Escrito por • 11:56 am• Política

Eso sí puede pasar aquí o cómo Lewis profetizó a Trump

José Garcia Abad

“Eso no puede pasar aquí”, rumiábamos acongojados  los demócratas, de USA y del mundo entero como una jaculatoria ante el temor de que Donald  Trump conseguiría acabar con la democracia en Estados Unidos. Ahora cuando ha pasado un año de su presidencia la jaculatoria la hemos  trocado radicalmente: “Eso puede pasar aquí”. Lo que me ha llevado a releer el libro de Sinclair Lewis que profetizó en una novela de política ficción lo que Donald Trump está haciendo, que se ha convertido en un bestseller en Estados Unidos.

Sinclair Lewis (1885/1951), primer premio Nobel estadounidense de literatura recibido en 1930 crea la figura de Berzellus Windrip que llega al poder cargando contra los emigrantes y la prensa libre y anuncia que con él Estados Unidos volverá a sus raíces y a ser grande otra vez.

La editora “A. Machado Libros” publicó una edición del libro con la portada que reproducimos en que a la frase “Eso no puede pasar aquí” añadió un interrogante: ¿O sí?

Sitúa su historia en los años treinta donde los partidarios de Berzelius Windrip conocido por los suyos como Buzz, acuñaban frases como “la paz a través de la defensa”, que en opinión de un general “por primera vez en toda la historia, una gran nación debe seguir armándose cada vez más. Para la paz”. Y confiesa: “Bueno chicos, ya no importa el aspecto moral del asunto. ¡Tenemos poder! ¡Y el poder no necesita excusas”.

Buzz – explica Lewis – se había convertido en veinte años como gobernante de un estado en un absolutista que no tenía nada que envidiar a cualquier sultán de Turquía.

 “Esperad a que Buzz se haga cargo de nosotros , temían algunos, ¡Será una verdadera dictadura fascista”. Siempre había quien contestaba “¡Tonterías, tonterías, eso no podría pasar aquí, en Estados Unidos. ¡De ninguna manera! Somos un país de hombres libres” 

Doremus Jessup, protagonista junto a Windrip , un pequeño empresario de prensa, moderado y de desarrollado sentido común replicaba; “¡Y un cuerno que no!. ¡Anda! No existe un país en el mundo que se pueda poner más histérico (¡si, e incluso volverse mas servil !) que Estados Unidos. Mirad cómo Huey Long se convirtió en el monarca absoluto de Lusianja y como el honorable senador Berzelius Windrip es dueño de su estado. Escuchad al obispo Prang y al padre Coughlin en la radio: ¡oráculos sagrados para millones de personas!. ¿Recordáis con que indiferencia han aceptado la mayoría de los estadounidenses la corrupción demócrata de Tammany Hall, las bandas mafiosas de Chicago y la falta de honestidad de muchos de los cargos designados por el presidente Harding?”. (…) “¿Qué no puede pasar aquí?” (…) “En qué otra época de la historia ha estado un pueblo tan preparado para una dictadura como el nuestro”.

Un contertulio defendía al fascismo como mal menor: “¿No salvó Hitler a Alemania de la plaga roja del marxismo?” Y Doremus replicó “¡Curar los males de la democracia con los males del fascismo! Curiosa terapia. He oído decir que curan la sífilis administrando malaria al paciente, ¡pero  nunca escuché que curaran la malaria administrándole sífilis”. Un tal Crowley se confirmó: “quizás nos venga bien tener un hombre fuerte al mando, pero eso no puede ocurrir aquí, en Estados Unidos”. El reverendo Falk murmuró: “¡Y un cuerno que no!”.

Inicialmente Windrip se apoya en Lee Sarason como Trump hizo inicialmente con Stephen Bannon como principal asesor y propagandista. Sarason que había sido socialista y anarquista ejercía de un periodismo mordaz y cínico. Aseguraba que prefería el calificativo “prostituta”, al de “periodista”. Sarason le servía a Windrip, entre otras funciones, de guardaespaldas, redactor de discursos y agente de prensa.

En cuanto Buzz llegó al poder estipuló que el presidente tendría la autoridad para establecer y ejecutar todas las medidas necesarias sin la intervención del Congreso que redujo al papel de asesor y eliminó la competencia del Tribunal Supremo para invalidar cualquier acción del presidente.

Doremus Jessup reflexionó: “Ahora, después de la toma de posesión de Buzz, todo volverá a ser sencillo y comprensible: ¡Va a gobernar el país como si fuera su finca privada”. 

Ninguno de los cambios se divulgó tanto como el mandato presidencial que acababa repentinamente con la existencia individual de los diferentes estados y dividía todo el país en ocho “provincias”.

Lewis anticipa lo que Trump ha hecho con su ICE la policía privada anti inmigrantes que generaron el pánico en Minneapolis . Buzz se había adelantado creando los “M.M” (“Minute Man”) cuyo objetivo era mantener a todos los extranjeros fuera del país. “Tanto a los judíos como a los espaguetis, a los desgraciados del este de Europa y los chinitos”, explicaba.

Inventó regimientos de soldados de imitación, de mercenarios  matones con guerreras vistosas y pesados bastones que exhibían las letras “M.M” (“Minute Man”) que aludía a una organización privada antigua que quería destacar que intervendría inmediatamente, en un minuto, frente a los malhechores, que ahora  eran ridiculizados como “Mickey Mouses” o “Minnies”.

El grueso de la tropa estaba formado por jóvenes campesinos encantados de poder ir a la ciudad y conducir automóviles  tan rápido como quisieran; jóvenes obreros de fábricas que preferían los uniformes y la autoridad para golpear a ancianos en lugar de los monos de trabajo y de dejarse la vista en las máquinas; y un número bastante considerable de ex criminales, contrabandistas, ladrones y chantajistas del mercado laboral que, debido a su habilidad con las armas y las porras de cuero y a que estaban convencidos de que la majestuosidad de la estrella de cinco puntas les había reformado completamente; fueron perdonados por sus errores éticos pasados y aceptados con afecto en las tropas de asalto de los M.M. 

Tenían a los judíos y los negros para menospreciarlos, cada vez con más virulencia. Los M.M. se encargaban de que así fuera. Todo hombre es un rey siempre y cuando tenga a alguien a quien pueda menospreciar.  

Doremus reflexionó: “Bienaventurados los que no son patriotas ni idealistas, los que no sienten que tienen que entrometerse y hacer algo al respecto, algo tan importante que convendría liquidar a todos los escépticos … ¡Torturarlos! ¡O mejor masacrarlos!¡Un asesinato a la antigua usanza, pues desde que Cain mató a Abel este ha sido siempre el nuevo recurso mediante el cual todas las oligarquías y los dictadores se han deshecho de la oposición (y seguirán haciéndolo en el futuro)! 

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