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Europa: De la casa común a la guerra

Carlos Berzosa

El último presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, pretendió no solo reformar el obsoleto e ineficaz modelo económico, sino que lanzó una idea verdaderamente importante construir la casa común europea. Tanto la perestroika como la glasnost suponían un esfuerzo indudable, sin negar la naturaleza del sistema socialista, de llevar a cabo una gran renovación interna, pero a su vez un intento por establecer una política exterior de cooperación con Europa occidental. Se quería dejar atrás todos los años de guerra fría y tensión militar. Una idea que fue bien acogida por la Unión Europea, pero que no gustaba tanto a Estados Unidos.  

La política de Gorbachov se vio frustrada por un golpe de estado perpetrado por los duros del régimen, que, no obstante, fue derrotado, lo que dio paso a la presidencia de Yeltsin que supuso la desmembración de la URSS, y el desmantelamiento del sistema socialista. Se produjo la transición del socialismo al capitalismo, tanto en Rusia como los antiguos integrantes de la desaparecida URSS, así como de los países del Este que se encontraban bajo la influencia soviética. Por lo que concierne a Rusia, se llevaron a cabo privatizaciones rápidas de las empresas, eliminación de la planificación central, y desregulaciones, lo que trajo un periodo inestable de la economía al desaparecer la planificación y no ser sustituido por una economía de mercado. Tuvo a su vez elevados costes sociales, mientras se creaba una oligarquía de grandes magnates, mafiosa en muchos casos, que se hizo con el poder económico.

Los costes sociales son expuestos en El libro Blanco de Rusia: Las reformas neoliberales (1991-2004) de Antolevich, Iurevich y Georguevich (El Viejo Topo). Un libro que recoge los datos que muestran cómo la reforma iniciada en los años 1989-1990 en la URSS y continuada en la Federación de Rusia ha influido en la economía nacional y en la vida de la población del país. Es este un libro blanco porque se presentan hechos y no opiniones ni valoraciones de la realidad. Los datos son suficientemente claros y hablan por sí mismos. La historiadora Carrére  D´Encauusse señala en su libro Seis años que cambiaron el mundo (Ariel.2016) como Yeltsin dejó vía libre a los que saquearon la riqueza nacional, organizando la operación de bandidaje más extraordinaria de un Estado que haya conocido la historia contemporánea. No obstante, vio con optimismo esta etapa y exalta la labor de Gorbachov y Yeltsin pues dice: “En definitiva estos dos hombres con un carisma inmenso, que se enfrentaron con tanta violencia e incluso se odiaron, resultan inseparables con respecto a la historia de su país. Por medios parecidos y distintos ambos persiguieron el mismo objetivo: superar el retraso ruso, renovar los vínculos entre Rusia y Europa, y, sobre todo reinstalar a Rusia en Europa”.

No es la diferencia entre sistemas lo que provoca la guerra sino la codicia de los grandes intereses económicos y políticos de las grandes potencias.

El hecho de que Rusia abrazara el capitalismo supuso el fin de la guerra fría y con ello el peligro de una confrontación bélica. En los años noventa del siglo pasado se practico el optimismo al haber sido vencido el enemigo principal del sistema capitalista. Se planteó, por dirigentes políticos, la necesaria disminución de los gastos militares y con lo que se ahorraba constituir un dividendo para la paz, y aplicarlo a otras políticas económicas. Así también lo planteó el Informe de Desarrollo Humano elaborado por el PNUD y cuyo fin debería ser dirigido a los países menos desarrollados. Los gastos militares descendieron, no tanto como hubiera sido deseable, pero el dividendo por la paz no se llevó a cabo.  La disminución del gasto militar se utilizó para disminuir el déficit público y sanear las cuentas públicas de los países desarrollados.

Yeltsin y Putin

El error que se cometió entonces es suponer que los países que tenían el mismo sistema económico no entrarían en guerra. Se había olvidado la historia, pues la primera guerra mundial fue un conflicto Inter imperialista de los propios países capitalistas.  De modo que no es la diferencia entre sistemas lo que provoca la guerra sino la codicia de los grandes intereses económicos y políticos de las grandes potencias. El intento de dominar a otros países para controlar recursos naturales y mercados.    

Putin tomó el relevo de Yeltsin en el año 2000, y fue estableciendo progresivamente un poder autoritario. Ha considerado que Rusia se ha sentido humillada por las grandes potencias y lo que busca es restaurar en parte lo que habían sido sus imperios y que fueron arrebatados en un momento de debilidad. Su agresividad es un peligro para Europa. Se ha pasado de este modo de una posible cooperación y la construcción de una casa común a un enfrentamiento que tiene como escenario a Ucrania. De un continente unido a un continente roto. El afán imperialista de Putin es el principal responsable de lo que está pasando, pero tampoco los países occidentales han actuado con la consiguiente mesura y cordura sino con la prepotencia de los que se consideran vencedores.  

Este año se cumplen cuarenta del ascenso de Gorbachov al poder, primero como secretario general del Partido Comunista, y desde 1987 presidente a su vez de la URSS. Es un buen momento para analizar lo que pudo ser y no fue en estos cuarenta años. En suma, cuándo descarriló el tren del entendimiento y se ha pasado a la guerra. Su política con sus errores y aciertos supuso un cambio de rumbo en la URSS que condujo finalmente a su destrucción.  Con ello también cambió la historia de la humanidad, pero no siempre para mejor, sino por lo que estamos viendo para peor. 

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