Carlos Berzosa
Entre el 10 y el 21 de noviembre se celebra la COP30 de las Naciones Unidas sobre el cambio climático que tendrá lugar en Belém (Brasil). Hasta ahora las diferentes COP que se han celebrado han obtenido resultados mediocres. En primer lugar, porque el consenso, tan difícil de lograr, se consigue con la aprobación de unas medidas mínimas, que resultan insuficientes ante la gravedad de los hechos. En segundo lugar, porque ni siquiera se consiguen aplicar en su totalidad con relación a los objetivos fijados.
Esta COP se celebra en un contexto político y económico adverso para la lucha contra el calentamiento global. El hecho de que hayan llegado a la presidencia y al gobierno de los países personas y partidos negacionistas supondrá un retroceso sobre los escasos avances conseguidos. No me refiero a los debates que pueden contener ideas interesantes, sino a su puesta en marcha cuando hay varios dirigentes negacionistas, siendo el más significativo el de Trump. De hecho, la Administración de Estados Unidos bajo el mandato de Trump decidió en enero sacar del Acuerdo de París a su país. Estados Unidos no apoya el estudio de las Naciones Unidas Informe sobre la brecha de emisiones. Esta actitud resulta de extrema gravedad cuando es EE. UU. el mayor emisor del mundo de gases invernadero, representando el 11% del total. No solamente no está dispuesto a llevar a cabo una descarbonización, sino que estimula la producción de hidrocarburos.
Los insuficientes avances conseguidos hasta hoy es lo que Greta Thunberg ha expresado con el bla, bla, bla… es decir mucho hablar, pero poco hacer, lo que no deja ser una realidad. Pero ahora se está ante un gran retroceso, que pueda tener graves consecuencias para la humanidad. Los mediocres resultados obtenidos nos pueden parecer, sin embargo, muy positivos, frente a los que se nos viene encima. El hecho de que se haya avanzado poco hasta ahora y que desespera a Greta y a muchas más gentes, que se han venido manifestando desde hace unos años, no se debe solo a la escasa acción de los dirigentes políticos, sino que son consecuencia del funcionamiento del sistema. Es en este punto es en el que hay que insistir. Un sistema que en la fase capitalista actual se caracteriza, entre otros muchos rasgos, por el poder desmesurado de las grandes corporaciones transnacionales. Las decisiones políticas chocan con este muro, que no se encuentra por la labor de realizar una transición que pueda perjudicar sus intereses.

Piketty
Resulta muy interesante, aunque no es el único, el análisis que hace Piketty en su último libro Hacia un socialismo ecológico (Deusto, 2025). Este libro recoge crónicas publicadas desde 2020 hasta 2024 en Le Monde y en su blog. El conjunto de las columnas de opinión resulta muy enriquecedor para el análisis de coyunturas concretas, pero me voy a centrar en larga introducción en la que aborda el tema que nos ocupa. Comienza diciendo:” El siglo XX fue el siglo de la socialdemocracia. El siglo XXI será el siglo del socialismo ecológico, democrático y participativo. La afirmación puede parecer atrevida en un momento como el actual, en que una preocupante mezcla de repliegue identitario y de resignación neoliberal parece ganar terreno en casi todas partes. Y, sin embargo, sigo siendo optimista ahora y siempre”.
Tras esta declaración voy a destacar algunos aspectos que plantea en la introducción y que tiene que ver con el funcionamiento del sistema. Así afirma que ninguno de los retos sociales, medioambientales y planetarios a los que nos enfrentamos hoy en día se resolverá sin una reducción drástica de las desigualdades globales y un replanteamiento profundo de la actual lógica de mercado y capitalista. Considera, en consecuencia, que, para evitar el cambio climático, lo modelos de producción y consumo van a tener que cambiar profundamente, y esto afectará a todos los grupos sociales y todas las regiones del mundo. Ahora bien, la reducción de las desigualdades es una condición necesaria para garantizar la habitabilidad del planeta, pero no es en absoluto una condición suficiente. En un mundo perfectamente igualitario, pero en el que se siguiera dependiendo de los hidrocarburos, el plástico, y el hormigón tanto como en la actualidad será poco deseable. El paso de lo que ha sido la socialdemocracia al socialismo ecológico se consigue con una desmercantilización igualitarista en el siglo XXI.
En suma, creo que tiene razón Piketty que para avanzar en la lucha contra el cambio climático es necesario actuar tanto en combatir las grandes desigualdades actuales como en modificar el actual sistema de producción y consumo. Esta cuestión no se ha abordado en las diferentes conferencias de las COP ni parece que se vaya a tratar en la actual. Pretender combatir lo que es ya una catástrofe ecológica sin tener en cuenta las causas del cambio climático si no solamente sus efectos está condenado al fracaso. De ahí los escasos resultados obtenidos hasta el presente.

