Escrito por 6:22 pm Política

Entrevista con Oscar Alzaga

“A LOS POLÍTICOS QUE PROVENÍAN DEL RÉGIMEN Y SE PRESENTARON A LAS ELECCIONES DE 1977 NO LES CONVENÍA QUE SE SUPIERA LA DURA REALIDAD DEL FRANQUISMO”

“ESPAÑA ES EL ÚNICO PAÍS DE EUROPA QUE, TRAS CUARENTA AÑOS DE DICTADURA, HA DESTRUIDO SUS ARCHIVOS”

Óscar Alzaga Villaamil fue portavoz de UCD en la Comisión Constitucional. De convicciones  democristianas fue  y resistente activo al régimen de Franco por lo que fue represaliado. En la actualidad  es catedrático emérito de Derecho Constitucional y académico supernumerario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.  

Entrevista realizada por José García Abad

José García Abad (JGA): Si no he entendido mal lo que cuenta usted en su libro “La Conquista de la transición”, en 1977 con un Gobierno Suárez, en vísperas de las primeras elecciones democráticas y del debate constitucional, un grupo de ex franquistas afiliados mayormente a UCD intentaron borrar documentos que afectarían a la represión del régimen anterior. ¿Puede precisarme más, sobre esta operación de lavado del franquismo?

Óscar Alzaga   (OA): España es el único país de Europa que, tras cuarenta años de dictadura totalitaria durante nuestro siglo XX, ha destruido -siendo ministro del Interior Rodolfo Martín Villa y presidente del Gobierno Adolfo Suárez- sus archivos con los informes de las direcciones generales de Seguridad y de la Guardia Civil sobre las actividades de quienes desde la ilegalidad combatieron el franquismo. Países como Alemania o Italia conservan enormes archivos policiales sobre los demócratas que militaron en la oposición al Nacional Socialismo y al Fascismo. Dedico el primer capítulo de mi libro “La conquista de la Transición (1960-1978)” a explicar la orden de quema de millones de documentos policiales. Y narro, entre otros datos muy relevantes, como Albert Manent escribió un magnífico artículo en La Vanguardia, el 13 de diciembre de 1977, denunciando aquella quema, y como diversos senadores interpelaron al ministro del Interior Martín Villa. He expuesto en el primer capítulo de mi libro, cuya lectura ha interesado mucho a un elevado número de españoles, bastante información sobre esta destrucción de la documentación conservada hasta entonces por los servicios policiales sobre los opositores al régimen. Y también expongo que esa eliminación masiva de archivos no afectó ni a los Juzgados de lo Penal, ni al Tribunal de Orden Público, ni a los juzgados militares, por lo que los historiadores tienen fuentes para reconstruir la difícil tarea que desarrolló la oposición al franquismo con éxito.     

JGA: Cuenta usted que en Madrid se emplearon camiones que hicieron múltiples viajes para llevar toneladas de documentos al Cuartel General de la Guardia Civil, sito en la calle Guzmán el Bueno, de Madrid, donde se quemaron durante muchos días. Y que algunos archiveros veteranos aún narran tristes anécdotas de este proceso. 

OA: Efectivamente, durante los primeros pasos de la Transición hubo funcionarios que contemplaron con gran disgusto la destrucción de información importante para reconstruir el esfuerzo de los demócratas que militábamos en partidos ilegales de oposición al franquismo. Y a los cuadros de la oposición a los que tenían acceso nos trasladaron información sobre aquella quema sistemática, a la que dedico la debida atención en la primera parte de mi obra.

JGA: En definitiva, sostiene usted que la democracia no nos la donaron los últimos del franquismo, a la muerte de su caudillo sino los resistentes al mismo.

