Escrito por • 7:25 pm• Internacional

La batalla por la supremacía tecnológica. EEUU vs China 

La publicación Panorama Geopolítico de los Conflictos del Centro Español de Estudios Estratégicos (CEEE) de publicación anual, se inició en 2011 como una referencia en el conocimiento de los conflictos que desestabilizan el panorama estratégico internacional. A lo largo de estos años, la publicación se ha consolidado y se ha convertido en un referente en nuestro país en el ámbito del análisis de la seguridad internacional.  

Ofrecemos un resumen de una parte importante del estudio referida a la batalla por la supremacía tecnológica. EE. UU. vs China realizada por  Francisco Márquez de la Rubia, teniente coronel del Ejército de Tierra. Analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos

«You come at the king, you best not miss» Omar Little (The Wire) (Si atacas al rey, mejor no fallar

El escenario en el que China pueda superar a Estados Unidos a partir de la próxima década no es inevitable, pero tampoco se puede descartar.  En los últimos años ambas potencias han intensificado su carrera por dominar áreas tecnológicas clave, como los semiconductores avanzados, la inteligencia artificial y la computación cuántica. 

Son fundamentales para aplicaciones transversales que incluyen el sector energético, las telecomunicaciones y los centros de datos que sustentan internet y sus innumerables plataformas digitales. 

La reciente escasez mundial de semiconductores, provocada en parte por las interrupciones en las cadenas de suministro globales a raíz de la pandemia, ha puesto de manifiesto la dependencia occidental. 

La relación entre China y los EE. UU. ha evolucionado desde la cooperación cautelosa tras la Guerra Fría hasta la actual competencia abierta y estratégica. En la década de 2000, el ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio apoyado por los EE. UU. fue visto como un paso hacia su integración en el actual orden global basado en normas. Sin embargo, las últimas dos décadas han demostrado que esta visión era, en el mejor de los casos, ingenua. China aspira a cambiar el orden internacional otorgándose el papel del que se cree merecedora. 

En esa arena de la competencia global, el líder chino Xi Jinping ha mantenido que «la innovación tecnológica se ha convertido en el principal campo de batalla. En 2015, Pekín lanzó su ambicioso plan Made in China 2025, una política diseñada para transformar a China en una potencia de tecnologías avanzadas y reducir su dependencia de la tecnología y las importaciones extranjeras. 

Este plan se centra en diez sectores clave, como la tecnología de la información, robótica, biotecnología, vehículos de nueva energía, entre otros. El propósito es reducir la dependencia de China de la tecnología extranjera y fomentar la innovación y el desarrollo de productos de alta calidad dentro del país. El plan también tiene como meta aumentar el contenido doméstico en componentes y materiales clave al 70 % para este año con miras a tener una posición dominante en el mercado global para el año 2049, en el centenario de la República Popular China. Xi anunció un nuevo programa de «gobernanza de la inteligencia artificial» y reiteró su apoyo a la cooperación internacional en ciencia y tecnología. 

De alguna manera, se puede afirmar que Estados Unidos está persiguiendo objetivos similares a China. Washington se ha propuesto acelerar la innovación y mantenerse lo más adelante posible de Pekín en capacidades de inteligencia artificial y semi conductores avanzados con el objetivo real de reducir la cuota global desproporcionada de semiconductores (90 %) que se fabrican actualmente en Taiwán, dado el elevado riesgo de suministro que podría resultar de un conflicto con China sobre la isla en disputa.

Washington aprobó en 2022 la Ley CHIPS y Ciencia (The White House, 2023) y comprometió 52 700 millones de dólares para la investigación, desarrollo, producción y capacitación laboral en el sector de los semiconductores en el país. Esta ley incluye un amplio abanico de prohibiciones, restricciones y prevenciones con relación a la exportación a China de chips, equipamiento para su producción, tecnología para el diseño… e incluso afecta a los ciudadanos estadounidenses que quisieran trabajar en el sector tecnológico chino. 

La nueva ley implicaba que, en sus políticas tecnológicas hacia el exterior, Washington reaccionaba adoptando lo que se ha denominado un enfoque de patio pequeño, valla alta, es decir, utilizando controles de exportación y herramientas similares para limitar la capacidad de las empresas chinas de acceder a tecnologías fundamentales como los chips para Inteligencia Artificial (IA) y los equipos de fabricación de semiconductores. 

