Escrito por • 11:32 am• Política

La División Azul desde la Hoja de Campaña del general Muñoz Grandes, una aproximación acrítica a la aportación franquista al régimen nazi  

Resumen de las reflexiones de Federico Aznar Fernández Montesinos Analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) sobre el libro “La División Azul desde la Hoja de Campaña” de Javier Fernández, una aproximación a la propaganda militar de guerra. Documento Informativo IEEE 01/2025. enlace web IEEE

Resumido y comentado por José García Abad 

El libro La División Azul desde la Hoja de Campaña, de Javier Fernández, un trabajo académico, sirve para, utilizando la historia y fuentes primarias, hacer una reflexión estratégica sobre el empleo de la propaganda militar.  Insiste Federico Aznar en el carácter académico del libro de Fernández pero evita reconocer que lo más sobresaliente es lo que no dice, el contexto general: señalar justamente la aportación militar de Franco al régimen nazi, durante la casi totalidad de su duración. 

Al elevar el tiro hacia la propaganda militar en términos generales disuelve la responsabilidad moral del franquismo en la División Azul, integrada en las fuerzas alemanas y mandada desde Madrid por  quien fuera vicepresidente del gobierno y jefe de Falange, el capitán general Agustín Muñoz Grandes, condecorado por Adolfo Hitler. 

Se desvía Federico Aznar con consideraciones generales sobre la propaganda militar citando a Clausewitz que definía la guerra como un acto político, como un hecho social y a Glucksmann que la calificaba de actividad del espíritu. 

Se extiende en explicar la dinámica de la asignatura como si fuera políticamente aséptica, como explicar al combatiente, qué está haciendo, qué está pasando y porqué y cómo puede contribuir aún más al propósito del mando desmintiendo de paso al enemigo. 

Cita a Hitler que atribuyó la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial a la superioridad aliada en el frente propagandístico y que señalaba que “todas nuestras verdaderas guerras se entablaron antes de que comenzaran las operaciones militares” apuntando a que “nuestra estrategia consiste en destruir al enemigo desde dentro”. 

Sostiene que una guerra, tenga su origen y su razón e ser es una colisión en todos los planos, sin distinguir los referidos a la ética y la moral. Ceder este patrimonio inmaterial hace que el resultado se resienta, aun después de librarse. Porque es allí, y no en la realidad, donde anida la derrota. Concluye que sin ganar tal batalla, la victoria militar,  puede llegar hasta adolecer de sentido, independientemente de una ideología que exhibe la División Azul, como quintaesencia del Régimen. 

Las Hojas de campaña del general  Muñoz Grandes

Se refiere como una prolongación a la inocente materia técnica el caso de las conocidas como “Hojas de Campaña”, el periódico publicado por la División Azul, controlado por la Falange y supervisado por el ejército alemán. 

El libro, titulado La División Azul desde la hoja de Campaña, ha sido publicado en 2025 por la editorial Arzalia, con una fotografía de portada de uno de esos combatientes que impacta pues llama a la reflexión sobre una época, que define como “emocional e intelectualmente, cada vez más distante, ajena y difícil de comprender”. Aunque parece que si se comprende al citar a Laqueur que se preguntaba “¿Cómo es posible que haya hombres que luchen con tanta pasión por una causa totalmente equivocada?” 

El libro, de 390 páginas, dispone de varias secciones que dan cuenta de la historia y vicisitudes de la División mientras en las páginas centrales hay una colección de fotografías que contribuye al encuadre histórico y emocional de la época. 

Estamos según Aznar ante un libro “profundamente académico” por su metodología y fuentes. Es un libro de historia cuyo autor, Javier Fernández Aparicio, es analista del IEEE, además de bibliotecario del Ayuntamiento de Madrid y, desde 2016, director del Centro de Documentación del Ministerio de Defensa. También es autor de Letras culpables: relatos sobre libros antes y durante el III Reich y coautor de La bomba de fuego en Almadén y La cultura del abismo: lecturas del Holocausto. 

Lamenta Aznar y hay que expresarlo en su descargo que la cultura fue utilizada por el nazismo resultando clave en su conformación doctrinal (tristemente, pensemos en la legión de filósofos, geógrafos, médicos, científicos… algunos de primer nivel que se pusieron, acríticamente además y pese a su condición de élites, a su servicio) y un elemento de penetración que era utilizado prescindiendo de todo aquello que no atendiese a sus razones. 

El humor desafía al poder mientras exhibe sus carencias.

