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La arriesgada apuesta de Montero con el SMI

Inmaculada Sánchez

Maria Jesus Montero será elegida este fin de semana secretaria general del PSOE de Andalucía. La número dos del partido y del Gobierno asumirá también el liderazgo de la federación más numerosa y emblemática de los socialistas con el objetivo de reconquistar la Junta y seguir marcando su perfil de sucesora del sanchismo. No obstante, llega al congreso del PSOE-A con un inesperado contratiempo, la polémica sobre la tributación del nuevo salario mínimo que puede jugar contra ella ante su electorado. ¿Pedagogía fiscal o tributación de izquierdas? Montero se mantiene firme frente a todos los socios progresistas del Gobierno y hasta el PP se ha subido al carro de ‘no quitar dinero a los que menos ganan’. La crisis es más significativa de lo que parece y habrá que ver si Sánchez la respalda hasta el final o debe intervenir con alguna solución salomónica.

Nadie contaba con este imprevisto incendio en el ministerio de Hacienda que dirige  la poderosa vicepresidenta primera.  Yolanda Díaz había conseguido el tramo alto de la subida del SMI que pretendía, los 50 euros, y acababa, también, de ‘ganar’ a Carlos Cuerpo la batalla de la reducción de la jornada laboral, ya aprobada por el Consejo de Ministros. Los de Díaz, sin embargo, están muy necesitados y la retención del IRPF que dejaría la cuantía de la subida en la mitad era un bocado demasiado goloso para dejarlo pasar, además de especialmente fácil de vender a la opinión pública. Así es como un logro social del Gobierno se convertía, de repente, en un lío monumental.

Tampoco era esperable la feroz resistencia de Montero. Una negociación con Trabajo y un arreglo técnico que eliminase esa tributación a los trabajadores con SMI afectados mediante alguna deducción, sin tocar el mínimo exento, podría haber  impedido que la sangre llegase al río. O no. Porque ahora, tanto los de Sumar, como Podemos, ERC, Bildu y hasta el PP han hecho bandera de ese mínimo exento que exigen equivalga al nuevo salario mínimo.

La pedagogía fiscal que se esfuerzan en transmitir desde Hacienda señala que esa equiparación de mínimo exento y SMI, cuando éste ha subido más de un 60 por ciento en los últimos años y se ha acercado al sueldo medio, no es razonable porque dejaría fuera del sistema tributario no sólo a los trabajadores que lo cobran sino, también, a pensionistas y autónomos con esa misma renta. La pérdida para el fisco no serían, por tanto, sólo los 200 millones iniciales, sino más de 1.500. Además de excluir del sistema a cada vez más ciudadanos con la distorsiones que ello conlleva. Demasiados tecnicismos, sin embargo, fácilmente rebatidos desde Sumar al compararlo con las exenciones concedidas por el Gobierno a las eléctricas.

Ser ministro de Hacienda y candidato nunca es fácil. Y no recuerdo que se haya dado hasta ahora. Los ministros que han sido cabeza de lista electoral habitualmente dirigían carteras más amables para el público. Chaves se presentó a presidir la Junta de Andalucía siendo titular de Trabajo. También Almunia intentó llegar a La Moncloa luciendo sus antiguos cargos de ministro de Trabajo y de Administraciones Públicas.  Rajoy, quien más credenciales de ministro acumulaba antes de ser presidente, sumaba los ministerios de Administraciones Públicas, Educación, Interior y Presidencia en su currículum.

Más recientemente, Illa ha llegado a presidir la Generalitat exhibiendo su recuerdo como ministro de Sanidad durante la pandemia, y otros ministros de Sánchez preparan su aterrizaje en las candidaturas de las próximas elecciones autonómicas como Pilar Alegría en Aragón, Ángel Víctor Torres en Canarias, Oscar López en Madrid o Diana Morant en la Comunidad Valenciana. Ninguno carga con la cartera de la recaudación fiscal.

Tan elevada responsabilidad la lleva asumiendo Maria Jesús Montero desde el primer Gobierno de Sánchez, en 2018. Se trata de un departamento muy poderoso y en un gobierno de izquierdas debería ser, además, el más deseado y prestigioso, aunque siempre conlleva riesgos. Con el enredo del SMI Montero ha apostado fuerte haciendo valer su poderío y, por el momento, Moncloa y Ferraz la apoyan sin fisuras mientras el presidente no se pronuncia. Habrá que escuchar a Pedro Sánchez en el congreso que este domingo elegirá a la sevillana como su nueva líder para atisbar si el jefe, de verdad, apoya su apuesta contra todos. 

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