Escrito por 12:31 pm Economía

Imaz, CEO de Repsol, de bocazas hispano a bocazas mundial

Por José Sanuy 

21 enero 2024

A finales de octubre del pasado año PSOE y Sumar llegaron al acuerdo de que si lograban formar gobierno coaligado mantendrían el impuesto sobre los resultados excepcionales de la banca y las energéticas, vigente para 2023 y 2024. El gobierno ya constituido, lo mantuvo aunque otorgando en los Presupuestos incentivos a la reinversión.

El CEO de Repsol Josu Jon Imaz amenazó entonces con retirar inversiones en España, un chantaje intolerable ante el gobierno del país, una grosera arrogancia antidemocrática. Su amenaza, siempre imprudente, de bocazas, traicionaba la historia de una compañía que fue una de las joyas de la corona desde su origen público como Instituto Nacional de Hidrocarburos. Con la chulería mostrada por sus dirigentes queda patente el error de desvincular plenamente la empresa del Estado como ocurrió con Telefónica, un error que ahora el Gobierno rectificará al quedarse con un 10 % de la compañía.

La imprudencia de Imaz, el bocazas de entonces, de ámbito nacional, se ha elevado en lo universal en el foro mundial de Davos a bocazas universal al situarse en el batallón interesado de los negacionistas  del cambio climático.

Imaz le merece a Teresa Ribera un respeto menguante 

La primera consecuencia ha sido la caída mundial de la reputación de la primera petrolera de España y una de las más potentes del mundo, así como, en el ámbito interno,  la reacción de Teresa Ribera, vicepresidenta tercera del gobierno español y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Ribera ha situado en La Sexta el “gran respeto” que sentía por Imaz como cosa del pasado y  “crecientemente decepcionante”, por su mensaje “populista” sobre la transición energética. Sostuvo Imaz que la manera de abordar la descarbonización desde Europa estaba basada en “una aproximación ideológica” e insistió en la necesidad de “repensar” la política en materia energética.

Opina Ribera que “si hay algo que está claro es la incidencia de los hidrocarburos y de la quema de combustibles fósiles” en la seguridad climática, así como en “la calidad de nuestra vida o en los fenómenos meteorológicos extremos, que representan la pérdida de miles de vidas y miles de millones al año en todo el mundo”. 

Acusó a Imaz de cuestionar de “una manera mucho más sutil, demagógica y populista” el hecho de que se activen políticas contra el cambio climático, sabiendo que “evidentemente en ese proceso de transformación las cosas no cambian de un día para el otro”.

“Ojalá – añadió – pudiera ser mucho más rápido, mucho más ágil, pero somos economías adictas a las costumbres fósiles y romper esa adicción, como ocurre con otras muchas adicciones, debe de ser paulatino. Ha de ser aprovechando los procesos de cambio que nos permitan generar oportunidades, pero garantizando la seguridad de las personas también en el suministro energético, porque la energía no es un fin en sí mismo, es el bienestar en nuestros hogares”. 

Discurso interesado

Calificó el discurso de Imaz de “interesado” pues “aunque él personalmente sabe que se necesitan las políticas de lucha contra el cambio climático, es una manera clásica de negacionismo y retardismo, cosa, como digo, que nunca hubiera esperado de un señor como es Josu Jon Imaz”, que hace un uso perverso de la información”.

Imaz apostó en Davos por “una visión comprensiva e inclusiva de la transición” advirtiendo que los trabajos industriales se encuentran en peligro y amenazó sutilmente en cerrarlas. Dijo que Repsol “puede pensar con estos mensajes en, cómo se está planteando la descarbonización, que ya no son necesarias y cerrar, con la consecuente destrucción de empleo o generación de menos y de peor calidad”.

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