Escrito por 11:23 am Dossier

La industria del engaño avanza en España

Por José García Abad 

Destaca David Corral, periodista de RTVE, en el documento de opinión del pasado 30 de enero del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) del Ministerio de Defensa que las actividades de desinformación son una amenaza preocupante en 2024, el año electoral más importante de la historia moderna. “A través de múltiples canales y plataformas, – advierte Corral –  socava la legitimidad de los resultados mediante campañas de desacreditación de los candidatos y del proceso electoral, exacerbando la polarización política, la división social y degradando la confianza en los medios de comunicación. 

Mark Jones, profesor adjunto de Historia en el University College Dublin, autor de “1923: la crisis olvidada en el año del golpe de Hitler se pregunta en el diario El País del pasado 2 de febrero: “¿Será 2024, como 1933, el año de la destrucción de la democracia?” y llama la atención sobre lo siguiente: “Hitler se convirtió en canciller de Alemania a través de las urnas. Con elecciones en medio mundo, este año podría provocar un punto de inflexión igual de trágico. También fue un momento triunfal en la historia del engaño popular. Desde los primeros días de la República de Weimar, su política había estado definida por campañas de desinformación, que incluyeron la mentira de que la democracia de Weimar era obra de una conspiración de judíos y socialistas que habían “apuñalado a Alemania por la espalda” para garantizar su derrota en la Primera Guerra Mundial.

Hoy, prácticamente todos coinciden en que la llegada de Hitler fue un punto de inflexión en la historia mundial, el inicio de un proceso político que terminaría en la Segunda Guerra Mundial y en el Holocausto. Pero Hitler no “tomó el poder”, como luego dijeron los nazis. Por el contrario, como ha explicado su biógrafo, Ian Kershaw, fue “alzado al poder” por un pequeño grupo de hombres influyentes”.

Por su parte Gabriela Cañas, quien presidió la agencia Efe entre 2020 y 2023 publicó en el diario El País el pasado 22 de enero un artículo titulado “La desinformación nos mata” en el que advierte: “La desinformación emponzoña la democracia, pero también es corrosiva para los medios tradicionales, a los que los líderes populistas atacan con saña. 

El descrédito de los medios, en el que seguramente influyen los errores propios, es una eficaz estrategia del populismo. “Esto no lo vas a ver en la prensa”, suelen proclamar desafiantes los radicales que acaban de intoxicar al interlocutor. La desinformación siembra la desconfianza hacia todas las instituciones y la prensa es una más del sistema. 

La inteligencia artificial promete avances prodigiosos, pero los riesgos también han quedado ya al descubierto. En el terreno de la información, la capacidad de engaño de la inteligencia artificial multiplica de manera exponencial nuestra exposición a los bulos. 

Se necesitan conocimientos muy específicos para desenmascarar un vídeo falso, por ejemplo. Los poderes públicos de nuestras democracias tienen parte de la solución. Aquí se juega algo más que el sostenimiento y la pluralidad de los medios, que son los que garantizan el derecho a la información del ciudadano”. En su opinión hay que introducir normas que se adapten al mundo digital, pero preserven derechos tan antiguos como el de la propiedad intelectual o la libre competencia

Es significativo de la importancia de este fenómeno que el Foro Económico Mundial (FEM) identifica en su Informe de Riesgos Globales 2024, la desinformación y la mala información “como uno de los principales riesgos a nivel mundial en estos momentos, y el más grave a corto plazo, en concreto para los dos próximos años”. 

España retrocede 

España desciende cuatro puestos en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2023 de Reporteros Sin Fronteras, desde el 32º al 36º, aunque pierde solo 1,34 puntos en la calificación global de la tabla, pasando de 76,71 puntos sobre 100, en la edición 2022, a 75,37 puntos, en la edición 2023. 

