Carlos Berzosa
El gobierno de coalición no cabe duda de que ha llevado a cabo medidas económicas y sociales de gran calado que han permitido que la economía española haya crecido a un buen ritmo, la tasa de incremento del PIB más alta de la Unión Europea, lo que ha servido para que se haya alcanzado un máximo histórico de población empleada, al tiempo que mejoraban las condiciones de trabajo. Estos logros económicos se han visto ensombrecidos por el precio de la vivienda y la inflación Las causas del alza de los precios han venido determinadas por los acontecimientos exteriores, como las guerras de Ucrania e Irán. Aún así la inflación se ha contenido dentro de lo posible en un contexto geopolítico de tensiones y guerra.
Así que lo logros de la economía española tienen más mérito en un panorama caracterizado por las diversas crisis. ¿Cuáles han sido las razones para que esto haya sido así? Las explicaciones hay que buscarlas en los diferentes factores que han contribuido a ello, pero también en la política económica puesta en marcha. Voy a centrarme en primer lugar en esto último y para ello lo mejor es acudir al libro de Nadia Calviño Dos mil días en el gobierno (Plaza Janés, 2025), pues no hay nada mejor que acudir a la fuente de la principal responsable de la política económica entre 2018 y 2023. La razón fundamental para comenzar por la política económica realizada responde a la necesidad de conocer el marco dentro del cual se ha asentado la actividad económica. El libro además resulta muy interesante.
Lo primero que hay que resaltar es cómo se encontró la situación a su llegada al ministerio, pues lo que le sorprendió en este aterrizaje fue la fuerte inercia y el vacío en el liderazgo de la política económica del país. Se llevaban seis años con una aproximación ultraliberal centrada únicamente en la restructuración del sector bancario y en la superación de la crisis financiera y de deuda, y por lo demás basada en la desregulación y confianza ciega en el mercado.
Hace una crítica a la política fiscal, debido a que no se había aprovechado el crecimiento para bajar la ratio de deuda pública lo más rápido posible, a pesar de las recomendaciones de las instituciones europeas e internacionales. Lo único que se les ocurrió fue bajar los impuestos, en cuanto se estabilizó la economía y empezó a crecer desde 2014. Es muy crítica con esa bajada de los impuestos, pues supuso una merma de los ingresos para financiar los servicios públicos. De manera que, el reequilibrio del déficit público y del sector exterior se había basado en una ” devaluación interna”; en otras palabras, una caída de los niveles de vida y de inversión del país con gran coste económico y social.
Como consecuencia de este intenso ajuste, España arrastraba grandes carencias de inversión, con gran descapitalización del país en términos de innovación y ciencia, infraestructuras físicas y sociales, visible en el deterioro y empobrecimiento de los centros de investigación, los hospitales, las escuelas y las universidades de buena parte del territorio. La desigualdad y precariedad eran resultado de este mal hacer. Extrae como conclusión, que España llevaba años sin rumbo claro ni una agenda positiva en la política económica. La crítica incluso va más allá de estas consideraciones, pero en las que no voy a entra aquí.
De modo que hacía falta utilizar un nuevo paradigma de análisis y establecer bases diferentes en la toma de decisiones. Había que dejar atrás las recetas en las que estaban anclados muchos analistas y medios de comunicación, tras años de letanía, que equiparaban la gestión responsable de lo público con los “recortes” y “ajustes” y solo atendían a un interés dominante: la bajada de impuestos. Ese nuevo paradigma se concretaba en una agenda de política económica basada en tres principios- responsabilidad fiscal, justicia social y reformas estructurales-. Había que conjugar crecimiento y distribución de la renta poniendo en valor la rentabilidad de las inversiones en infraestructuras sociales y luchando contra la desigualdad y la pobreza infantil. También tenía claro tanto ella como su equipo, cuáles eran las principales palancas para la modernización del país: la investigación y la ciencia, la innovación tecnológica, el progreso digital, la transición energética y el impulso del capital humano.
Por fin, la política económica ha tenido claros unos objetivos, que han dado sus frutos con los buenos resultados económicos. Pero a su vez, añado, ha desempeñado un papel decisivo el Ministerio de Trabajo, con la puesta en marcha de los ERTES en pleno confinamiento, que evitaron el derrumbamiento de la actividad productiva y un paro desorbitado. Una de las claves para la recuperación tras el confinamiento han sido los ERTES. así como las subidas progresivas del salario mínimo y la reforma laboral. Unas medidas que han roto con la ortodoxia del Banco de España que anunciaba que las subidas del salario mínimo traerían más paro. No solo no ha sido así, sino que ha resultado todo lo contrario.
Calviño narra la situación cuando deja el gobierno en diciembre de 2023 para incorporarse como presidenta del Banco Europeo de Inversiones:” La economía española crecía con fuerza. El mercado de trabajo marcaba récords históricos de actividad y empleo, con una importante mejora de la estabilidad y salarios crecientes. la inflación se situaba en el entorno del 3 por ciento. El consumo y la actividad productiva se mantenían fuertes, a pesar de la rápida subida de los tipos de interés, y el sector exterior presentaba un notable superávit de la balanza de pagos, con un peso creciente de los servicios no turísticos de mayor contenido tecnológico y valor añadido.
Los principales factores que han contribuido a este crecimiento han sido el tirón de la demanda interna (el consumo de los hogares y el gasto público), el auge histórico del sector servicios, el dinamismo del turismo principalmente, así como la inyección de fondos europeos Next Generation, y la llegada de flujos migratorios, que amplían la fuerza laboral y el consumo. El sector servicios representa el 74% del PIB. El turismo, por tanto, sigue siendo un motor relevante del crecimiento. A su vez el tirón de la demanda es el resultado de las mejoras salariales y de la buena salud financiera del que gozan los hogares, pues a nivel agregado el nivel de deuda se sitúa en el 45% del PIB, bastante bajo si se le compara con el 81% del PIB en 2012. De modo que esto explica el alza del consumo y del ahorro. Se entra de este modo en un circulo virtuoso del crecimiento, pues una mayor demanda genera más empleo e inversiones, y esto a su vez hace crecer la demanda.
Estas son las fortalezas, que son muy importantes, debido a que ha habido una mejora del bienestar de gran cantidad de hogares, pero hay debilidades que provocan que el buen comportamiento de la macroeconomía no se traslade siempre a la microeconomía, sobre todo a los hogares de baja renta y de media baja. El problema principal es el de la vivienda con precios desorbitados tanto en venta como en alquiler, que afecta a las gentes con menores ingresos y a los jóvenes. La desigualdad, aunque haya disminuido sigue siendo elevada, y esto afecta desigualmente tanto por el precio de la vivienda como la subida de los precios de los alimentos. Sigue habiendo un elevado sector de la población en exclusión social o en peligro de caer en la marginación. Estos problemas, desde luego no solo no los van a resolver el PP y Vox, si ganan las próximas elecciones generales, sino que los empeorarán. Se volverá además a la situación anterior a 2018 que denunciaba Calviño con gran acierto. En fin, que estamos ante un posible desastre no solo de gran retroceso en derechos, y en la propia democracia, sino en términos económicos y sociales.