En los dos últimos años, Estados Unidos viene intensificando esta postura, endureciendo los controles, cerrando lagunas advertidas en el conjunto anterior de limitaciones a la exportación, ampliando los requisitos de licencia y sometiendo a más empresas chinas a restricciones comerciales, ampliando así una política que China ya había calificado como de bloqueo tecnológico y que ahora describe como guerra económica. 

El objetivo principal del conjunto de controles a la exportación no es tanto proteger a la industria americana o frenar la fuga de propiedad intelectual a su competidor, sino que es doblegar a la industria de semiconductores del país asiático ralentizando así (o impidiendo si esto fuera posible) el camino trazado por China hacia su auto suficiencia tecnológica. 

Sin embargo, esta política de subsidios a la investigación y la producción y de controles de exportación conlleva amplios riesgos. China ha respondido imponiendo sus propias restricciones a la exportación de materiales clave en la producción de semiconductores y vehículos eléctricos y a su vez ha limitado el acceso al mercado chino a fabricantes de semiconductores estadounidenses. 

Merece la pena destacar el aspecto de la prohibición a sus nacionales de trabajar en tecnológicas chinas porque realmente ahí se encuentra un elemento crucial. China venía reclutando personal especializado en los EE. UU., Corea, Taiwán y Japón. Este personal altamente cualificado es esencial en la producción y al cortar esta posibilidad se pretende evitar también la transferencia de know-how. 

Escasea el personal especializado

La prohibición sin embargo solo alcanza a ciudadanos norteamericanos por lo que el sistema tiene evidentes lagunas. Mientras tanto, la industria doméstica de semiconductores se enfrenta a un problema de personal cualificado: no son suficientes los estadounidenses que poseen el nivel de formación necesario en campos STEM (un acrónimo que se refiere a las disciplinas académicas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) y para hacer más grave la cuestión, Estados Unidos pierde muchos de los estudiantes internacionales que forma con ese perfil en favor de Australia, Canadá, el Reino Unido y otros países cuyas Visas de Talento (Talent VISA) son más generosas y menos engorrosas en su tramitación que las que ellos ofrecen. 

La estrategia tecnológica de Washington se centra de manera solo limitada en la inversión doméstica, ignorando el hecho de que la competencia real se está desarrollando más allá de las fronteras de Estados Unidos y de China. Son los ecosistemas tecnológicos, no las industrias nacionales, los verdaderos competidores. 

El éxito de Estados Unidos, por tanto, depende no solo de la innovación y producción interna, sino también de las decisiones que tomen las empresas y los inversores en Alemania, India, Israel, Japón, México, Arabia Saudita, Corea del Sur y otros países del mundo. 

Para fortalecer e integrar estos componentes críticos de su ecosistema más amplio, Washington necesita tanto invertir directamente como fomentar la inversión privada en el desarrollo tecnológico en el extranjero; se necesitan fondos para construir asociaciones de investigadores, cadenas de suministro resilientes y una red con los recursos y la capacidad de innovación para liderar el mundo en las tecnologías del futuro. 

Pero el ascenso vertiginoso de China, iniciado con las reformas de Deng Xiaoping y consolidado bajo Xi Jinping, ha reconfigurado el tablero. Este cambio marca una nueva era en las relaciones chino-estadounidenses. 

La conclusión es unánime, China gana especialmente en el terreno militar

China está superando a Estados Unidos en áreas estratégicas que podrían convertirla en la primera potencia en defensa, robótica e inteligencia artificial en un futuro cercano. China ya aventaja a Estados Unidos en 37 de las 44 tecnologías estratégicas analizadas, abarcando sectores tan diversos como el espacio, la energía y la computación cuántica. 

Estas no son solo tecnologías actuales, sino que son aquellas en las que sus avances definirán las próximas décadas. El informe de Australian Strategic Policy Institute (ASPI), un importante think tank con sede en Australia que enfoca cuestiones de política de seguridad, defensa y estrategia internacional que analiza la investigación y producción científica de alto nivel realizada en varios países entre 2018 y 2022, ofrece un panorama inquietante para los americanos. 

Según los autores, las democracias occidentales están perdiendo la competencia tecnológica global. China ha sentado las bases para convertirse en la superpotencia tecnológica dominante, con una sorprendente ventaja en la mayoría de las disciplinas emergentes.