Sentencia Reporteros sin Fronteras (RSF)  que “pese a gozar, en general, de un clima favorable al libre ejercicio del periodismo y mantenerse entre el 30% de los países del mundo con una situación “buena o bastante buena” para la libertad de información, los profesionales de los medios en España siguen padeciendo una precariedad preocupante y ya cronificada”.

El contexto económico en el que se mueven los periodistas españoles es, de lejos, el indicador peor puntuado por el panel de expertos en libertad de prensa (investigadores e investigadoras, profesores y profesoras universitarios, periodistas, especialistas en derechos humanos y libertad de expresión…) que ha respondido al centenar de preguntas que conforman el cuestionario sobre el que se apoya, en su apartado cualitativo, la Clasificación de RSF.

La fuerte politización de los medios

Otro factor que explica el descenso de España en el ranking es el empeoramiento del indicador legal y jurídico (el que mide el contexto legislativo en el que se mueve la profesión periodística); un movimiento que RSF interpreta como las expectativas desfavorables sobre la derogación de los artículos más polémicos y perjudiciales para la libertad de información de la “Ley Mordaza”.

Tampoco han salido adelante otras reformas para despenalizar los llamados “delitos de opinión” y, sin embargo, se han multiplicado ´las SLAPP (Strategic Lawsuits Against Public Participation), acciones judiciales abusivas, por presuntos delitos de revelación de secretos o atentados al honor proliferan en Europa como instrumento para amedrentar a medios y redactores, a menudo vulnerables.

La fuerte politización de los medios de comunicación, cada vez más contagiados de la polarización que afecta a la política española y cada vez más incapaces de respetar los imprescindibles límites entre la información y la opinión, también contribuye a erosionar la libertad de prensa en España. 

Sin embargo, el clima sociocultural del país se halla entre los más favorables a la libertad de información de su entorno y las agresiones a la prensa se encuentran en mínimos históricos y europeos, después de unos años de mucha mayor violencia policial y ciudadana. Los periodistas, no obstante, ven contrarrestada esta mejora con un agravamiento de la hostilidad y el acoso en las redes sociales.

Los efectos de la ‘industria del engaño’

Destacan los reporteros sin fronteras  los dramáticos efectos sobre la libertad de prensa de “la industria del engaño” en el ecosistema digital. En 118 países, es decir, en dos tercios de los evaluados, la mayoría de los expertos que han respondido al cuestionario reseñan la implicación de actores políticos de sus países en campañas de desinformación masiva o de propaganda, de manera regular o sistemática. La diferencia entre lo verdadero y lo falso, lo real y lo artificial, los hechos y los artefactos se difumina, poniendo en peligro el derecho a la información. Capacidades de manipulación sin precedentes son utilizadas para debilitar a quienes encarnan el periodismo de calidad, al tiempo que debilitan el propio periodismo.   

El impresionante desarrollo de la inteligencia artificial (IA) generativa está sacudiendo el ya de por sí frágil universo mediático. Por su parte, el propietario de Twitter, Elon Musk, está llevando al extremo una lógica arbitraria y censitaria, demostrando que las plataformas digitales son auténticas arenas movedizas para el periodismo. La industria de la desinformación esparce producciones manipuladoras a gran escala.

Asfixiados por la autocensura

La Prensa, hasta hace poco se vestía con la túnica del “Cuarto Poder” pero ahora, me refiero a la prensa escrita, se encuentra en una situación económica lamentable y los periodistas asfixiados por la autocensura. La hay en el interior de cada medio pues todos tienen una nómina de personajes intocables y una lista de asuntos que más vale no tocar. 

El periodista que llega a una empresa periodística, si quiere salvar su promoción y hasta su continuidad en la misma, lo primero que tiene que hacer es averiguar los “códigos” de la empresa, quienes son los personajes intocables y de qué temas no se puede hablar o hay que abordarlos de acuerdo con los compromisos de cada medio, con los intereses económicos de su grupo. Una de las patas que calibran la calidad democrática, como es la prensa libre, cojea miserablemente.

