Es muy interesante como recopilación de las críticas que se han dedicado a esta institución que ahora, después de haber tenido una influencia de primer orden durante el franquismo y de haberla ejercido en numerosos países, se encuentra en capa caída, vigilada y perdiendo privilegios del Vaticano por decisión del papa Francisco.
José García Abad
A finales de 2017 vino a verme Gareth Gore, un periodista económico irlandés, quien me dijo que estaba escribiendo un libro, que se publicaría en inglés pensando mayormente en el inmenso mercado norteamericano, que versaría sobre Luis Valls Taberner, quien fuera presidente del Banco Popular una entidad que se hundió en junio de 2017. Le interesaba mi opinión tras leer mi libro, recientemente aparecido entonces: “Cómo se hundió el Banco Popular” publicado por “Ediciones El Siglo”. Diciembre de 2017.
Yo le mostré mi extrañeza de que Valls Taberner, fallecido en febrero de 2016, despertara interés en el mercado estadounidense. Gore me dio sus razones que me parecieron poco convincentes y yo le proporcioné los datos que me requería y algunas fuentes que podrían serle útiles. Ahora, cuando este año se publicó en ingles su libro bajo el título: “Opus. The culto f Dark Money, Human Trafficking, and Right-Wing Conspiracy inside the Catholic Church”, traducido en español por Planeta simplemente con la palabra OPUS en la portada y tres reclamos: Ingeniería financiera, Manipulación de personas; el auge de la extrema derecha en el seno de la Iglesia Católica”.
Gore había transformado su proyecto inicial sobre Luis Valls en una fuerte acusación sobre el Opus. Comprendí entonces el interés que generaría el libro en España, Estados Unidos y en los países donde opera la “Obra”, o sea en casi todo el mundo.
Bajo vigilancia del papa Francisco
La verdad es que el libro de Gore, que le ocupó más de un quinquenio de intenso trabajo, hace escasas aportaciones nuevas en un asunto sobre el que se ha escrito mucho, con excepción de lo que pudo colegir escarbando en los archivos del Banco Popular cuando este fue absorbido por el Santander.
Es muy interesante como recopilación de las críticas que se han dedicado a esta institución que ahora, después de haber tenido una influencia de primer orden durante el franquismo y de haberla ejercido en numerosos países, se encuentra en capa caída, vigilada y perdiendo privilegios del Vaticano por decisión del papa Francisco.

Agradezco a Gore sus citas sobre mi libro que se limitaba a narrar el trágico fin de un banco que fue calificado como el más rentable del mundo que se hundió coincidiendo con el deterioro físico de Luis Valls, con quien mantuve una cordial relación desde mi tarea periodística. Fue su párkinson lo que provocó la caída de la entidad.
Una historia de abuso, manipulación y codicia envuelta en el manto de la santidad
Todo el mundo sabía que el Popular era un banco del Opus y que su presidente era numerario de la Obra. Gore acierta al señalar la colaboración del Opus en el franquismo al ocupar durante un largo periodo los puestos claves del régimen pero, en mi opinión exagera su nivel de influencia en el mundo mundial, al menos en los países más potentes, como Estados Unidos, Francia, Alemania, o el Reino Unido
Asegura el autor que los medios de comunicación no hicieron mención de la mayor víctima de todas. “Durante más de sesenta años, – denuncia – un tenebroso grupo de hombres que habían jurado una vida de celibato y autoflagelación controló en secreto el banco y se aprovechó de sus cargos para desviar miles de millones de euros. Esta es la historia jamás contada de cómo esos hombres secuestraron el Banco Popular y lo transformaron en un cajero automático para el Opus Dei, la controvertida institución religiosa a la que pertenecían, transformando ese movimiento religioso minúsculo y secreto en una de las fuerzas más poderosas de la Iglesia católica, financiando la creación de una amplia red de reclutamiento dirigida a niños y adolescentes vulnerables y creando una cabeza de puente en el mundo de la política estadounidense. El Opus Dei se convertiría así en una organización secreta pero fundamental que se ocultaba tras la erosión de los derechos reproductivos y otras libertades civiles”.

Sostiene que su libro es una historia real de abuso, manipulación y codicia envuelta en el manto de la santidad.
Catapultar al Opus Dei a la escena mundial
Asegura Gore que pronto empezó a darse cuenta de que la historia iba mucho más allá de un banco español. Se trataba de una red de regalos ocultos que se había utilizado para catapultar al Opus Dei a la escena mundial. Con el tiempo, los hilos se extenderían hasta el Vaticano, el mundo de la política estadounidense y la repentina desaparición de un hombre cincuenta años antes.
Sostiene que el cuerpo de élite de la obra “cuenta con la ayuda de una red clandestina de fundaciones y empresas, en cuyo núcleo estuvo en su momento el Banco Popular, que canalizan millones de dólares por todo el mundo hacia iniciativas destinadas al reclutamiento y la expansión de la influencia de la Obra en la sociedad. El Opus Dei niega que controle parte alguna de esa red, pero se trata de una ficción legal diseñada para proteger a la organización de cualquier escándalo y eximirla de responsabilidad para con los miles de personas cuyas vidas controla y de las que abusa”.
Este libro, explica, ofrece una panorámica del movimiento, sus técnicas predatorias de reclutamiento, el maltrato psicológico infligido a sus miembros y el control que ejercen sobre su vida cotidiana. Asimismo, explora las prácticas medievales de mortificación corporal que se imponen a los miembros, así como los ritos y rituales diarios -desde duchas frías hasta dormir sobre tablones de madera- que siguen observando en la actualidad. También arroja luz sobre la apresurada canonización del fundador, a pesar de la enorme resistencia de muchos miembros de la Iglesia.
Sin embargo, esta no es solo una historia sobre el pasado. El libro también explora el gran imperio que el Opus Dei controla en la actualidad. En Nueva York, Murray Hill Place se eleva diecisiete plantas desde la esquina de la avenida Lexington con la calle 34.ª. El edificio carece de señalización, y solo tiene una entrada discreta a cada una de las dos calles adyacentes: una para hombres y otra para mujeres, que tienen prohibido mezclarse en el interior. Detrás de las paredes de ese edificio anónimo funciona una máquina de lavado de cerebro bien engrasada.
La esperanza del autor es que ahora que se aproxima el centenario de la organización, se presenta la oportunidad de reevaluar el Opus Dei y demostrar que la Obra es el epicentro de una conspiración real.

