Escrito por • 10:45 am• Política

La edad de oro de los barones rebeldes

Conferencia de presidentes celebrada el 13 de diciembre de 2024 en el palacio de a Magdalena, en Santander

Inmaculada Sánchez

Este viernes Pedro Sánchez se verá las caras con los presidentes autonómicos del Partido Popular solo dos días antes de la manifestación que tienen convocada contra él para llamarle mafioso. Muy buen rollito no parece que vaya a haber en la cita. A comienzos de semana los barones populares amenazaban con no acudir a la convocatoria, oficialmente cursada y que presidirá el Rey en Barcelona, porque no se iba a hablar de los temas que ellos querían. Aceptadas sus exigencias todavía está en el aire que no “se levanten de la mesa”, según cómo lo vean. Las instituciones y sus normas ya no son lo prioritario. Ahora marca el camino el acoso y derribo al contrario y en esta confusa política los barones rebeldes se erigen con perfil de virreyes.

Desde Isabel Díaz Ayuso a Juan Manuel Moreno Bonilla o Carlos Mazón, los líderes autonómicos que gobiernan con poderío en sus territorios navegan con bandera propia. Incluso entre los socialistas, Emiliano García-Page, a lomos de su mayoría absoluta en las Cortes castellano manchegas, hace de su capa un sayo y critica sin piedad al Gobierno de Sánchez cuando considera que sus decisiones le pueden perjudicar ante su electorado. La nueva fragilidad, parlamentaria u orgánica, de los grandes líderes nacionales parece haber alumbrado una auténtica edad de oro de los barones autonómicos, que acumulan más poderío que nunca.

La Conferencia de Presidentes de esta semana será una confirmación más de esta pujanza territorial. El PP, que actualmente controla la mayoría de gobiernos autonómicos del país, la lleva tiempo utilizando como arma contra el Ejecutivo y esta vez, en puertas de su gran concentración antisanchista del domingo, ha querido, sin más, boicotear la cita por falta de quorum. Moncloa, sensible a la imagen de vacío de autoridad que supondría una Conferencia fallida ha aceptado todos los temas que los populares querían incluir en el orden del día: hasta 14, muchos de ellos de política nacional sin competencia autonómica alguna y legalmente excluidos de lo establecido. Ambas partes saben que el formato, y el ambiente creado, impedirán ningún acuerdo pero la reunión se dará y cada uno la usará para dar altavoz a sus mensajes.

No es la primera vez. Ya el año pasado, en abril, la mayoría absoluta del PP en el Senado forzó un insólito debate en la Comisión General de las Comunidades Autónomas para hablar de la Ley de Amnistía. Tuvieron la palabra los presidentes que quisieron y todos y cada uno de los del PP usaron la tribuna para criticar la ley en sede parlamentaria como si de una sesión de control al Gobierno se tratara. Se votó un informe, por supuesto en contra de la amnistía, sin consecuencias jurídicas pero con el perseguido eco mediático.

Sánchez sigue siendo el principal cemento para la unidad del PP y mientras continúe el empeño por echarle de La Moncloa los barones de Feijóo le acompañarán hasta las próximas elecciones generales. Entre tanto, a la espera de lo que pueda suceder en esos comicios tan insistente como infructuosamente deseados por Génova, cada líder autonómico batalla por su cuenta.

No hace falta mencionar a la presidenta madrileña como la primera en el elenco de barones rebeldes. Díaz Ayuso sigue su recorrido particular desde Madrid al margen de Génova y quien ocupe su sillón de mando, como ya demostró con la defenestración de Pablo Casado. Con Feijóo parece jugar todavía al despiste, consciente de sus limitaciones si intenta a destiempo el salto a la política nacional, pero todos la miran cuando el gallego toma una decisión de calado.

Juan Manuel Moreno Bonilla, por su parte, atesora un perfil sin estridencias al que intenta sumar apoyos dentro del mapa autonómico del PP con vistas a futuras contiendas. El cercano congreso del partido, como ya contaba en esta misma tribuna de Ojoavizor la semana pasada (“Ayuso y Moreno, primer asalto”), volverá a poner en evidencia el caudal de mando de los barones en este PP con tantos presidentes autonómicos y un líder nacional en la oposición.

Igualmente resultará revelador cómo actúe Carlos Mazón en la Conferencia de este viernes. El presidente valenciano ya hizo gala de su independencia respecto a Génova cuando, en vísperas de las anteriores generales, con Feijóo intentando no enseñar la patita de su complicidad con la ultraderecha, pactó su gobierno con Vox a sus espaldas. Tras su desastrosa gestión en la DANA y la caída en picado de su imagen y expectativas electorales no sólo se resiste a dimitir sino que sus objetivos pasan antes por su agenda judicial que por los intereses de su partido.

Barones díscolos siempre ha habido. Con su propio partido o con el Gobierno de la nación  del contrario. Pero la creciente fragmentación de nuestros parlamentos los ilumina más que nunca en un auténtico resurgimiento territorial. Veremos si los líderes nacionales recuperan el esplendor perdido o si siguen permitiendo que el escenario político lo ocupen turbios personajillos como Leire Díez, Koldo García o Víctor de Aldama.

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