OA: El gran proyecto de Transición desde la dictadura franquista hasta una democracia se debatió por las fuerzas de la oposición democrática de la oposición al régimen, tanto del exilio como del interior, en el llamado Congreso de Múnich, que se celebró en junio de 1962, con el respaldo de las potencias de la Comunidad Económica Europea. Ahí se convino un amplio plan para posibilitar, a la muerte de Franco, una Transición a una auténtica democracia. En aquella época yo estudiaba el cuarto curso de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense y había sido elegido delegado de los estudiantes de la Facultad. Uno de los participantes en aquel Congreso de Múnich había sido Jesús Prados Arrarte, catedrático de Economía Política en nuestra Facultad y dirigente del Partido Social Demócrata, entonces presidido por Dionisio Ridruejo. Jesús Prados, para que no le confinaran, como a otros amigos a islas menores Canarias se quedó en París, donde recibió un escrito del Gobierno español incoándole expediente de expulsión de su cátedra. A propuesta mía, la Cámara de nuestra Facultad aprobó solidarizarse con él y aprobó que si le apartaban de la cátedra iríamos a una huelga indefinida hasta que el Gobierno rectificara. Y, días después, la Junta de profesores de nuestra Facultad adoptó un acuerdo de solidaridad con el profesor Prados. El Gobierno de Franco rectificó de inmediato y Prados Arrarte pudo retornar poco después a su cátedra. El franquismo era consciente de sus limitaciones.

Los sectores más moderados del régimen estudiaron el plan elaborado en Múnich para salir del franquismo a la muerte del general. Y algunos de sus dirigentes estimaron pertinente sumarse al mismo. Yo he podido narrar como, en vida del Caudillo, siendo ministro de la Presidencia Antonio Carro, se me pidió en 1974 que redactara un informe sobre las garantías que debía contener una Ley Electoral para que la oposición democrática aceptase concurrir a unas primeras elecciones parlamentarias. Acepté y con la colaboración de José Maria Gil Robles y Delgado y de los juristas del PSOE Fernando Albero y Angel Carrasco, elaboré un proyecto de ley de 107 artículos, que el ministro Antonio Carro me agradeció personalmente en su despacho. Este texto sirvió de base a la norma electoral con que concurrimos a los primeros comicios de 1977.

Y naturalmente en las páginas de mi obra La conquista de la transición narro toda la contribución activa de la oposición democrática al franquismo para lograr que a la muerte del dictador nuestro pueblo pudiera disfrutar de una genuina democracia, que pasaría a ser miembro de pleno derecho de la Comunidad Europea.

JGA: ¿Puede usted contestar a las preguntas, ¿retoricas?, que usted mismo se hacía con notable perspicacia bajo el apartado de “CÓMO VALORAR LA DESTRUCCIÓN DE LA DOCUMENTACIÓN DE LA DICTADURA”.

OA: Fue obvio que a los políticos que provenían del régimen y se presentaron a las elecciones de 1977 no les convenía que se supiera la dura realidad del franquismo y la forma en que su régimen político reprimió sistemáticamente a la oposición democrática. Ellos querían participar, durante el nuevo periodo de nuestra vida pública, en los nuevos partidos políticos y comparecer ante la opinión pública como demócratas. Estos hombres públicos siguieron en cierta medida el modelo de Fernando VII y otros españoles de nuestro siglo XIX que procuraron borrar de nuestra historia importantes hechos que habían sucedido, para lo cual quemaban la documentación que se refería a los mismos. Nuestra historia tuvo esta singularidad y pese a que en España y la Portugal de la dictadura de Oliveira Salazar hubo durante más de cuarenta años dictaduras con similar orientación totalitaria, en nuestro país hermano se conservan más de cuatro archivos gigantescos de aquella época, sin que nuestros historiadores gocen de análogos fondos documentales. 

Pero todo esto yo lo expongo en mi libro con espíritu convivencial y he podido escribir, con suficiente respaldo documental y en cerca de seiscientas páginas, como los españoles pudimos conquistar nuestra transición a una democracia que nos ha permitido ser miembros de pleno derecho de nuestra gran Unión Europea.

