Escrito por • 11:25 am• Casa Real

Juan Carlos I pretende mejorar su imagen pleiteando con basura ante el silencio de la  casa  real

José García Abad

Las querellas presentadas recientemente por el rey Juan Carlos contra Miguel Ángel Revilla, expresidente de Cantabria y contra  su exnovia Corinna Larsen, un hecho insólito ante las toneladas de informaciones realizadas por prensa, radio y televisión sobre sus chanchullos, como insólito es que la Casa Real, de la que sigue formando parte el real querellante, reconocido tras su abdicación como rey honorario,  pudieran ser el inicio de una campaña para mejorar su imagen, como si ello fuera posible, que culminaría con la publicación de sus memorias que lleva algún tiempo escribiendo Laurence Debray, cuya publicación está prevista para después del verano.

Total, ¿qué ha dicho Revilla que no se sepa? que Juan Carlos es un “apátrida fiscal del país del que ha sido jefe de estado”, o que “tiene una pasta gansa fuera”. Se comprende que el expresidente de Cantabria mostrara su “rabia” porque “un inviolable denuncie a un ciudadano de a pie”, lo que califica de ” injusto y mezquino” y se pregunta: “¿Por qué no el CNI?”, “¿por qué no se ha querellado contra Barbara Rey que ha dicho cosas terribles”

La querella contra Corinna Lassen la ha interpuesto Juan Carlos aprovechando que la corte británica haya desestimado la que planteara contra él la alemana que pedía una indemnización por los sufrimientos que el monarca le generara. En definitiva, lo que Corinna pretendía era quedarse con el dinero que el monarca le había confiado procedente de comisiones para el AVE del desierto para que se lo guardara cuando este reclamaba su devolución.

Entre pillos anda el juego

Ambos, Juan Carlos y Corinna, tanto monta monta tanto, compiten en caradura y en sus respectivas capacidades para arrojarse ingentes cantidades de olorosa basura en un morboso culebrón que ofrece el incentivo de una bragueta real. 

La truculenta historia se resume así: Juan Carlos “aparca” los pecadores  dineros recibidos del rey de Arabia, 65 millones de euros,  en las insaciables manos de la aventurera alemana, pero cuando aquel ha encontrado una formula para recuperarlo la amante, desamorada, le dice que de eso nada y para que ella no aparezca delictiva se le ocurre ampararse en lo mucho que sufrió amparándose en la figura jurídica lo de daños y perjuicios cuya cuantía es todo lo flácida que se pretenda. Entre pillos anda el juego.

Pudimos ver los excesos de la lengua viperina de la aventurera quien contrató los servicios de una empresa de comunicación podcasts, Project Brazen,impulsada por los periodistas Bradley Hope y Tom Wright que elaboraron un programa de podcast bajo el título “Corinna y el Rey” donde la primera larga contra el segundo sin piedad, en espera de que Juan Carlos se rinda y le dé el dinero que le pide. 

En uno de estos podcast Corinna trata de cambiar la imagen que la gente tiene sobre ella como aventurera sin escrúpulos.  “Cuando la gente define aquello como un affaire y a mí me presentan como una querida, – nos cuenta – no es que sea peyorativo, es que simplemente no refleja la profundidad y amplitud de esta relación. Nunca me sentí tan casada antes [hubo dos matrimonios anteriores] como me sentí con el Rey de España. En mi corazón, él era mi marido”.

En otro episodio del culebrón, la alemana relata la abrupta e inesperada manera en que su relación de “casada” llegó a su fincuando ella más hundida estaba y, seguramente, menos se lo esperaba. Y es que, tras ocho meses acompañando a su padre que estaba en la fase final del cáncer que acabaría con su vida, Larsen volvió al lado del Rey Emérito esperando encontrar en él el consuelo y el apoyo suficiente para superar tan terrible pérdida. Y, se queja, se encontró justo lo contrario.

En otro capítulo denominado ‘Matar a Dumbo’, que estuvo centrado en el safari a Botsuana en el año 2012, Corinna recuerda que “El alcohol le había nublado la memoria al emérito y no se acordaba de nada”.

Y trata de exhibir moralidad respecto a que ella aceptara convivir con un casado. “No tengo ningún problema moral con eso, – explicó – porque son dos adultos con pleno consentimiento, que básicamente se pusieron de acuerdo en casarse con un propósito determinado, y los dos obtuvieron de ese matrimonio lo que fuera que buscaban.   Pero otra cosa es pasar a formar parte de una estructura parecida a un harén, algo en lo que no estaba interesada ni de lejos”. Cuenta que Juan Carlos le llamaba al menos diez veces al día; enviaba flores y cartas; cientos de cartas, que expresaban sus emociones de una manera muy profunda. No eran cartas cargadas de tópicos y estereotipos. Eran muy sinceras, todas escritas a mano. Me decía lo mucho que me echaba de menos. Me dio claramente la impresión de que echaba en falta a una persona con la que pudiera hablar de todo. 