Quién iba a pensar que la prensa se convertiría en un peligro para la democracia

El periodista, garante del derecho ciudadano a recibir una información solvente, está ahora en la picota por mala práctica con lo que contribuye al deterioro de la calidad democrática. No es que la Prensa sea el cuarto poder pero lo cierto es que cumple un papel esencial en el delicado equilibrio entre poderes y en dificultar abusos por parte de estos, o sea: el legislativo, el ejecutivo y el judicial.  

La constatación de su importancia es lo que llevó al tercer presidente de EE.UU., Thomas Jefferson, a afirmar: “Si yo tuviera que decidir entre un gobierno sin prensa y una prensa sin gobierno, no vacilaría un instante en preferir lo segundo”. 

Según el último informe del Eurobarometro ( 19 e diciembre de 2023) un 87% de los españoles es consciente de que las noticias falsas son un problema para la democracia en general, 6 puntos por encima de la media europea. Asimismo, 2 de cada 3 españoles desconfía de la información sobre asuntos políticos obtenida en las redes sociales.

Hasta en El País nuestro periódico más prestigioso 

La prensa sirve a los lectores o espectadores indigeribles mezclas de información y opinión, o sea desinformación por no hablar de los que proporcionan el veneno de la falsedad. Hemos pasado de la tesis sostenida por Juan Luis Cebrián, el primer director de El País, de que la opinión del periodista es irrelevante a que no se pueda distinguir al leer el periódico la información de la opinión. 

Así lo denunció Carlos Yárnoz, defensor del lector de este diario  entre 2019 y 2022.  “La nítida separación entre información y opinión no es solo una exigencia ética clave en periodismo, sino también una garantía para el lector, que solo así puede distinguir entre hechos contrastados y apreciaciones subjetivas. Sin embargo, la constante difusión de textos informativos trufados con opiniones personales se ha convertido en una de las más graves lacras del sector. El Libro de estilo de El País recoge múltiples referencias a ese principio, pero su sistemático incumplimiento se traduce en una pérdida de credibilidad que los lectores no perdonan”.

Durante mucho tiempo, en el del reinado de Juan Carlos I, el CIS situaba en los últimos lugares de la valoración ciudadana a la Monarquía y a la Prensa, aquélla por debajo de ésta. En aquellos tiempos la Prensa no cumplía con su sagrada función de explicar lo que pasaba, especialmente en lo que al jefe del Estado se refería. Ahora no podemos seguir con tan odiosa comparación por la sencilla pero infamante razón de que la Monarquía, bajo la corona del rey Felipe, ya no aparece en la encuesta.

La democracia muere en la oscuridad

Ahora la prensa no se corta al hablar de los percances de Don Juan Carlos a toro presente y pasado, pero la Prensa sigue siendo una de las instituciones peor valoradas por distintas encuestas. Un hecho especialmente preocupante pues como decía Bob Woodward, el revelador del Watergate, “la democracia muere en la oscuridad”.

Una parte del deterioro de la imagen de la prensa tiene su origen en la mala situación económica de las empresas periodísticas, que ha provocado una selección de personal a la inversa de lo que recomiendan las escuelas de negocios: se han expulsado a los mejores periodistas porque son mas caros sustituyéndolos por becarios, más baratos. Y es que la calidad de la información está en relación inversa a las cuentas de resultados de las empresas. 

Como afirmaba Marty Baron en su despedida de la dirección del ‘Washington Post’, “la práctica del periodismo de calidad requiere un negocio sostenible. Y lo contrario es igualmente cierto: no puede haber negocio sin un periodismo del más alto calibre que el público valore y apoye”.

Una parte de culpa puede calificarse, pues, de estructural: el hecho de que la Prensa se encuentre en una penosa situación económica, pero también cuenta la mala práctica de muchos profesionales que han abandonado los valores esenciales del periodismo.

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