Escrito por 3:55 pm Política

Junqueras y Puigdemont vuelven a verse las caras

Inmaculada Sánchez

El 12-M ha certificado la esperada defunción del procés pero sus principales impulsores aún se resisten a marcharse en retirada. Carles Puigdemont pospone  su anunciada despedida tras el velo de una quimérica investidura como president y Oriol Junqueras se muestra “con fuerza” para dirigir la travesía del desierto de ERC tras sus desastrosos resultados. En realidad, libran lo que podría ser su último enfrentamiento: el líder de Junts pretende forzar una repetición electoral que sólo está en manos del republicano y de su difícil digestión de la derrota.

Dicen quienes les conocen que hace años que no se hablan. No se soportan. Las heridas de aquella Declaración Unilateral de Independencia proclamada tan solemne como infructuosamente en octubre de 2017 por un Govern en rebeldía presidido por Puigdemont, con Junqueras de vicepresidente, aún siguen abiertas entre ambos dirigentes.

El republicano afrontó las consecuencias de la decisión, fue detenido, sufrió juicio y cuatro años de cárcel hasta su indulto. Todavía hoy está inhabilitado, por lo que no pudo presentarse a las elecciones del pasado domingo, crucial impedimento que para un sector de ERC resultó clave en el alcance de su descalabro en las urnas.

El president, sin embargo, huyó sin demora a Bruselas para instalarse posteriormente en Waterloo renegando de la justicia española y construyendo todo un imaginario de ‘exiliado’ que ha explotado políticamente alrededor de Junts. Protegido durante años con su acta de eurodiputado ha podido presentarse ahora a las recientes elecciones y recuperar el liderazgo  del independentismo.

Pese al inapelable veredicto de los comicios Puigdemont pretende afrontar su investidura bajo el irracional planteamiento de que los socialistas, a los que Illa ha llevado a la victoria electoral más amplia de su historia, se abstengan y le entreguen mansamente el sillón de president a cambio de mantener el apoyo a Sánchez de sus siete diputados en Madrid. Tanto el PSC como el PSOE ya han negado cualquier posibilidad al respecto. Sánchez no va a destruir lo ganado a tan alto precio con su arriesgada apuesta por Cataluña aunque la legislatura se desestabilice aún más. Y si hay que adelantar elecciones… ya se verá, pero con Illa en el Govern, aseguran desde Ferraz.

Tan inverosímil propuesta tendría, pues, la única intención de presionar a ERC para que renuncie a permitir formar Govern a los socialistas y aboque a una repetición electoral. Pere Aragonés, el único sacrificado tras la debacle, por el momento, ha dicho en su despedida que ni tripartito, ni Illa president con sus votos, pero Junqueras, que se mantiene firme a las riendas, aún mantiene abiertas todas las incógnitas. Si los catalanes vuelven a ser convocados a las urnas el riesgo para ERC podría ser aún mayor.

El complejo sudoku para que los catalanes, por fin, dejen atrás el procés parece necesitar la jubilación de sus responsables y que sea otra generación de dirigentes, menos contaminados por todo lo que pasó, quienes asuman la nueva etapa. En Euskadi hemos tenido el más reciente ejemplo de cómo todos los partidos entendieron lo que les pedían sus ciudadanos al respecto y ejecutaron una completa renovación de candidatos.

En Cataluña habrá todavía que ver cómo Junqueras y Puigdemont solventan su último asalto. Nada se resolverá, previsiblemente, antes de la siguiente cita electoral, la de las europeas del 9 de junio, en la que todos juegan ya con las cartas repartidas el 12-M. Quedamos a la espera.

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