Escrito por • 11:01 am• Economía

La elección de Trump, un camino hacia el capitalismo totalitario

Estamos en un ciclo en el que el gran capital, o gran parte de él, no está interesado por la democracia.

Camara de Representantes. EE UU

Carlos Berzosa

En las últimas décadas, pero sobre todo desde la caída del muro de Berlín, se ha difundido por parte de politólogos, economistas, y empresarios, la idea de que el capitalismo y la democracia iban de la mano, de manera que la democracia solamente se daba en países capitalistas y a su vez el capitalismo con la democracia crecía más y tenía una mayor capacidad para generar talento. Las alternativas que se habían dado al capitalismo, como el socialismo real, engendraron dictaduras y la mayor parte de estos países acabaron su recorrido con el derrumbe del modelo soviético. En concreto, un modelo fracasado y que no cumplía con los derechos humanos.

A su vez, se ha argumentado también, que el Estado de derecho surgió en la era de las revoluciones burguesas y en los inicios del capitalismo industrial. En este sentido, se considera que el Estado de derecho y el capitalismo industrial van de la mano. Estas argumentaciones, que se encuentran sustentadas en la realidad de los hechos, son parcialmente válidas y requieren matizaciones. En primer lugar, la democracia tal como la conocemos hoy, poco tiene que ver con los orígenes del Estado de derecho. Este desde luego supuso un avance sobre el antiguo régimen y respondía a los intereses de la burguesía en ascenso que desplazaba a la nobleza no solamente en términos económicos sino en la lucha por la hegemonía en el poder político. Desde entonces se ha asistido a una ampliación de los derechos políticos como consecuencia de la emergencia con fuerza del movimiento obrero y de clases medias e intelectuales reformistas a lo largo del siglo XIX. Se consiguió el sufragio universal para los hombres, pero las mujeres estaban descartadas. El sufragio femenino llega en el siglo XX como resultado de las luchas de las sufragistas. 

La democracia tal como se conoce en los países avanzados no ha sido cosa de los capitalistas sino de las fuerzas sociales que han empujado para ampliarla. 

Los derechos logrados fueron fruto de luchas sociales que tuvieron un elevado coste como consecuencia de la represión que sufrieron los movimientos contestatarios. La fuerza del movimiento obrero también se materializó en el siglo XX con el reconocimiento progresivamente de los de derechos sociales. Ninguno de estos derechos fue concedido gratuitamente por la burguesía triunfante en el inicio de la industrialización y del Estado de derecho, sino que se lograron con las reivindicaciones de colectivos oprimidos. No han sido las clases sociales capitalistas las que han conseguido la ampliación progresiva de los derechos y la consecución de la democracia tal como se conoce hoy en día. Este proceso ha sido descrito en mi artículo ” El contexto socioeconómico neoliberal y su repercusión en el ejercicio de la ciudadanía” en el libro de Berzosa, Gómez Ciriano y Sauquillo  El arte de ejercer la ciudadanía (Icaria, 2023).

Los derechos, en todo caso, no son irreversibles, y no avanzaron linealmente, sino que sufrieron progresos y retrocesos. De hecho, las reivindicaciones de los derechos siempre fueron acompañados de una retórica reaccionaria que se manifestaba en contra de los avances. Aún así se consiguieron implantar. Los capitalistas no tuvieron más remedio que aceptar las reivindicaciones, y las asumió como una necesidad para preservar su supervivencia. El sistema sin perder su naturaleza fue capaz de reinventarse. La democracia tal como se conoce en los países avanzados no ha sido cosa de los capitalistas sino de las fuerzas sociales que han empujado para ampliarla. 

Los derechos políticos fueron suprimidos en las salvajes dictaduras que se dieron en el siglo XX, nazismo y fascismo, que acabaron con las libertades. Estos regímenes dictatoriales no solamente coexistieron con el capitalismo, sino que parte de los grandes intereses económicos contribuyeron a su implantación y mantenimiento. El franquismo también fue financiado por las clases sociales económicamente dominantes, y han sido durante cuarenta años su sostén. Bajo el manto protector de la dictadura se desarrolló el capitalismo atrasado en el que se estaba y se hicieron grandes negocios. Nunca los empresarios se destacaron por defender el sistema democrático.  

El capitalismo es compatible con la democracia, pero también con las dictaduras.

Los totalitarismos surgieron en crisis económicas y políticas y fueron la salida que el gran capital apoyó para seguir manteniendo sus posiciones de privilegio. El capitalismo es compatible con la democracia, pero también con las dictaduras. De hecho, en gran parte de países capitalistas que pertenecen al Sur del sistema hay dictaduras, que se han impuesto en la mayor parte de los casos con la ayuda de los países desarrollados. 

Se está en una época en la que la democracia está en peligro, mientras que el capitalismo no. Esa unidad que existió en algunos países y durante algún tiempo, se está rompiendo en las democracias occidentales. Hay una tentación clara de eliminar parte de los derechos conseguidos con gran esfuerzo y que dejaron muchas víctimas en el camino. Ya el auge del neoliberalismo supuso un ataque a los derechos sociales reconocidos en la Declaración de los Derechos Humanos. Lo que resulta evidente es que se está en un ciclo en el que el gran capital, o gran parte de él, no está interesado por la democracia. Es un periodo de crisis, no solamente económica, sino política y ecológica.  Una lucha entre las grandes potencias para ganar espacio de poder, y que generan guerras que potencia la industria de armamento en contra de las necesidades sociales. Esa rivalidad se manifiesta a su vez en guerras comerciales.

El ascenso de la ultraderecha tiene como fin implantar un sistema totalitario. Aunque hay razones económicas, sociales y culturales que tratan de explicar este fenómeno, detrás de todo hay financiación. Se ha puesto de manifiesto en los apoyos que ha recibido Trump. La alegría de los intereses capitalistas por la victoria de éste se plasmó en la subida de la bolsa en Estados Unidos una vez conocido su contundente triunfo. Se está optando de esta forma, como ya sucedió en el pasado, por formas autoritarias de gobierno. Grandes corporaciones y ultra ricos financian redes sociales, medios de comunicación, que fomentan la propagación de noticias falsas y difunden el negacionismo sobre el cambio climático. 

 Este cambio de ciclo coincide con la debilidad de los poderes compensatorios que han servido en la historia para evitar el abuso del poder y defender los derechos de los trabajadores, de las mujeres, y de la naturaleza, como han sido los sindicatos, las asociaciones de consumidores y los movimientos sociales tan importantes como el de los ecologistas y el feminismo. Hay vía libre para que el capital aumente aún más su poder. 

De la política que Trump llevará a cabo ya tenemos la experiencia de su primer mandato, que consistió, por un lado, en poner restricciones al libre comercio, por otro lado, un ultraliberalismo en el interior. En el primer caso, se ataca también a la inmigración. En el segundo caso, la desregulación y los recortes tributarios apuntaron hacia el reforzamiento del orden neoliberal. En concreto, neoliberalismo en el interior de Estados Unidos, y proteccionismo en las relaciones exteriores comerciales y libre circulación de personas. Si a eso se añade el negacionismo del cambio climático se está ante un panorama desolador en el que aumentará la desigualdad, el racismo, la homofobia, la xenofobia y se intensificarán las catástrofes naturales resultado del calentamiento global. Se producirá una progresiva violación de los derechos humanos. Se está si no se reacciona a las puertas del totalitarismo y la pérdida de los valores democráticos. 

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