Inmaculada Sánchez
Podemos y Sumar acaban de celebrar sus respectivos cónclaves asamblearios mirándose de reojo. Los morados han sorprendido lanzando ya a Irene Montero como su irrenunciable candidata a las elecciones generales mientras los de Yolanda Díaz han confiado la organización a una bicefalia orgánica pero manteniendo a la ministra de Trabajo como líder y guía. El CIS conocido esta semana confirma que el PSOE aguanta frente al PP pero, también, que la segunda pata del Gobierno de coalición sigue en suave caída. La coordinación a la izquierda de los socialistas es más que una urgencia, una necesidad. Todos hablan de unidad pero los vetos y las inquinas todavía mandan en unas relaciones en las que la veterana Izquierda Unida de Antonio Maíllo podría jugar su papel.
Las izquierdas que no suman, sólo restan. Así titulaba mi crónica semanal en Ojoavizor hace casi un año, cuando Sumar se estrellaba en las elecciones europeas y Yolanda Díaz renunciaba a su cargo en la organización, sin abandonar su liderazgo ni el Gobierno. Desde entonces, los sondeos han venido confirmando un lento declive electoral para el proyecto de la ministra que un anunciado y supuesto rearme orgánico e ideológico no ha logrado revertir todavía.
Por su parte, el arrinconado Podemos conseguía en junio pasado erigir a Irene Montero como su bastión de resistencia al lograr dos escaños en la eurocámara y no ha tardado en colocarla al frente de su liderato nacional: Ione Belarra la anunciaba este pasado fin de semana como su cabeza de cartel para las próximas generales, mientras ella continúa dirigiendo la organización desde la secretaría general. Montero fue, precisamente, el nombre vetado desde Sumar para ir en sus últimas listas electorales y con este anuncio los morados han hecho toda una proclamación de intenciones de cara a posibles negociaciones futuras con los de Díaz.
El barómetro del CIS de esta semana les ha dado nuevos motivos. La distancia electoral entre Sumar y Podemos vuelve a reducirse. Díaz y los suyos caen nada menos que un 1,4 porcentual situando sus expectativas en un 6,2 por ciento de electores. Los morados, por su parte, anotan un par de décimas más y consiguen un meritorio 4 por ciento. Es más, el CIS señala una transferencia de votos de Sumar a Podemos que sitúa en un 26 por ciento, la cifra más alta desde que se produjo la ruptura de ambos en el grupo parlamentario del Congreso.
La cruenta división en este espacio, fundado en su día por Pablo Iglesias y un grupo de profesores universitarios impelidos por el bullir del 15-M, ha pasado una notable factura. La base electoral conjunta de ambas fuerzas en las elecciones de 2023 ha bajado ya un 2,13, según el citado barómetro del CIS. Si añadimos el coste de la división en candidaturas separadas, el reparto en escaños resultaría dramático: Sumar rebajaría sus actuales 27 diputados a 8 y Podemos se quedaría con uno sólo frente a los cuatro que hoy tiene.
No veo necesario citar muchas más datos. Las izquierdas de este país tienen acreditada experiencia en pagar altos precios por su histórica tensión entre coherencia y flexibilidad. Belarra pedía a Montero liderar una candidatura que no sea sólo de Podemos” y que “tienda la mano” a otras organizaciones. Lara Hernández y Carlos Martín, los dos nuevos coordinadores generales de Sumar, apuntaron claramente a Yolanda Díaz como su referente ideológico y electoral en su reciente asamblea mientras aprobaban un texto que llamaba a la unidad: “El conjunto de fuerzas que fuimos capaces de construir la coalición estamos llamadas al entendimiento. Dicho entendimiento debe darse sin a priori, respetando la pluralidad de identidades y garantizando la autonomía política como base para la construcción de acuerdos” , señala una de sus resoluciones. Bonitas frases.
Entre Yolanda e Irene, e Irene y Yolanda, hay más actores. El nuevo coordinador general de Izquierda Unida, el veterano Antonio Maíllo, se ha deshecho en mensajes que apelan a la unidad desde que asumió el cargo, reclamando el papel de IU como protagonista para crear lo que denominó un “frente amplio de izquierdas” que supere “hiperliderazgos pasados”. Aún puede haber tiempo si la legislatura se mantiene. Una primera prueba serán las elecciones andaluzas previstas para el año que viene y para las que Maíllo ya trabaja en esa hipotética unidad. Habrá que verlo.

