Escrito por • 8:03 pm• Casa Real

Juan Carlos ¿quién roba a quién?

José García Abad

“Tengo la sensación de que me están robando mi historia”, alega Juan Carlos I para justificar la publicación de su autobiografía que lleva escribiendo Laurence Debray desde hace un par de años. 

Se da la circunstancia de que el dinero que obtenga el rey honorario con este libro titulado “Reconciliación” será ingresado en una fundación inscrita en Abu Dabi, y por tanto sin efectivo control fiscal, destinada como herencia a sus hijas las infantas Elena y Cristina. Hay que recordar que no está incluido su hijo, el rey, que renunció a ello al considerar que estos dineros tenían sucios orígenes.  

De esta operación la Hacienda española no percibirá ni un euro, ­­o sea que quien roba a los españoles es Juan Carlos, a quien se atribuye una fortuna de 5.000 millones de euros. 

Añade en su justificación algo que merece matización pues muestra su cinismo cuando para justificar el libro afirma: “Mi padre [Juan de Borbón, conde de Barcelona] siempre me aconsejó no escribir memorias. Los reyes no se confiesan. Menos aún en público. Sus secretos quedan enterrados en las sombras de los palacios. ¿Por qué desobedecerle hoy? ¿Por qué finalmente he cambiado de opinión? Tengo la sensación de que me están robando mi historia.”

¿Nos va a contar los hechos de su reinado tal como fueron o va a arreglarlos a su gusto? ¿Nos va a robar información veraz? Veremos.

Sabino: “Los Reyes no hacen memorias”. Juan Carlos: “Si no las hago, Marta me deja”

Este comportamiento del ex monarca no es nuevo.No solo Juan Carlos desobedeció a su padre, sino que también hizo caso omiso de la petición que le hiciera el jefe de la Casa Real, a la sazón Sabino Fernández Campo, para que no aceptara publicar una especie de memorias para el libro que publicó José Luis de Vilallonga. Sabino le dijo que era imprudente, que los reyes no hacen memorias pues siempre hay alguien que se siente preterido u olvidado. El rey contestó:” Si, Sabino, tienes razón, pero me lo ha pedido Marta. Oye es que si no lo hago me deja”. Hizo más caso a la amante que a su padre o a su consejero.

Las memorias se publicaron bajo el título: “El Rey” y el subtítulo: “Conversaciones con D. Juan Carlos I de España”, editado por Plaza & Janés en 1993.  En estas conversaciones el rey tenía que manifestarse sobre dolorosos acontecimientos recientes y personajes todavía vivos; el 23 F, por ejemplo, era un campo del que todavía no se habían retirado todas las minas. 

Ciertas manifestaciones del Rey sobre alguno de sus protagonistas contrastaban con los hechos sentenciados por el tribunal que los juzgó. Sin embargo, Vilallonga, un aristócrata muy peculiar, había hecho méritos muy apreciables con Marta Gayá:  facilitaba en su casa de Mallorca los encuentros de Juan Carlos con su amante y organizaba actos sociales en los que a ella le gustaba aparecer junto al monarca. 

En esta ocasión, como en la del cese de Puig de la Bellacasa, la decoradora se puso brava y el Monarca tuvo que acceder a los requerimientos de este curioso aristócrata, escritor, periodista y actor, feroz con su propio gremio y que decía votar al Partido Socialista.

Manglano: “El rey está mal. Dedicado completamente a M [Marta Gayá] y con sus amigos golfos”

Emilio Alonso Manglano, a la sazón jefe del CESID, el centro de espionaje antecedente del CNI, apunta lo que le confía Puig de la Bellacasa en un almuerzo al regreso de este de Mallorca: la recepción por parte de Manolo Prado de una comisión de 800 millones y que el rey tiene 5.000 millones en Suiza. 

Como resultado de otro almuerzo Manglano anota el 6 de septiembre de 1990: “El rey está mal. Dedicado completamente a M (Marta Gayá) y con sus amigos golfos. Se desentiende de todo. No hace nada”. En realidad Marta Gayá, la decana en su harén, fue la más discreta y la más barata.

La afición de Don Juan Carlos a las faldas no es un problema de Estado, salvo cuando se convierte en un problema de Estado. La objeción se plantea, claro está, cuando sus aventuras interfieren en sus obligaciones profesionales. O cuando los gastos propios de su bragueta, incluido chantajes como el de Bárbara Rey, son pagados por los contribuyentes.

Laurence Debray, una mujer de la gauche divine

Juan Carlos ha elegido astutamente a quien le escribe sus memorias: Laurence Debray, una mujer de la gauche divine que se ha confesado en su libro como “hija de revolucionarios”, publicado por Anagrama; hija de Jules Régis Debray  y de la antropóloga venezolana Elizabeth Burgos, y casada con el intelectual Jean-Jacques Servan-Schreiber.

Su padre, militante del Partido Socialista francés, amigo de Fidel Castro y Che Guevara, con quien participó en la guerrilla para extender la revolución a Bolivia; hecho prisionero fue condenado a 30 años de prisión en 1967 y amnistiado en 1970. 

Laurence es la biógrafa oficial y confidente de Juan Carlos al que ha dedicado la mayor parte de su obra: el documental Yo, Juan Carlos I, Rey de España y los libros:  Juan Carlos de España, Mi rey caído, Juan Carlos de España, y La forja  de un rey: Juan Carlos I, de sucesor de Franco a rey de España (política exterior y democratización interior).

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