Manuel Espín
Puccini escribió una de sus mejores partituras para su tercera obra, ‘Manon Lescaut’, estrenada con entusiasmo en 1893 en Turin y que poco después se vería en el antiguo Teatro Real de Madrid. La historia sobre un libreto de Domenico Oliva y Luiggi Illica en una larga lista de escritores incluido el propio Puccini y su representante que intervinieron en la elaboración se basa en la novela de 1731 del Abate Prévost. Hay otra ópera ‘Manon’ a cargo de Jules Massenet.
¿Qué tiene este argumento para interesar varios siglos después? La historia de una mujer que atrapada en su máximo nivel de belleza rompe con su rol tradicional de sumisión y su atracción hacia el lujo y el dinero la lleva a lo que antaño se denominaba ‘vicio’ y que no debía ser otra cosa que su manera de expresar su capacidad e independencia también en un tema tan tabú como el sexo.
En unas versiones esa ‘Manon’ se convierte en una prostituta; en otras coquetea con el peligro y su precio a pagar es su lejanía final en América. En esta interpretación de la producción del Teatro Real con la Ópera de Colonia de la que se harán trece representaciones hasta el 11 de octubre, ‘Manon’ juguetea pero no hay puñaladas, venganzas, ni navajazos contra la mujer que ha transgredido unas normas sociales porque en otra época no se le asignaba otro papel que el de obediente esposa. Frente a las ‘Manon’ que se asoman al vértigo social en la sociedad del XIX la de esta que se sitúa en una imprecisa época entre los años 30 y los 50 y en ningún momento se la muestra en espacio que sugiera sordidez aunque argumentalmente se presuponga.
La obra de Puccini tiene una de sus mejores partituras musicales, una delicia para escuchar en todos los sentidos; aunque adolece de un libreto donde no se desarrolla una historia sino una serie de cuadros que tratan de hilvanar un apunte de relato incompleto y deslavazado. Estamos de nuevo como es tan habitual en la historia de la lírica ante una partitura excepcional y un libreto discreto.
Este aspecto sobresale todavía más en esta producción que inaugura la temporada del Real donde destaca por encima de todo el trabajo de la dirección musical de Nicola Luisotti, algo que se ha venido repitiendo en ocasiones anteriores cuando se cuenta con un maestro de talento, por encima de una dirección escénica demasiado condicionada por el decorado e incapaz de sacar todo el partido al argumento.
El venezolano Carlos Wagner como responsable de la parte escénica sitúa el relato en un semi-cubo diáfano donde destaca como elemento referencial un gran tiovivo, que puede ser muchas cosas, también un territorio frívolo con el ‘pole dance’ o los barrotes de una cárcel. Pero el tratamiento dramatizado es distante en contraposición con la vibrante parte musical. Hay un doble reparto en cada uno de sus ‘cast’ de primer nivel internacional, donde destacan Sandra Radanovsky y Saioa Hernández (Manon), Lucas Moachen y Szyman Mechfinski (Lescaut), Michael Fabiano y Jorge de León (Renato). Pietro Spagnoli (Geronte) y Alejandro del Cerro y Albert Casals como Edmundo, entre otros nombres destacados del amplio elenco. Vocalmente impecables aunque limitados porque apenas se desarrolla su trabajo actoral que parece hecho en función del aprovechamiento del decorado..
Teatralmente esta ‘Manon’ quiere ser elegante y estilizada, con una iluminación de Nicol Hungsber que por momentos parece una coloración del escenario en función de las situaciones dramáticas y un vestuario de diseño a cargo de Jon Morrell, todo ubicado en el amplio espacio de Frank Philipp SchcBmann. Domina la frialdad teatral en el conjunto y no se saca todo el partido dramático a los personajes.
La cima de esta producción hay que ponerla en el trabajo del gran Nicola Luisotti que es casi un indispensable en la dirección musical de los títulos de la ópera italiana no solo en el Real sino en el mundo, con especial habilidad en el manejo de Verdi o Puccini; al frente de la Orquesta del Real, y también la labor del coro dirigido por José Luis Basso que desarrolla un gran cometido sobre el escenario. Solo por ellos merece verse esta producción, teatralmente tibia desde el punto de vista dramático, donde muy buenas voces apenas tienen posibilidad de desarrollar sus personajes desde el punto de vista actoral. Esta ‘Manon Lescaut’ musicalmente impactante en todos los sentidos, se queda corta respecto a los posibilidades escénicas. .