Las comparaciones son a veces odiosas como cuando Aznar se refiere la CIA que durante la Guerra Fría se dotó de un equipo dedicado expresamente a confeccionar “chistes de rusos”. Es más, el presidente norteamericano Ronald Reagan era conocido por sus chistes, cuya puesta en escena se beneficiaba de su condición de actor profesional. De hecho, también disponía un equipo dedicado específicamente a prepararlos. 

Y como, en sentido contrario, el profeta Mahoma ordenó la muerte de personajes, como Asma Bint Marwan, mujer de la tribu omeya, o el poeta judío Abú Afaq, entre otros, por escribir versos contra él o burlarse. 

El poder no puede tolerar la risa en tanto que desafío. Con todo, no estamos ante una herramienta que sea fácil de utilizar pues la lógica de la guerra es dialéctica y es difícil de aprehender. Así Hitler consideraba que los alemanes cometieron el error estratégico de ridiculizar a sus enemigos, ya que al enfrentarse a ellos se encontraban con un enemigo mucho más fuerte y se sentían engañados; mientras, los aliados presentaban a los alemanes como bárbaros y no defraudaban a sus soldados, sino que los prevenían de los rigores de la guerra. 

Ante implicaciones como estas no es extraño que el régimen totalitario nazi tratara de controlar el estado de opinión en el campo de batalla profesionalizando su gestión. Esto hizo que el mando alemán estuviera tutelado por Joseph Goebbels, ministro para la Ilustración Pública y la Propaganda, ministerio específico que expresaba la centralidad de la materia para Hitler y por eso buscaba personas competentes para tales desempeños. 

La película de 2024 dirigida por Joachim Lang, El ministro de propaganda, ofrece un buen repaso de este periodo utilizando referencias suyas. En el caso de actores armados no estatales, grupos terroristas, esto resulta aún más crítico porque la dispersión de los activistas, su pretendido carácter de miembros ordinarios de la sociedad. Es preciso, para alcanzar sus objetivos, mantener la moral, homogeneizar el pensamiento de sus miembros, modificar conciencias, crear estereotipos, identificar conductas y transformar la realidad. 

Las hojas del general Muñoz Grandes

Las Hojas de Campaña, una fuente primaria de gran valor para el estudio de este particular escenario de guerra, las puso en marcha el general Muñoz Grandes el 4 de noviembre de 1941 y se continuaron editando hasta el 12 de enero de 1944 con el retorno de las tropas produciéndose en este periodo. 

El contingente de divisionarios inicial era de 18.000 hombres. Entre ellos había un grupo importante de universitarios, lo que suponía un público culturalmente elevado para la sociedad de época. Esto permitió, a su vez, que las Hojas de Campaña contasen con periodistas, profesores, escritores o dibujantes, algunos de ellos trabajarían más tarde en revistas como La Codorniz destacando figuras como Dionisio Ridruejo. 

Además del rearme ideológico del grupo, otro de sus objetivos era servir a la sintonía con la fuerza principal y que era el ejército alemán, cuyas consignas, -incluido el antisemitismo y un anticomunismo visceral-, objetivos y metodología de combate eran trasmitidas por este medio. 

Este tipo de publicaciones resultaban de particular importancia cuando las cosas, ante una sucesión de “repliegues tácticos”, de una “defensa flexible”, no van bien y decae la moral del combatiente. 

Las Hojas sirvieron, por ejemplo, para insuflar la creencia en unas supuestas “armas milagrosas”, que proporcionarían la victoria a través de la sorpresa técnica. Nunca presentaron la derrota como una opción, a pesar de lo cual esta acabo presentándose a sí misma como tal. 

Estamos ante una publicación importante, no en vano, en el contexto de una guerra y hasta en lo más avanzado del frente, se hace un gran esfuerzo para su producción y distribución. Y no solo se quedaba en el frente, sino que los divisionarios lo remitían a España. 

En fin, el libro de Javier Fernández es una aproximación histórica y documentada con fuentes primarias a la propaganda de guerra en un escenario complejo y difícil como lo fue el frente ruso en la Segunda Guerra Mundial. El problema para los alemanes fue que esta no lo era todo. Igualmente, la prensa de Ceausescu sostenía que la caída del Muro no era noticia. Con todo y con eso, y como el propio Hitler refería “el éxito de toda propaganda sea en el campo del comercio o en el de la política, supone una acción perseverante y la constante uniformidad de su aplicación.”

↑
Close