“Había cosas – asegura Larsen – que a mí me resultaban muy poco habituales, hasta el punto de que yo me refería a todo eso como ‘la corte de los milagros´. Llamaba, por ejemplo, al propietario de algún chateaux de vino de Burdeos y le decía lo mucho que le gustaba su vino y que si podía enviarle más. Y de repente aparecían 20 cajas de este vino carísimo. Sus deseos eran las órdenes para los demás. Y la gente hacía lo imposible por agradarle (…) “Lo observaba regresar de algunos viajes y parecía tan feliz como un niño de cinco años. Volvía con bolsas llenas de dinero, y yo le preguntaba: ‘Por Dios, ¿qué es eso?’, ‘Oh, me lo ha dado tal amigo, o este otro amigo’, me respondía. 

No atendió amistosos consejos

Juan Carlos ha hecho caso omiso a quienes le aconsejaron que no procediera a esta fea batalla judicial que no contribuiría a mejorar su imagen sino todo lo contrario, deteriorada mayormente por el embolsamiento de un dinero infamante.

El silencio de la Casa Real contraría los honores recibidos por Don Juan Carlos en el documento sobre la abdicación de 2014 donde se le reconoce como rey honorario. En este documento  se rectificó el Real Decreto del 6 de noviembre de 1987 sobre “Régimen de títulos, tratamientos y honores de la Familia Real y de los regentes”, añadiendo una disposición transitoria que dice: “Don Juan Carlos de Borbón, padre del Rey Don Felipe VI, continuará vitaliciamente en el uso con carácter honorífico del título de Rey, con tratamiento de Majestad y honores análogos a los establecidos para el Heredero de la Corona, Príncipe o Princesa de Asturias, en el Real Decreto 684/2010, de 20 de mayo, por el que se aprueba el Reglamento de Honores Militares”.

Se añade que “el orden de precedencia de los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía en el Ordenamiento General de Precedencias del Estado, será el inmediatamente posterior a los descendientes del Rey Don Felipe VI”; y que ambos permanecen como miembros de la Familia Real. 

El Real Decreto citado justifica “el otorgamiento de un tratamiento singular al Rey que, voluntariamente, pone fin a su reinado y a la Reina Consorte, además de continuar la senda de precedentes históricos y de la costumbre en otras monarquías, no es sino la forma de plasmar la gratitud por décadas de servicio a España y a los españoles”.

Algo había que pagar para que el rey se marchara en un momento de desolación personal por la ruptura con quien a punto estuvo de hacerla reina de España.

No pretendemos que se elimine la gratitud por los méritos merecidos del monarca que facilitó la transición pacífica de la dictadura a la democracia, pero habría que añadir una reprobación de su evasión fiscal rechazando a la agencia tributaria española y acogiéndose a la del emirato.  Una evasión que choca con la regla básica, solidaria, de la democracia, imprescindible para una convivencia justa.

Como señalaba Eduardo Álvarez en El Mundo, el periódico que adelantó la noticia del traslado de sus cuentas fue “una decisión que abre preguntas en cuestiones tan sensibles como la de su herencia, pues en 2015 entró en vigor un Reglamento Europeo de Sucesiones por el que lanacionalidad del difunto dejó paso al lugar de residencia habitual, como principal criterio para determinar la ley aplicable en todo lo relacionado con las sucesiones mortis causa”.

Quien roba a quien 

“Tengo la sensación de que me están robando mi historia”, alega Juan Carlos I para justificar la publicación de su autobiografía que lleva escribiendo Laurence Debray desde hace un par de años. 

Se da la circunstancia de que el dinero que obtenga el rey honorario con este libro titulado “Reconciliación” será ingresado en una fundación inscrita en Abu Dabi, y por tanto sin efectivo control fiscal, destinada como herencia a sus hijas las infantas Elena y Cristina. 

Hay que recordar que no está incluido su hijo, el rey, que renunció a ello al considerar que estos dineros tenían sucios orígenes.  O sea que quien roba a los españoles es Juan Carlos a quien se atribuye una fortuna de 5.000 millones de euros. 

Añade en su justificación algo que merece matización pues muestra su cinismo cuando para justificar el libro afirma: “Mi padre [Juan de Borbón, conde de Barcelona] siempre me aconsejó no escribir memorias. Los reyes no se confiesan. Menos aún en público. Sus secretos quedan enterrados en las sombras de los palacios. ¿Por qué desobedecerle hoy? ¿Por qué finalmente he cambiado de opinión? Tengo la sensación de que me están robando mi historia.”

Laurence Debray, una mujer de la gauche divine

Juan Carlos ha elegido astutamente a quien le escribe sus memorias: Laurence Debray, una mujer de la gauche divine que se ha confesado en su libro como “hija de revolucionarios”, publicado por Anagrama; hija de Jules Régis Debray  y de la antropóloga venezolana Elizabeth Burgos, y casada con , el intelectual Jean-Jacques Servan-Schreiber.

Su padre, militante del Partido Socialista francés, amigo de Fidel Castro y Che Guevara, con quien participó en la guerrilla para extender la revolución a Bolivia; hecho prisionero fue condenado a 30 años de prisión en 1967 y amnistiado en 1970. 

Laurence es la biógrafa oficial y confidente de Juan Carlos al que ha dedicado la mayor parte de su obra: el documental Yo, Juan Carlos I, Rey de España y los libros:  Juan Carlos de España, Mi rey caído, Juan Carlos de España, y La forja  de un rey: Juan Carlos I, de sucesor de Franco a rey de España (política exterior y democratización interior).

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