Inmaculada Sánchez
Este fin de semana Alberto Núñez Feijóo vivirá otro de sus grandes momentos desde que preside el PP. Será reelegido por práctica unanimidad líder del partido en el congreso extraordinario convocado al efecto y reafirmará su condición de futuro inquilino de La Moncloa, aunque su llegada siga posponiéndose sin fin, pese a que el PSOE viva estos días la peor de sus pesadillas. Designará un equipo más fiel, sorteará con una de cal y otra de arena a los críticos y se envalentonará una vez más al ritmo de los más bravucones contra Sánchez. Otra vez parece tener a mano la presidencia del Gobierno pero, por el momento, ni el presidente está dispuesto a retirarse, ni sus socios, por muy enfadados que estén, van a abrirle la puerta de Moncloa a un PP aliado con Vox.
Coincidencia de los acelerados tiempos que vivimos: Feijóo tendrá que compartir el protagonismo de su nueva entronización con el doloroso comité federal socialista al que Pedro Sánchez se enfrenta también este fin de semana. Horas bajas para Sánchez y gloriosas para Feijóo, aunque no se traduzcan en cambio de cargo ni despacho para ninguno de los dos. En Génova, pese a todo, sostienen que el deseado triunfo sobre el sanchismo se acerca y solo hay que cerrar filas con Feijóo, a quien la historia le está arrebatando el puesto al que venía destinado.
Si el gallego adelantó el congreso para sacudirse presiones internas, convocar en torno a su liderazgo y recolocar las piezas de su equipo, el estallido del caso Cerdán le ha puesto en bandeja un festín de aplausos de los suyos. Hasta la siempre amenazante Díaz Ayuso ha retirado su prevista enmienda contra el sistema de primarias propuesto por Génova. La presidenta madrileña había manifestado su intención de dar la batalla por ‘un militante, un voto’, método que le viene como anillo al dedo a liderazgos tan populistas como el suyo, frente a la doble ronda, entre afiliados y compromisarios, que ha reformado el equipo de Feijóo para que el aparato mantenga un margen de control sobre las elecciones internas.
El terremoto que sacude al Gobierno y al PSOE, con el ingreso en prisión de su hasta hace apenas dos semanas secretario de Organización como inesperada sacudida reciente, ha aconsejado a la lideresa madrileña posponer enfrentamientos internos, aunque nadie descarta que su voz se deje oír más alta que otras en el cónclave del fin de semana para señalar el camino correcto a la actual Génova.
Feijóo acaba de confirmar el relevo en su equipo más cercano, con Miguel Tellado como nuevo secretario general, y Esther Muñoz, como portavoz en el Congreso. Perfiles duros y agresivos para el otoño que se prepara como una nueva oportunidad para intentar tumbar al Gobierno, y soñar que caiga, una posibilidad que sigue dependiendo más de Sánchez y la relación con sus socios, que del Partido Popular
La anunciada ronda de contactos con los aliados gubernamentales, encargada por Feijóo a su próximo número dos, el lenguaraz Tellado, concluyó apenas anunciada. Las conversaciones telefónicas para conocer si “seguían todavía apoyando al actual Gobierno” tras el ingreso en prisión de Santos Cerdán se han saldado con las conocidas negativas de todos que tanto alimenta el PP con sus desprecios a nacionalistas vascos y catalanes cada vez que se tercia.
Nada nuevo en el horizonte de las relaciones del PP con quienes podían ser sus aliados naturales tanto para una hipotética moción de censura como para el apoyo parlamentario de un futuro gobierno. Sin embargo, todo ha cambiado desde que el hasta hace nada número tres socialista pasara su primera noche en la misma prisión en la que cumplió condena Luis Barcenas, el epicentro de la Gürtel, cuya sentencia llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa.
Sánchez debe ofrecer algo más que anuncios manidos en el comité federal de este sábado. Todo el PSOE, todos sus socios y todos sus votantes están expectantes como nunca. A él, que fue quien puso toda la confianza, primero en Ábalos y luego en Cerdán, corresponde sacar al Gobierno y al partido de semejante agujero.
Es la enorme diferencia, entre otras muchas, que distinguen al presidente del Gobierno y al líder de la oposición. Sánchez tiene todavía en su mano reconducir la legislatura, la relación con sus socios y cumplir el mandato si decide no dimitir, o elegir la fecha de las elecciones. Feijóo, por el contrario, por mucho que repita aquello de que no es presidente “porque no quiso”, vuelve a tener la miel en los labios pero no los instrumentos para comérsela. Al menos hasta que la investigación judicial no involucre al PSOE como beneficiario de la trama corrupta.

