Escrito por • 6:16 pm• Política

La desclasificación del 23-f parió un ridículo ratón  

José García Abad 

Cuenta Javier Cercas: “El 20 de noviembre pasado, cuando se presentó en el Congreso de los Diputados una serie de televisión basada en mi libro “Anatomía de un instante”, le rogué al presidente Sánchez que desclasificase todos los documentos relativos al golpe. “Nuestra interpretación del golpe no va a cambiar en lo esencial”, le advertí. “Y tampoco van a terminar los bulos y las bolas sobre el 23 de febrero, porque son un negocio para políticos, periodistas e historiadores, y para la afición en general. Pero como mínimo los mentirosos tendrán un sitio menos al que agarrarse. Ahora, una vez desclasificados los papeles, comprendo que me equivoqué: no es que nuestra interpretación del golpe no haya cambiado en lo esencial; es que no ha cambiado lo más mínimo”.

Cita Cercas al sociólogo alemán George Simmel que sentenciaba: “Un secreto vacío no se puede ni desvelar ni refutar, precisamente porque está vacío, porque no contiene nada; es el secreto perfecto, invulnerable”. Un ejemplo ideal es el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981: el gran secreto sobre el golpe de Estado del 23 de febrero es que no hay ningún secreto. ¿Significa esto que lo sabemos todo acerca de él? Por supuesto que no”.

También podía apelar Cercas a Horacio quien recogiendo la fábula de Esopo que inspirado en una fábula de Esopo se refería al parto de los montes donde tras un formidable estruendo parió un ridículo ratón.

Cómo se portó el rey Juan Carlos

Opina servidor humildemente que la esperada desclasificación de los papeles del golpe ha servido para lo contrario de lo que en teoría se pretendía, confundir aún más el suceso, su etiología, desde su preparación hasta su aborto. En definitiva: cómo se portó el rey Juan Carlos.

La opinión de servidor tal como la expresó en sus libros como en sus artículos en la revista El Siglo es que en cierta manera el rey Juan Carlos lo provocó imprudentemente aunque tras sus dudas le cabe la gloria histórica de que finalmente lo abortó. El rey nos salvó de una involución probablemente sangrienta que nos hubiera situado al margen de Europa. Fracasado el golpe, los conspiradores lo dejaron claro: “La próxima vez no será con el Rey sino contra el Rey”. 

Es lógico que los militares que le visitaban pensaran que el rey deseaba un golpe aunque no pudiera expresarlo con claridad. Algo parecido a lo que pasó entre Alfonso XIII y el general Primo de Rivera, cuyo golpe se llevó por delante a la monarquía.

La indiscreción es una fuente fidedigna de la historia, a veces más verídica que los documentos oficiales. Pilar Urbano, a raíz de la publicación de su apasionante libro La Reina giró un viaje de promoción a Barcelona dentro del cual se incluyó un almuerzo con periodistas. A requerimientos de los compañeros y en un ambiente de confianza y contando con el respeto del off the record por parte de sus compañeros, comentó que la reina le confesó que Juan Carlos se había portado muy bien el 23-F porque había hecho creer mucho tiempo a los militares que estaba de acuerdo con ellos para luego cargárselos. 

Las dudas no mueven la historia 

Es verdad que el rey albergó dudas sobre si apoyar o no lo que le proponía Armada: un gobierno de coalición presidido por este. Duda cuando le confiesa al jefe de la Casa Real,  Sabino Fernández Campo: “Oye Sabino y si nos estamos equivocando”. Entre las cosas que Sabino dice que no dice, hay una especialmente inquietante cuando asegura que sigue habiendo aspectos del golpe del 23 F que sigue sin entender. 

Se desprenden dudas cuando le conmina a Milan del Bosch: “después de este mensaje ya no puedo volverme atrás” pero para lo que cuenta para la historia es que cuando finalmente toma la decisión de abortarlo le manda al teniente general Milans un télex: “Confirmando conversación telefónica que acabamos de tener, te hago saber con toda claridad lo siguiente: Afirmo mi rotunda decisión de mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente”. 

La verdad es que no hacía falta tanto alboroto en el parto de los montes. Habría bastado con publicar lo que Telefónica grabó tanto de las conversaciones del rey como las de todos los actores de la conspiración, de militares y civiles.

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