JGA: Asegura usted que hubo quien le aconsejó que no publicara su libro. Cómo explica usted que, a estas alturas del 2024, resulten turbadoras sus aportaciones documentales. 

OA: Creo que cuantos deseamos que nuestra sociedad plural goce de estructuras políticas que partan de reconocer iguales derechos a la totalidad de nuestra ciudadanía, con independencia de su orientación política, deseamos que se conozca la verdad de cómo se puso fin, con buenas formas, al régimen de Franco. A tal fin he escrito mi libro “La conquista de la transición”, editado en 2021, pero que dado el ancho interés que suscita cuanto he escrito a quienes desean conocer ampliamente nuestra verdad histórica, se está reimprimiendo periódicamente para atender el legítimo interés de nuestra ciudadanía.

JGA: ¿Por qué no aceptó usted ser ministro?

OA: En el periodo de nuestra transición, cuando se nombró a un diputado de Madrid fiscal general del Reino para que yo, que era catedrático de Derecho Constitucional, pasase a ser diputado de UCD en las Cortes constituyentes, pude desempeñar un rol relevante en alcanzar un óptimo nivel de diálogo con los parlamentarios de la izquierda, en numerosas reuniones nocturnas, que desembocó en un consenso sobre el texto de nuestra Constitución de 1978.

Y durante la misma legislatura constituyente promoví el inicio de un diálogo ancho y constructivo con los restantes partidos sobre las disposiciones que debían recoger los estatutos de autonomía y toda la legislación de desarrollo de nuestra Ley de Leyes. Esa tarea fue agotadora, pero una de las más útiles de cuantas he desplegado en mi vida. Por ello quise continuarla, sin ambicionar el ser ministro. Así se lo hube de explicar a Adolfo Suárez cuando, tras las elecciones de 1979, me ofreció la cartera de ministro de Educación y, poco después alguna otra. Era más útil para nuestra sociedad que trabajase en aquella compleja labor legislativa que el que encabezase un ministerio, pues ello se podía confiar a otro dirigente de UCD.


RECOGIDO DE SU LIBRO  “La Conquista de la transición”    

– En Madrid se emplearon camiones que hicieron múltiples viajes para llevar toneladas de documentos al Cuartel General de la Guardia Civil, sito en la calle Guzmán el Bueno, donde se quemaron durante muchos días, y que algunos archiveros veteranos aún narran tristes anécdotas de este proceso.
 
– No solo desparecieron los archivos de la Brigada Social que eran inmensos  o de los servicios de información de la Guardia Civil, o los del Movimiento, del SEU. o del Ministerio de Información sino también de los gobiernos civiles. 

El autor se hace una pregunta “incómoda”, de si “ello tenía que ver con que se trataba de multas que en caso de impago conllevaba el ingreso en prisión, que en algunos casos ocuparon cargos relevantes en gobiernos de UCD”.

– Cuando Oscar Alzaga preguntó a la directora del archivo de Salamanca sobre la desaparición de ciertos documentos ella contestó: “Todos esos archivos los ordenó quemar su amigo el pirómano?”. El autor no identifica quien es su amigo el pirómano. Yo intuyo que la archivera se refería a Martín Villa.

– Cita el autor al historiador Ángel Viñas y a la pregunta que este se hace sobre cuándo se abrirán los archivos Alzaga contesta: “Nunca”, refiriéndose a la quema de documentos.

– Le comentaron al autor algunos historiadores que quienes quemaron las pruebas de la represión promovieron ya en la democracia libros y artículos para reinventar la historia de 40 años de dictadura.

– Afirma Alzaga que en España no ha habido ninguna comisión de la verdad.


Conclusión personal del entrevistador

Deduzco del apasionante libro de Óscar Alzaga que el franquismo sigue vivo o no está bien enterrado. El libro tiene un interés excepcional en un momento en el que algunas comunidades autónomas tratan de revisar la memoria histórica eludiendo la calificación del franquismo como dictadura

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