Ese liderazgo chino se está consolidando en áreas especialmente sensibles, como el desarrollo de tecnología militar hipersónica. El país alberga siete de los diez institutos de investigación más avanzados en este campo, un hecho que subraya su intención de desafiar la superioridad militar de Estados Unidos. 

El Departamento de Defensa de Estados Unidos ya alertó sobre este asunto en su informe anual de 2022 (U.S. Department of Defense, 2022) sobre los desarrollos militares y de seguridad de China. Según el informe, la capacidad hipersónica china está extremadamente avanzada, un hecho que se observa con el despliegue del misil balístico de alcance medio DF-17 equipado con un vehículo planeador hipersónico (HGV), capaz de transformar la Fuerza de Misiles del Ejército Popular de Liberación Chino. 

Este sistema, operativo desde 2020, está diseñado para atacar bases y flotas militares en el Pacífico Occidental. En su intento por frenar el ascenso tecnológico de China, Estados Unidos ha implementado una serie de medidas destinadas a cortar el acceso de Pekín a tecnologías clave, particularmente en el ámbito de los microchips de última generación. 

La importancia crucial de los aliados de USA

En el otoño de 2023, Washington aprobó como complemento a la Ley de CHIPS y Ciencia una serie de restricciones entre las que se encuentran la de la prohibición a las empresas estadounidenses de la fabricación de chips con nodos inferiores a los veintiocho nanómetros en China y Rusia durante la próxima década. 

Esta medida es crucial, dado que los chips más avanzados se fabrican en escalas de tres a cinco nanómetros. Estas restricciones y limitaciones a China y Rusia podrían volverse aún más efectivas tras haber logrado la adhesión de Japón y Países Bajos a las mismas. 

La importancia de estos nuevos aliados no radica tanto en el tamaño de sus economías, sino en las empresas tecnológicas clave que albergan. Países Bajos es la sede de ASML, la única compañía en el mundo capaz de construir equipos de litografía ultravioleta extrema, indispensables para la producción de microchips de última generación. 

Sin acceso a esta tecnología, la capacidad de China para fabricar chips por debajo de los diez nanómetros se ve severamente limitada, lo que afecta a su capacidad para desarrollar tecnologías cruciales como teléfonos móviles, ordenadores y, especialmente, los centros de datos y supercomputadoras necesarios para el desarrollo de la inteligencia artificial. 

Japón, aunque superado en el mercado de semiconductores por Corea del Sur, sigue siendo un actor clave en la producción de equipos de litografía ultravioleta profunda, la segunda tecnología más avanzada en esta área. Además, empresas japonesas como Nikon y Lasertec son cruciales en este sector, al igual que el grupo Ajinomoto y la holandesa ASML, una multinacional que se especializa en la fabricación de equipos de litografía utilizados en la producción de chips de silicio. Sus sistemas de litografía son esenciales en la fabricación de semiconductores avanzados y son utilizados por importantes fabricantes de chips en todo el mundo. 

Si bien es previsible que tanto Tokio como La Haya endurezcan sus posturas en cuanto a la exportación tecnológica en relación con China, no está claro si estos controles alcanzarán el nivel de dureza aplicado por Estados Unidos. 

La estrategia china: capitalismo de estado, talento repatriado y el provecho de las fuentes abiertas

Agudizando el ingenio El rápido avance de China en la última década se ha basado en una fórmula clara: una inversión masiva en investigación tecnológica y el desarrollo de talento necesario para materializar estos avances. Desde 2011, China supera a Estados Unidos en el número anual de patentes y diez años después, según datos de CSIS (Kersten et al., 2022), ya duplica a su rival. 

Además, Pekín ha lanzado una agresiva campaña de repatriación de científicos e investigadores formados en el extranjero. En 2021, más de 1400 científicos abandonaron sus puestos en Estados Unidos para regresar a China (Lu y Rathi, 2023). Sin embargo, el camino desde la investigación hasta la comercialización es largo y complejo y China aún debe resolver multitud de problemas hasta poder convertir sus patentes en productos viables y comercialmente exitosos. 

A pesar de ello, Washington tiene motivos para preocuparse. La colaboración pública‑privada en China es menos complicada que en muchos países occidentales y el capitalismo de estado chino está demostrando ser capaz de innovar, a veces con mayor eficacia que el capitalismo de mercado. 

