Antón Costas
Resumen del informe de Antón Costas, presidente del Consejo Económico y Social (CES) sobre la situación económica y laboral
Me gustaría destacar tres rasgos que considero relevantes del comportamiento de la economía, del mercado de trabajo y de las condiciones de vida y cohesión social en España en 2025. El primer rasgo que quiero destacar es que la economía española ha superado con nota de sobresaliente el test de resiliencia al que ha estado sometida en 2025.
2025 fue el primer año en el que la economía española quedó fuera del Procedimiento de Desequilibrios Macroeco nómicos (PDM) de la Comisión Europea, tras doce años de vigilancia y seguimiento continuo. Asimismo, se cumplieron las reglas fiscales europeas del déficit y la deuda pública. A la vez, un hecho a mi juicio reseñable, la productividad ha aumentado, en un escenario de fuerte crecimiento del empleo, algo que no había ocurrido en anteriores etapas de expansión.
En el pasivo de los equilibrios macroeconómicos, solo se puede señalar que, por primera vez en cuatro años, el sector exterior haya restado unas décimas al crecimiento del PIB, como consecuencia del deterioro de la balanza comercial. Pero ha sido con secuencia de un aumento de las importaciones derivado a su vez del aumento de la demanda de inversiones, más que como resultado de la debilidad de las exportaciones que, por el contrario, han mantenido el ritmo de crecimiento.
El segundo rasgo es que en 2025 el mercado de trabajo español ha mejorado en prácticamente todas sus variables, convergiendo de forma gradual con la UE.
Aspectos tan característicos del mercado laboral español en las últimas décadas como la “sobrecualificación” de los jóvenes o el elevado número de “ninis” (jóvenes que ni estudian ni trabajan) están convergiendo rápidamente hacia los valores de la UE. Esta convergencia se produce prácticamente en todas las dimensiones del mercado laboral.
El tercer rasgo es que durante 2025 han mejorado los indicadores de la calidad de vida y de desigualdad, si bien no de forma tan marcada como la observada en el terreno de la economía y del empleo.
Razones del pesimismo
La ciudadanía mantiene una visión pesimista respecto de la situación económica española. Los ingresos mejoran y disminuye la desigualdad, pero el coste de la vida y el acceso a la vivienda condiciona el bienestar de las familias. Hay menos dificultades para llegar a fin de mes, pero más para afrontar gastos imprevistos.
Sigue fallando el puente entre la mejora del crecimiento económico y del empleo, y la mejora de las condiciones de vida. Las causas fundamentalmente son dos. Por un lado, la crisis del coste de la vida. Por otro, la vivienda. En un contexto de moderación de la inflación, la resistencia a la baja de los precios de los alimentos y energéticos (hasta el último nuevo repunte con el conflicto del Golfo) ha anulado las mejoras salariales y de empleo, y agravado el coste de la vida. Por su parte, la vivienda continúa siendo un agujero negro que absorbe las mejoras de ingresos.
Como hemos señalado en las Memorias de 2023 y 2024, la vivienda, al dificultar la movilidad de los trabajadores, es un freno al crecimiento y al desarrollo empresarial.
Un impacto negativo en la innovación
Las sociedades más innovadoras son aquellas que antes logran la emancipación de sus jóvenes. Cuanto antes lo logran, más innovadoras y dinámicas son. Déjenme ahora ampliar la mirada a los últimos cinco años, en el periodo pos-COVID. Al comparar las Memorias del CES de este periodo se percibe que algo bueno está sucediendo en la economía española.
La economía y el empleo están mutando su piel por una más resiliente, inclusiva y productiva. Estamos asistiendo a una transformación silenciosa y gradual del modelo productivo español, algo que hemos estado deseando durante mucho tiempo. No se trata solo de un cambio cuantitativo, sino cualitativo. Ocurre tanto en la estructura sectorial de la economía, como en la estructura y calidad del empleo.
En una perspectiva 2021-2025, se aprecia un cambio en la estructura sectorial de la economía hacia actividades de servicios más avanzados, técnicos y profesionales. Esta transformación se observa también en una mejora en la cualificación del empleo, con un crecimiento importante de los empleos de calidad.
En 2025 se consolidó el cambio en la estructura por duración inicial del contrato tras la reforma laboral de 2021, con un mayor peso de los contratos indefinidos. A la vez, ha disminuido la sobrecualificación. Acompañando a estas transformaciones, la productividad ha aumentado de forma moderada, pero continua.
Al contrario de lo que ocurría en el pasado, esta etapa expansiva de cinco años ha venido acompañada de una mejora de los equilibrios macroeconómicos y fiscales. Estas transformaciones graduales a lo largo de cinco años marcan una tendencia de cambio estructural.
¿Por qué la economía española y el empleo están experimentando esta transformación?
Por un lado, coincidiendo con la crisis de la COVID-19, se produjo un cambio de enfoque en las políticas económicas y sociales. Frente a las políticas europeas de austeridad de la crisis de 2008, que provocaron en España una recesión de cinco años con elevada destrucción de empleo y tejido productivo, ahora la política de apoyo a la empresa, al empleo y a las familias ha permitido a la economía recuperarse rápidamente y crecer de forma sana y sostenida.
Por otro lado, otro factor que explica este buen comportamiento a lo largo de los últimos cinco años ha sido el diálogo social bipartito y tripartito, con acuerdos que han tenido un impacto muy positivo y prolongado.
El ejemplo de la reforma laboral de 2021, los ERTE —cambiaron la destrucción de empleo y tejido productivo que tuvo lugar en 2008, por la suspensión del empleo manteniendo la relación laboral— o el V Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva acordado por los sindicatos UGT y CCOO y las organizaciones empresariales CEOE y CEPYME.
Estos acuerdos logrados en la negociación colectiva han creado un escenario de confianza y certeza de las familias y las empresas frente a la incertidumbre, y han permitido mantener el consumo familiar y la inversión de las empresas.
El resultado de estas y otras medidas acordadas en el diálogo social y la negociación colectiva, ha creado un escenario de paz social que es un verdadero activo inmaterial de la sociedad española, un patrimonio colectivo que hay que proteger y mantener.
Sin despreciar el efecto de los “vientos de cola” que han significado los fondos europeos, la capacidad de diálogo y acuerdo es el factor de fondo que explica el buen comportamiento y la transformación de la economía en esta última década.

