo, la distancia entre superioridad militar táctica y sostenibilidad política estratégica se convierte en uno de los factores centrales para comprender la evolución de los conflictos contemporáneos. El contraste entre distintos casos históricos permite precisar mejor estas dinámicas.
El ejemplo de la Guerra del Golfo
La Guerra del Golfo de 1991 constituye un ejemplo paradigmático de guerra por elección que produjo un claro refuerzo del liderazgo presidencial. La rapidez y contundencia de la campaña, la definición limitada de los objetivos —centrados en la liberación de Kuwait sin derivar hacia un cambio de régimen en Bagdad—, el bajo nivel de bajas estadounidenses, la amplia coalición internacional y la legitimidad conferida por Naciones Unidas generaron una percepción inequívoca de éxito.
Este conjunto de factores activó un intenso efecto rally, elevando significativamente la aprobación del presidente George H. W. Bush. El caso ilustra que, cuando la guerra es breve, limitada, legitimada y percibida como victoriosa, puede traducirse en beneficios políticos sustanciales para el Ejecutivo, al menos en el corto plazo.
La clave: sostener la legitimidad política
En última instancia, el análisis sugiere que las democracias no suelen fracasar en la guerra por falta de capacidad militar, sino por la erosión progresiva del apoyo político. Y este elemento nos conduce inexorablemente a la Trinidad de Clausewitz, en la que el Pueblo, Los Ejércitos y el Gobierno han de estar perfectamente alienados y en sincronización de esfuerzos para el éxito en la contienda.
La clave no reside únicamente en ganar en términos operacionales, sino en sostener la legitimidad política de la intervención en el tiempo. En este sentido, la comparación entre la Guerra del Golfo de 1991 y el conflicto actual con Irán permite identificar una lección central: en las democracias liberales, no basta con poder ganar cada una de las batallas; es imprescindible poder sostener el conflicto bélico sin que se vuelvan políticamente insostenibles cuando el tiempo, los costes económicos y la erosión del apoyo público terminen transformándolo en un desgaste electoral que conduzca a la larga, a la pérdida de la guerra.

