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‘JUGAR CON FUEGO’: DEL PALACIO DEL XIX AL  PALCO DEL REAL MADRID.

Manuel Espín

 Los espacios de poder son variables en función de los contextos sociales. En el argumento original de ‘Jugar con fuego’ (1851) lo era un palacio aristocrático del Madrid de la época romántica, donde títulos vivían sus escaramuzas sentimentales con el añadido de algún advenedizo perteneciente al pueblo llano. El libreto original de Ventura de la Vega tenía algo de enredo sentimental y de sainete, con una veleidosa condesa que jugaba a seducir y ser seducida por otros aristócratas, pero que había engañado a un tipo de a pie haciéndose pasar por quien no era y sin que el repentino novio supiera de quien se trataba.

 Marina Bollaín ex soprano, autora del nuevo libreto y directora teatral renuncia del todo a esos escenarios. Ahora el espacio de poder engañosamente desclasado es la grada del estadio del Real Madrid y el famoso palco del Bernabéu donde lo que más se habla no es de las jugadas sino de negocios de altos vuelos y de relaciones sociales. Espacio en el que se desenvuelve una condesa que inicialmente ha engañado a su amado vestida de hincha, pero que en el fondo devanea con otro aristócrata que no deja de ser un depredador sexual, y no un seductor como se podría interpretar en la versión original.  

 El desenlace donde los personajes del manicomio asaltan al aristócrata se resuelve en este caso a través de una invasión de ultras y de hoolligans que invade la tribuna y se enfrenta finalmente a los antidisturbios. El periplo argumental de esta obra puede ganar en realismo lo que pierde en fascinación, con un espacio escénico tan poco atrayente como una tribuna de fútbol y un vestuario ‘ad hoc’ para describir los distintos motivos: barra de bar, sala de trofeos, grada inferior y palco de honor. También hay otro matiz novedoso en la puesta en escena: ella no es una dama de la aristocracia a la que persigue un potencial aspirante a amante sino una mujer literalmente acosada y casi violada.

 Esa puesta en escena tiene técnica desde el punto de vista profesional pero carece de brillo y está demasiado supeditada a los lugares por los que la acción transita, que no son precisamente sofisticados desde el punto de vista estético. La recuperación de esta creación de Barbieri estrenada en Madrid en la mitad del XIX y representada por última vez en 1999 ahora con una producción totalmente distinta y con un nuevo libreto, es oportuna porque se trata de la obra de referencia del inicio de uno de los mejores momentos del género. Además Barbieri bebía de la influencia de los grandes como Rossini o Donizetti de la ópera italiana, y ‘Jugar con fuego’ tiene piezas de una brillantez formal capaz de competir sin complejos con esos referentes operísticos.

 La dirección orquestal de Álvaro Abiach está a la altura y la Orquesta Sinfónica de Madrid suena con  brillantez de matices donde la cuerda es protagonista de primer nivel (Lara Diloy estará al frente del foso en cuatro de las catorce representaciones, hasta el próximo 12 de abril que La Zarzuela hará de esta producción).Junto al trabajo de la dirección de orquesta, esta producción que escenicamente cumple pero carece de destellos, hay un reparto de campanillas. Donde Alejandro del Cerro (Antonio Gandía en el reparto segundo) está pletórico, seguro en escena tanto en las partes habladas como las cantadas, lo mismo que los barítonos José Antonio López (Luis Cansino) y Daniel Lagares (Javier Castañeda) como los distintos marqueses.

 Pero la palma se la lleva Ruth Iniesta (Berna Perles en el reparto b)), con una voz magistral especialmente en unos agudos que parecen imposibles de hacer. Aunque la obra no sea de protagonista femenina sino de reparto principal, y tampoco el vestuario la ayude especialmente su trabajo es excelente, y viene a demostrar su gran momento. Sabiendo que en enero y febrero ha estado haciendo como protagonista en La Monnaie de Bruselas ‘Benvenuto Cellini’ una ópera de Berlioz en una producción de colorido y colorines exhuberantes donde la estética de Fellini se da la mano con los espectáculos de Las Vegas y el universo de las drags.

 Este ‘Jugar con fuego’ tiene oficio escénico pero sin que las luces se enciendan demasiado: ya sabemos que las gradas de un estadio y más bajo una estética de tratamiento realista, no son precisamente un territorio para el encantamiento.  

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