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Errejón: una quiebra moral y política.

El “caso Errejón” se ha convertido en el “caso Sumar”

Iñigo Errejón

La valoración de la conducta de Errejón con respecto a las mujeres admite pocos matices: este brillante personaje, que se había labrado una imagen de intelectual refinado y progresista, ha resultado ser —siempre presuntamente, aunque muy presuntamente— un trastornado psicológico que buscaba en las relaciones de pareja un espacio para ejercer la dominación patológica y el encanallamiento machista. El texto de las denuncias deja poco espacio para las dudas: quien se convirtió en apóstol inflamado y sobreactuado del “solo sí es sí” y en un aparente defensor de la autodeterminación de las mujeres, gozaba sometiéndolas y humillándolas contra su voluntad (la voluntariedad o no, recordemos, es el elemento esencial de este relato). 

El destino de Errejón es sombrío ya que ha cruzado un umbral que en política no se permite. El umbral del machismo más descarnado y crudo, de la pulsión enfermiza que tiende a hacer de la mujer una sierva eszclavizada. En su escrito de renuncia, el ya exdiputado ha insinuado que se encontraba en tratamiento psicológico, pero esto ya es irrelevante. En el mejor de los casos, cuando haya respondido de las acusaciones que se le formulan, tendrá que rehacer su vida al margen de sus derroteros actuales. Errejón es un cadáver político, y a partir de ahora lo relevante no es tanto lo que ha hecho cuanto lo que los demás le han dejado hacer con su silencio.

En este caso, habrá que depurar todas las responsabilidades encadenadas. Y salvar a las organizaciones, que no pueden ser responsables de las secretas perversiones individuales.

En efecto, todo indica que el estallido del escándalo no ha sido para todos precisamente una sorpresa. Buena parte de su entorno tenía indicios, cuando menos, de un comportamiento irregular que, por su naturaleza, podía generar un gran revuelo si se descubriese. Errejón se exhibía ante la opinión pública como modelo y guía de una conducta antimachista impecable en las relaciones de pareja. La llamada “ley de solo sí es sí” podía serle atribuida, al menos en parte. Y él encabezó todas las movilizaciones airadas contra episodios diversos de violencia de género. Pero una sombra de duda, según se ha sabido ahora, viajaba con Errejón a todas partes desde hace tiempo.

Por mor de esta cuestión, el “caso Errejón” se ha convertido en el “caso Sumar”, e incluso en el “caso izquierda radical”, que afectaría indirectamente a todo el espacio a la izquierda del PSOE. Y las incógnitas que es preciso esclarecer ya no versan sobre la actividad social y sexual de Errejón con las mujeres sino sobre lo que realmente se conocía en su entorno de tales aventuras. De momento, una jefa de gabinete del político ha sido ya ejecutada políticamente, y todo indica que poco a poco acabará sabiéndose si, como parece, ha habido un espacio de impunidad para Errejón o este consiguió zafarse de la mayoría de los controles. En este caso, habrá que depurar todas las responsabilidades encadenadas. Y salvar a las organizaciones, que no pueden ser responsables de las secretas perversiones individuales.

El «caso Errejón» es, de todas maneras, la guinda de una debacle anunciada en el espacio de la izquierda de la izquierda.

El «caso Errejón» es, de todas maneras, la guinda de una debacle anunciada en el espacio de la izquierda de la izquierda. La creación de Sumar sin conseguir integrar a Podemos, que tiene una autoridad fundacional y una entidad indiscutible, fue ya en sí misma un fracaso, que se tradujo luego en los malos resultados de los procesos electorales, que forzaron la salida de Yolanda Díaz de la cúpula de la coalición. Ha habido renovación en Izquierda Unida, ahora bajo la batuta de Antonio Maíllo. Y la figura de Errejón, que en ciertos ámbitos era visto como quien podía ser capaz de generar una corriente de unidad en ese espacio, acaba de disolverse como un azucarillo.

La unidad de la izquierda radical se vuelve así todavía más difícil, pero no por ello ha de dejar de intentarse. No solo como impulso de determinadas ideas igualitarias sino también y sobre todo como herramienta de poder civil frente a la extrema derecha, cuya solidez amenaza con la posibilidad de futuros gobiernos PP-VOX. La ruina moral de algunos líderes de la izquierda, el vedetismo de ciertas corrientes progresistas, la arrogancia de determinados políticos de esta zona no solo son una traición a la clientela de estos espacios sino una concesión imperdonable a los neofascistas, que seguirán pugnando por conseguir legitimación y el levantamiento del cordón sanitario. Es poco realista creer que la derecha tradicional rechazará las mieles del poder para no tener que aliarse con los ultras.

Antonio Papell

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