Escrito por • 12:32 pm• Política

Entre el Papa y Leire

Inmaculada Sánchez

La visita a España del Papa León XIV ha dado apenas un respiro a la intensa refriega política del país saturando no sólo informativos y telediarios sino la práctica totalidad de la programación de la televisión pública para pasmo de quienes creíamos vivir en un Estado aconfesional. El histórico e insólito discurso del Sumo Pontífice en el Congreso de los Diputados y los siete minutos de aplausos que consiguió a diestra y siniestra relegaron, aunque sólo fuera por unas horas, las anotaciones de Leire Díez de las agendas de los diputados. Pero ningún incienso puede despejar el viciado aire que invade nuestra vida pública. Mientras el papamóvil colapsaba el tráfico de Madrid y Barcelona, Mañueco ya ha sido investido presidente de Castilla y León con el permiso de la prioridad nacional, el juicio al hermano de Pedro Sánchez ha quedado visto para sentencia y Feijóo vuelve a desgañitarse pidiendo al presidente que dimita y convoque elecciones.

Sorprende que el Gobierno insista en presentar al Papa como su gran aliado, más allá de su comunión en el rechazo a las guerras de Trump y su alegato por la dignidad de los migrantes. “Compartimos con el Papa la defensa de una visión humanista centrada en la dignidad de las personas”, ha llegado a decir la ministra Portavoz, Elma Saiz esta semana. Pareceria que el Ejecutivo busque en la mitra papal el bálsamo a sus muchas tribulaciones, olvidándose de sus explícitas referencias en contra del aborto o la eutanasia en el discurso del Congreso, o de su remolón abordaje al escándalo de los abusos en el seno de la Iglesia, con una discretísima e insuficiente reunión con seis víctimas preparada por los obispos españoles para cubrir el expediente.

Admitamos que el Gobierno está para agarrarse a cualquier clavo ardiendo que se le presente y la visita del nuevo Papa, que empieza a dar señales de ser digno sucesor de Francisco tras un año de Pontificado más bien silente, era para aprovechar. El laicismo del Estado por el que el PSOE aboga recurrentemente en cada uno de sus congresos federales suele quedarse recluido en los textos de sus ponencias y pese al hostigamiento que la Iglesia católica española le dedica cada vez que legisla o amplía derechos, nunca ha sido una opción para los socialistas retirarle privilegios ni cambiar su estatus social más allá de pequeños pellizcos de monja, si se me permite usar tan pertinente expresión. Ni siquiera Sánchez ha dado pasos relevantes en este sentido pese a su osadía en otras materias. Por tanto, esta visita de León XIV, cuya posición a favor de la paz y el multilateralismo coincide con la del asediado Gobierno de Sánchez, no podía ser acogida por Moncloa más que con alborozo.

También su socio de Gobierno se vio arrastrado por el aire beatífico que acompaña al Pontífice y sólo al día siguiente alguno de sus diputados mostró cierto arrepentimiento por sus entusiastas aplausos a su discurso en el hemiciclo. “Creo que a lo mejor nos pasamos aplaudiendo siete minutos” acertó a decir el diputado de Compromís, miembro del grupo parlamentario de Sumar, Alberto Ibañez. Otros socios parlamentarios del Ejecutivo fueron más prudentes y no ocuparon el escaño sus principales portavoces, por discrepar de la idoneidad del discurso papal en la sede de la soberanía nacional, aunque sí asistieron, en aras a la institucionalidad del acto, al saludo y bienvenida al Papa. Sólo Podemos y BNG se ausentaron en reivindicación de la laicidad del Estado.

Colapsadas las noticias del país con todo lo que ha dicho o hecho León XIV estos días, Alfonso Fernández Mañueco ha podido atravesar discretamente su nueva investidura como presidente de Castilla y León asumiendo la prioridad nacional exigida por Vox. Ante las Cortes de Valladolid se ha comprometido “a establecer una asignación justa de los recursos públicos en función del arraigo real y verificable” con Castilla y León, según sus propias palabras. Ya son tres los presidentes del PP que han claudicado a la prioridad nacional por muchas vueltas semánticas que quieran darle a su pacto con los de Abascal. El siguiente es Moreno Bonilla, que ya ha tenido una primera reunión con Vox para negociar su investidura en Andalucía. Resultará muy instructivo conocer a qué vocabulario se encomendará el barón ‘más moderado’ del PP para definir esa prioridad que Vox no va a renunciar a exigirle.

Después de la marcha del Papa el Gobierno tendrá que volver a agarrarse a esos pactos del PP con la ultraderecha para remarcar las diferencias con su gestión y seguir sosteniendo la legislatura con el miedo a lo que viene. Sánchez se atrevió a asegurar hace unos días que presentará el proyecto de Presupuestos para 2027, como si tuviera suelo en el que pisar. Sin embargo, el sumario del caso Leire amenaza con ampliar cada vez más los efectos y damnificados de una investigación que el PSOE confiaba tener encapsulada en un reducido entorno de Santos Cerdán. Hasta la presidenta del partido, la histórica Cristina Narbona, ha sido citada como testigo por el juez Pedraz por figurar en las anotaciones de la fontanera, al igual que la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, tendrá que comparecer en el Senado, a instancias del PP, por sus contactos con ella.

En lo personal, el presidente espera el veredicto del juicio contra su hermano que ha quedado esta semana visto para sentencia. Tras lo vivido con el del Fiscal General del Estado, en Moncloa asumen que puede haber condenas pese a la evidente ausencia de pruebas que ha puesto de relieve la vista y la desmesura del juicio en sí por supuestas irregularidades en la adjudicación de un puesto de empleo público por el que se piden hasta seis años de cárcel. Por si fuera poco, el lunes próximo, día 15, Begoña Gómez, esposa de Sánchez, está nuevamente citada por el juez Peinado para comunicarla oficialmente la apertura de juicio oral. La batalla continúa más viva que nunca. Lo del Papa no ha sido más que un paréntesis.

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