En la industria tecnológica china, existe una creciente convicción de que la tecnología de código abierto podría ser un catalizador para su desarrollo, incluso frente a las restricciones impuestas por Estados Unidos. De hecho, si los reguladores estadounidenses decidieran frenar el avance de proyectos de código abierto liderados por su país, China podría obtener una ventaja estratégica significativa. 

En tal escenario, si las tecnologías de código abierto más avanzadas provinieran de China, los desarrolladores estadounidenses podrían verse obligados a construir sus sistemas sobre bases tecnológicas chinas.  Estados Unidos forjó su liderazgo en inteligencia artificial gracias a la colaboración entre empresas y académicos, un modelo que China podría replicar. 

China domina en inteligencia artificial

La inteligencia artificial de código abierto, considerada la base del desarrollo en este campo, juega un papel crucial en esta dinámica. Si bien cualquier persona con un ordenador puede modificar el código de un software de código abierto, alterar fundamentalmente un sistema de inteligencia artificial requiere vastos recursos en términos de datos, habilidades y capacidad de computación. En el contexto de la inteligencia artificial, el código abierto implica que los componentes básicos de un sistema actúan como una plataforma que permite a otros construir sobre ella. 

El dominio chino en inteligencia artificial es evidente: empresas como Tencent y Baidu lideran el número de patentes en este campo, superando con creces a gigantes occidentales como IBM, Microsoft y Alphabet (Google). 

Según el citado informe de la australiana ASPI, China ya aventaja a Estados Unidos en siete de las diez disciplinas más relevantes en IA, incluyendo machine learning.  Aunque Estados Unidos mantiene la delantera en supercomputadoras, procesadores de última generación y procesamiento de lenguaje natural, el margen es cada vez más estrecho. 

El ascenso tecnológico de China no es solo una cuestión de números y patentes, sino un cambio de paradigma que desafía las suposiciones occidentales sobre la innovación y el progreso. La capacidad de China para combinar el poder del Estado con la creatividad del mercado está reconfigurando el mapa tecnológico global y Estados Unidos tendrá que adaptarse rápidamente si quiere mantener su posición de liderazgo. 

Conclusiones 

Una guerra tecnológica está en marcha, con Washington al timón y en la ofensiva. La acción política más significativa hasta ahora ha sido la inclusión de Huawei y más de 150 de sus filiales en una lista de entidades sancionadas. Este movimiento ha generado una separación entre la tecnología punta estadounidense y Huawei, con el proceso de desacoplamiento ya avanzado, si no es que completo. 

Sin embargo, los resultados de estas sanciones no han sido los que Washington esperaba. A pesar de la presión, Huawei ha logrado mantener su posición como líder global en innovación 5G y sigue siendo un proveedor destacado de estaciones base 5G. 

Este conflicto tecnológico pone en riesgo la cooperación entre Estados Unidos y China en otras áreas políticas cruciales, ya que Beijing percibe la guerra tecnológica como una agresión encaminada a impedir su progreso. Además, la situación ha expuesto las limitaciones de la influencia estadounidense sobre sus aliados y terceros países, muchos de los cuales están optando por la infraestructura 5G más asequible de Huawei. 

El enfrentamiento arancelario y la inclusión de empresas en listas negras han dejado su huella en la cadena de suministro de semiconductores. En su intento por contener el avance tecnológico de China, Estados Unidos ha impuesto restricciones a la exportación de equipos avanzados para la fabricación de semiconductores, buscando frenar las aspiraciones de China de alcanzar la autosuficiencia en la producción de chips. 

La batalla por el chip es un juego de tronos moderno, un tablero de ajedrez global donde las naciones compiten por la supremacía, no con espadas y escudos, sino con políticas comerciales, alianzas estratégicas y el oculto mundo del espionaje. 

La carrera por la supremacía es un reflejo de ambiciones nacionales más amplias, donde asegurar una ventaja en la tecnología de chips equivale a asegurar el futuro de una nación en un panorama global volátil. Los resultados de esta contienda en curso sin duda moldearán el panorama geopolítico durante décadas. La capacidad de una nación —o su incapacidad—para producir y controlar estos componentes críticos no solo determinará sus capacidades militares y económicas, sino que también influirá en el tejido mismo de la privacidad y seguridad individual.  

↑
Close