Escrito por 1:17 pm Casa Real, Política

La infanta Elena encabeza a los borbones disidentes

Foto Europa Press

por José García Abad

La infanta Elena es la primogénita de Juan Carlos, de quien no heredó la Corona porque el rey se empeñó en que la Constitución diera prioridad al hombre sobre la mujer en el orden de sucesión de la jefatura del Estado.  

Elena, devota de su padre, no pretende arrebatar la corona a su hermano Felipe, pero se ha ido convirtiendo en la cabeza de los borbones críticos con las decisiones tomadas por el rey frente a la conducta de su padre, el mal llamado “emérito”, y la reina Leticia, en beneficio de la institución. Un grupito que alimenta un odio africano contra la reina Letizia a la que atribuyen una influencia nefasta sobre su esposo.

Se da la penosa situación de una familia del rey ostentosamente dividida entre los críticos a la conducta de Don Juan Carlos que comprenden la dolorosa actuación de Felipe VI en pro del honor de la monarquía parlamentaria y los que defienden a ultranza al emérito, partidarios de una familia unida con razón o sin ella.

El gran enemigo de esta formación, como decía, es la reina Letizia, que ha apoyado al rey en limitar el núcleo duro de la familia real al matrimonio y sus hijos, la princesa de Asturias, Leonor y la infanta Sofía, mientras el mayor activo con el que cuenta Elena es la reina Sofía a quien nadie puede negar que forma parte de la familia real y que cuenta con el cariño del rey.

Cuando Letizia metió la pata

El enfrentamiento permanente entre ambas reinas, Letizia la real y la emérita Sofía, refleja la dureza de la lucha desencadenada entre ambos bandos. Su punto de máxima tensión fue la escena grabada en un video que se hizo viral en que puede verse en la misa de Pascua en la catedral del Palma de Mallorca en abril de 1918 como la reina Sofía quiso fotografiarse con sus nietas Leonor y Sofía y su nuera obstaculizó el posado ante las miradas perplejas de Felipe y Juan Carlos.

Fue una formidable metedura de pata de Letizia que generó una reacción airada de la prensa. La princesa griega Marie-Chantal Miller, esposa del príncipe Pablo, fue muy explícita: “Ninguna abuela se merece este trato” añadiendo que Letizia había mostrado su verdadera cara.

La relación entre Letizia y Elena que se habían tensado cuando la primera tomó partido en favor de Marichalar cuando el divorcio entre ambos, se rompieron definitivamente a partir de entonces, según cuenta Nuria Tiburcio en su libro: “Elena. La infanta castiza”, editado por la Esfera de los Libros que será presentado el próximo 15 de febrero.

Cuenta Tiburcio que, “una vez convertida en reina, doña Letizia cambió aún más. Hacía y deshacía a su antojo en la Zarzuela, algo que Elena no veía con buenos ojos. No le gustaba que su cuñada se tomara su labor institucional como un trabajo de funcionaria, que es como la infanta lo veía. No lo era, consistía en servir. Aquello de trabajar de lunes a viernes no iba con la monarquía, y la duquesa de Lugo no entendía como su hermano se lo permitía. Sabe que Letizia es una gran profesional del periodismo, que es muy perfeccionista, por lo que no comprende su comportamiento en lo que se refiere a la Corona. Ha querido darle un toque moderno a algo que de por sí no lo es, por lo que Elena se pone muy nerviosa viendo o leyendo según qué cosas”.

La más Borbón

Elena de Borbón vive en un lujoso piso en la colonia de Niño Jesúsy trabaja en la Fundación Mapfre comodirectora de proyectos con un salario de 200.000 euros brutos anuales.

Es la más Borbón, la que más se parece al emérito con quien comparte casticismo, afición a la vela, los toros y los caballos, adición a la buena comida, repulsión por los libros y hasta un sentido del humor un tanto basto. 

Es quien ha visitado con más frecuencia a Don Juan Carlos en Abu Dabi y le acompañó cuando este apareció en Sangenjo instalándose con él en casa de Pedro Campos.

Elena se mantuvo ostentosamente en favor de su hermana Cristina que había sido excluida de los actos reales desde su implicación en el caso Nóos. 

David Rocasolano, primo de la reina Letizia, la definió en su libro Adiós, princesa, como una mujer “muy tímida que carece de instinto para el trato social por haber crecido en un ambiente demasiado encorsetado”. De voz monótona y desapasionada, expresión fría, mirada siempre estática y espalda recta, algunos confunden sus gestos con altivez, indiferencia o antipatía. “No sé si será una cuestión de excesiva timidez. Es una señora que no habla prácticamente nada. Incluso, al saludar, muestra su parquedad mecánica, como si al estrechar su mano se activara un mecanismo que pusiera a rodar un disco en su interior. Un disco donde solo han grabado tres palabras: ‘Hola, ¿cómo estás?”.

Rocasolano añade: “Nadie puede llevarse mal con Elena. Sería como llevarse mal con un árbol, o con el viento” (…) “Nunca la he visto ni alegre ni triste. Ni irascible ni pletórica. Lo que he visto es una persona callada, educada, parsimoniosa, inalterable, ausente, ensimismada”.

El golpe de su 60 cumpleaños

El gran éxito de la infanta Elena fue conseguir reunir, acompañada de sus dos hijos, Froilán y Victoria Federica,  en el restaurante Pabú, próximo al estadio Bernabeu, que la infanta Elena había cerrado para el evento justificado por la celebración de su 60 cumpleaños el pasado 20 de diciembre, a ambos bandos, incluidos Felipe, Letizia, Juan Carlos y Sofía, así como a la infanta Cristina a la que se le había alejado de todos los actos reales y que en esta ocasión exhibió la complicidad con sus padres. La recogió Don Juan Carlos en Ginebra, donde reside en el avión privado que la trajo a Madrid y apareció en la fiesta en el coche conducido por la reina Sofía, con tres de los hijos de la infanta, Juan, Pablo e Irene.  

Allí acudieron la familia Borbón y Grecia casi al completo casi todos los integrantes de la familia Borbón y Grecia, sin que faltara la princesa Irene, hermana de la reina Sofía ni Alexia de Grecia, hija mayor de Constantino el hermano de la emérita que falleció en enero de 2023. Es de destacar que no asistiera la princesa Leonor ni su hermana, la infanta Sofía. NI su exesposo Jaime de Marichalar. 

Elena se permitió valerse de todos los ritos dinásticos para solemnizar el encuentro exhibiendo ante las cámaras el reconocimiento de Don Juan Carlos asestándole un beso en cada mejilla, la genuflexión reglamentaria, la bendición en la frente y un juego de manos en reconocimiento a la jefatura de la familia, que no del Estado correspondiente a Felipe. Fue este el séptimo viaje del emérito a España desde que se instaló en 2020 en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos) donde ha fijado su residencia fiscal.

No es aventurado suponer que la infanta Elena de Borbón ha contribuido eficazmente al fiestón de su padre en la celebración en Abu Dabi de su 86 cumpleaños. 

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