Escrito por • 6:14 pm• Política

Gasto militar y otras malas noticias para la izquierda

Antonio Costa, presidente del Consejo de Gobierno de la Unión Europea

Inmaculada Sánchez

El incremento del gasto militar está convirtiéndose en una responsabilidad difícil de eludir para la Unión Europea tras  los pasos dados por Trump. El ‘no a la guerra’ y el pacifismo y antiimperialismo que siempre han movilizado al electorado de izquierdas se enfrenta a un desafío de dimensiones históricas. Von der Leyen acaba de presentar un plan de rearme para la UE que movilizaría 800.000 millones de euros en diez años pero ha de ser el impulso político, y económico, de cada gobierno el que decida hasta qué punto incorpora a su país a esta renovada carrera armamentista. Pedro Sánchez, que acaba de cruzar una nueva línea roja con el acuerdo sobre inmigración con Junts, tiene ante sí, para variar, otro difícil escollo que salvar con sus socios. 

Este jueves, día 6, los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión tienen una reunión crucial en Bruselas. Convocados por el presidente del Consejo, Antonio Costa, y con la previsible presencia de Vodolomir Zelenski al que se ha cursado invitación, los líderes europeos han de debatir y tomar decisiones concretas sobre el apoyo a Ucrania manifestado en la reciente cumbre de Londres y sobre la defensa del continente.

Costa es explícito en el objetivo de la convocatoria: “Con vistas a adoptar las primeras decisiones a corto plazo, con el fin de lograr una Europa más soberana y capaz y que esté mejor equipada para abordar los desafíos inmediatos y futuros para su seguridad”, explica en su carta a los mandatarios. También da por sentado en el siguiente párrafo de la cita lo que, en anteriores reuniones informales, ya han confirmado: “La UE y sus Estados miembros están dispuestos a asumir una mayor responsabilidad respecto a la seguridad de Europa”.

El toque de corneta llega en la misma semana en que la economía española vuelve a mostrar signos de su actual fortaleza. El empleo en el mes de febrero ha registrado sus mejores datos desde 2007: la cifra de desempleados cae a 2,5 millones de personas y la de cotizantes alcanza los 21,2 millones. La actividad y el consumo continúan tirando del PIB y de la recaudación pública mientras el anunciado pacto con los de Puigdemont sobre la gestión de inmigrantes en Cataluña apunta a que el acuerdo sobre los Presupuestos podría ser posible. Pero en esto llegó Trump.

La sucesión de demostraciones de fuerza del presidente de los Estados Unidos, con el vergonzoso espectáculo de la humillación pública a Zelenski en el Despacho Oval y la posterior claudicación del presidente ucraniano lamentando la discusión y mostrándose dispuesto a “trabajar bajo el fuerte liderazgo de Trump” no deja lugar a dudas sobre el vuelco del mapa geopolítico en el que la UE asentaba su seguridad.

El talonario de pagos de Moncloa para mantener viva la legislatura no es ilimitado y un complejo debate sobre un serio incremento en el gasto de defensa o una posible participación de tropas españolas en una hipotética fuerza de paz en Ucrania metería presión al apoyo de los socios a la izquierda hasta ahora más fieles, como EH Bildu, y tensaría aún más el de los más rebeldes, como ERC o Podemos.

Alberto Núñez Feijóo, que bracea como puede en el mar de incongruencias y vergonzosas mentiras al que cada semana le arrastra Carlos Mazón, ya ha hincado el diente en este nuevo obstáculo para Sánchez exigiendo concreción y liderazgo en momentos tan decisivos para Europa. Hasta ahora, la voz de Moncloa se ha erigido como la del bastión progresista desde el que combatir el trumpismo y el avance global de la ultraderecha, un papel reconfortante tanto para sus votantes como para sus aliados parlamentarios. Pero está por ver si la respuesta al ambiente prebélico que respiramos concita los mismos entusiasmos.

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