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JUAN MARINÉ: OJO Y MEMORIA VIVA.

Manuel Espín

 A los 104 años de edad fallecía en las pasadas horas Juan Mariné (1920) director de fotografía de más de 150 trabajos en el cine español y restaurador de títulos fílmicos a través de tecnologías que fue creando y aplicando hasta casi sus últimos tiempos. Centenario acudía a la ECAM de Madrid para seguir trabajando en aquello con lo que disfrutaba. Goya de Honor de 2024 no pudo acudir en persona a recoger el premio en Valladolid (lo hizo José Sacristán); pero hasta los tiempos de la pandemia Mariné  iba con frecuencia a toda clase de eventos de cine, a proyecciones y estaba al día en todo pese a su avanzada edad, siempre acompañado por su  inseparable última compañera Concha Figueras, mucho más joven que él y una de las claves de la  lozanía de la que disfrutó hasta edad tan avanzada. 

 Más allá de lo que estos días digan las reseñas biográficas Mariné encarnó el más sorprendente ejemplo de historia viva. Nacido en Barcelona, hijo de un árbitro de fútbol, de niño había tenido problemas de salud y le llevaron a baños de mar, donde descubrió un rudimentario proyector infantil, descubriendo su interés por la imagen animada. Siendo casi un adolescente rueda por vez primera, y cuando estalla la guerra civil trabaja tanto para la CNT como para los servicios de la Generalitat. 

 Mariné ya centenario recordaba con todo detalle las circunstancias del entierro de Durruti cuyas imágenes rodó personalmente en 1937. Movilizado dentro de la llamada ‘quinta del biberón’ tuvo que participar en la batalla del Segre: era capaz de recitar de memoria los nombres y apellidos de sus compañeros, casi todos fallecidos en el frente, de cuyas secuelas le quedó una sordera en un oído tras una explosión y un terrible trauma sobre las consecuencias de una guerra. Después de 1939 tuvo que pasar al otro lado de la frontera, siendo internado en el campo de concentración de Argelés-sur-mer, de donde escapó nadando a través del mar en una fría noche de invierno.

 Por consejo de un panadero decide volver a España. En San Sebastián es detenido y trasladado en penosas condiciones en un barco que hace las funciones de cárcel a Andalucía, donde pasa por diversos campos de concentración. Finalmente su padre tras muchas gestiones relacionadas con su trabajo de árbitro de futbol consigue mucho tiempo después visitarlo. Mariné contaba que el padre al verlo tan delgado y deteriorado le tuvo que preguntar: “¿Eres Juanito?”. 

 Del campo de concentración tuvo que pasar a cumplir el servicio militar, logrando hacerlo en unidades fotográficas en la frontera pirenaica. Al salir quiso trabajar en No-Do pero sus antecedentes políticos se lo impidieron, buscando trabajo en productoras. Contaba que hizo la prueba para una chica llamada María Antonia Abad en Cifesa, futura Sara Montiel. Amigo de Antonio del Amo, también antiguo republicano, logra hacer sus primeros trabajos como director de fotografía.

 No solo contaba lo que del Amo decía cuando pasaban en coche cerca del penal de Ocaña donde había estado internado por ‘rojo’ -“deprisa que no quiero acordarme”- sino que provocaba hilaridad el relato de las circunstancias del rodaje en Huelva de ‘El pescador de coplas’ (1953) cuando los productores dejaron tirado al equipo sin pagar y sin los billetes de tren para volver a Madrid, y tuvieron que poner el platillo en plena calle para conseguir dinero para el equipo, con Tony Leblanc, Marujita Díaz y Antonio Molina, como hoy lo harían unos espontáneos en el Metro.

 Mariné era una fuente permanente de comentarios y anécdotas, dada su privilegiada memoria: se podía hablar de cualquier personaje de los 40, 50 y 60 y siempre contaba temas jugosos. Dirigió la fotografía de ‘La gata’ primera película española en cinemascope en 1955: “Aurora Bautista, la protagonista, no estaba muy convencida de como iba a quedar ella en imagen. Finalmente una mañana la llevé al cine Albéniz donde pasamos lo rodado, y le terminó gustando”. 

 En los años 60 hizo películas muy populares, entre otras con Paco Martínez Soria al que conocía de los tiempos de la guerra: “A Paco le echaron de CNT por ´mal actor y poco anarquista’. Muchas décadas después era una estrella gracias a ‘La ciudad no es para mí”. Hay que decir que tenía una técnica especial: nunca se aprendía los diálogos de memoria, sino que antes de rodar se los repasaban y él los iba diciendo tal y como le parecía”.

 Tras su retirada como director de fotografía, Mariné se dedicó integramente a elaborar técnicas para la recuperación de películas cinematográficas con un inaudito tesón y la inversión de su propio dinero en estas formas de investigación de manera altruista. Más allá de sus muchísimos y variados trabajos en el cine que recordaba al dedillo película a película con una frescura envidiable, Juan Mariné era una arrolladora memoria del siglo XX que asombraba por su privilegiada facilidad para recordar fechas, datos y personajes, lo que venía a convertirlo en un placer para quienes le escuchaban.

 No es extraño el largometraje documental rodado en 2019 y emitido por Tv3 y TVE sobre su terrible peripecia en los años de la guerra civil, para el que regresó a los escenarios y las playas de Argelés. También sus muchos y variados apuntes sobre personajes y tipos del cine o de la política que contaba de tú a tu aunque advirtiendo del riesgo de que pueda aparecer “un hijo o un nieto que quiera decir lo contrario”. Escuchar su palabra fácil, la frescura de su constante diálogo y oír en primera persona una presencia tanto en hechos históricos como en rodajes legendarios era un privilegio de alguien con una tremenda facilidad para transmitir recuerdos como si se hubieran producido el día anterior.       

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