Escrito por 11:36 am Panorama europeo

 ¿Europa federación o santa alianza?

Por Enrique Barón


Dilema existencial que dominará una larga precampaña electoral clave para el futuro de la UE y de Europa como continente. De un lado, consolidar la Unión Europea como una unión cada vez más estrecha entre sus pueblos, un sujeto político democrático con valores compartidos y fines comunes. Su objetivo último es la “Federación Europea”, como propuso en 1950 la Declaración Schuman, tan visionaria como incomprendida en su momento. 

Una apuesta por un futuro diferente a un pasado de lucha entre   Estados por la hegemonía continental en guerra civil cuasi permanente. Una sucesión de Imperios, Monarquías absolutas y Dictaduras con la razón de Estado consagrada en el Tratado de Westfalia como culminación de una lógica nacionalista que condujo a la casi destrucción del continente con repercusiones globales. 

 De otro, el intento de volver a una Europa como alianza de Estados con la delirante pretensión de Putin de  emular  al Zar Alejandro I en el Congreso de Viena de 1814 con la Rusia  invasora  de Ucrania como potencia  hegemónica continental. 

Austrohúngaro con Metternich, maestro de Kissinger, en el Congreso no solo hubo baile y diversión, su objetivo fue tratar restaurar el antiguo régimen frente a la Revolución francesa.  Con el Emperador ruso como garante, el británico con Castelreach y el, se repartieron el continente. Ninguno de estos imperios existe ya, el alemán y el italiano empezaban a renacer y el francés, con Talleyrand   jugando tanto con un Napoleón que al fugarse de Elba interrumpió el Congreso y   tras su derrota     en Waterloo,  se puso al servicio de la  restauración borbónica. 

Recordatorio que no tiene solo valor histórico, algunos   ultras españoles  aún   no se han enterado de que Westfalia marcó el fin del Imperio español en Europa y Viena  sentenció el americano.  En 1823, Chateaubriand, al mando de la invasión de los cien mil hijos de San Luis para restaurar el absolutismo, pudo jactarse de haber conseguido en España  en seis meses lo que Napoleón no había conseguido en seis años.  

Estas son las opciones de futuro para la UE en una precoz precampaña  planeada como una  creciente e incontenible marea  ascendente  hacia posiciones  más retrógradas que conservadoras. Trata de marcar la pauta, centrándola en un mensaje antifeminista, anti LGTB y antiinmigración, negadora del cambio climático y promotora de una guerra cultural “iliberal”.  En lo económico, una defensa sin complejos de la eliminación de impuestos progresivos a la vez que se privatizan bienes y servicios públicos. Nada sobre el futuro industrial, digital que atraiga a la juventud.  Apunta al corazón mismo de la Unión al propugnar la vuelta a una alianza de Estados “soberanos”,  atacando la primacía del  Derecho comunitario, su sistema institucional y el Estado social de Derecho. 

En definitiva, se plantea una campaña electoral al Parlamento Europeo negando su misma legitimidad y función, aunque no  se  defienda ya  la eliminación del Euro y la vuelta a adorada moneda propia, tras algunos escarceos que han dejado clara la sensatez de la mayoría ciudadana. 

 En esta pretendida guerra relámpago, llaman la atención algunos elementos que suponen una ruptura con las convenciones constitucionales que rigen la vida política de la Unión. En primer lugar, declarar concluida la legislatura europea más de un año antes de las elecciones de junio de 2024 por el bávaro   Manfred Werner, líder del grupo parlamentario del PPE, la primera minoría en el Parlamento Europeo . Tras su elección como Presidente del PPE   ha desafiado públicamente a Ursula von der Leyen, actual Presidenta de la Comisión, su colega de familia política  alemana    CDU/CSU, intentando repetir su fallida candidatura a este puesto clave y enfrentándose a las direcciones de ambos partidos.  De hecho, es una moción de censura anticipada a una Presidenta investida en primera votación  por un estrechísimo margen, tras comparecer ante los grupos y en particular tras comprometerse en un intercambio de cartas – democrática costumbre – con la líder del Grupo Socialista Iratxe García Pérez. Acuerdo ratificado tras negociar cuidadosamente su programa, que  logró un apoyo  ampliamente mayoritario de la Cámara.  Su posterior ejecutoria ha mostrado su capacidad de liderazgo de la Comisión como gobierno de coalición   en temas tan cruciales como la lucha contra la pandemia, el plan de recuperación y próxima generación y  el apoyo a Ucrania.

No está de más recordar que la participación del Parlamento Europeo en la elección de la Presidencia de la Comisión ha incorporado la lógica parlamentaria desde su elección directa en 1979,    consolidada en el Tratado de Maastricht  con el reconocimiento de los partidos políticos europeos y posteriores  que  sigue desarrollándose en la lucha de poder entre el Consejo, sus Estados miembros y el Parlamento   

Impresiona la denominación   de “Spitzenkandidat” ,  quizá por estar formulada, en alemán cuando lo que define es la primera condición, necesaria y no suficiente, para elegir al Presidente del ejecutivo.  La segunda es tener la capacidad de reunir la mayoría suficiente.  En este sentido, el art.124 de Reglamento del PE, con valor de Tratado según la jurisprudencia europea, tiene la misma lógica que el artículo 99 de la Constitución española tan de actualidad. Salvando las distancias, comparten la misma filosofía de democracia parlamentaria.

Un detalle diferenciador importante de la vida parlamentaria europea es que la votación de la Presidencia de la Comisión se hace en voto secreto, no público como en EspañaDecisión garantista de un voto en conciencia,  ha generalizado la práctica parlamentaria alemana    denominada UBoot. Los submarinos son  aquellos miembros del propio grupo o coalición que no apoyan a su propio candidato. Se estima que en la investidura de Von der Leyen  en 2019 el mayor número de submarinistas provenían de fuego amigo.   

    La ofensiva contra el Informe Luena en sobre la lucha contra el cambio climático este verano, inicio abierto de la ofensiva Werner para afirmar la hegemonía de la alianza conservadora- euroescéptica ha conocido  un fracaso similar. La cuestión es muy actual, porque está en marcha reemplazar la actual mayoría pro europeísta de populares, socialdemócratas y liberales por una   hegemónica mayoría conservadora. Punto en el que converge activamente con el diseño europeo del   gobierno de coalición italiano Meloni, formado por tres partidos que van del europeísmo  a la alianza de estados,   presentes en tres grupos políticos  distintos del PE. Y con Orban y Abascal como socios preferentes de su líder Meloni. 

El desenlace de las elecciones legislativas españolas ha tenido   impacto europeo al mostrar que la ola euroescéptica e iliberal se puede contener y combatir. No basta: la Unión Europa debe continuar luchando a la vez con una potencia agresiva y contra las tendencias centrífugas en su propio seno. Ha sido capaz de cambiar la historia tejiendo paz donde reinaban el odio y la guerra, ahora debe fortalecer su proyecto federativo de libertad, justicia y solidaridad para tener futuro.


Enrique Barón Crespo es político, economista, abogado y ensayista. Fue portavoz económico y presupuestario del Grupo Socialista del Congreso entre 1977 y 1982; ministro de Transporte, Turismo y Comunicaciones en el primer gobierno de Felipe González .
Elegido diputado del Parlamento Europeo en el año 1986 donde permaneció hasta 2009, fue presidente del mismo entre 1989 y 1992. 
Desde mayo de 2018 es presidente de la Unión de Europeístas y Federalistas de España (UEF España) 

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