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La intoxicación Informativa adquiere dimensión de pandemia universal 

Por José García Abad


La intoxicación informativa, la creación y propagación intencionada de noticias falsas, ha existido siempre, pero en estos momentos ha tomado tal incremento y sofisticación como para convertirse en una pandemia universal de una gravedad inusitada. Es un fenómeno que afecta en primer lugar a la calidad de la democracia, generando desinformación, pero que extiende su malicioso efecto, entre otras actividades, a la industria y al comercio e incluso a la seguridad de las naciones, convirtiéndose en una especie de sucia guerra digital.

De la desinformación creciente a la crispación insoportable

En las últimas elecciones se ha intensificado en España la intoxicación informativa, productora de desinformación, algo que ya se había detectado y hasta cuantificado en numerosos informes realizados en España y fuera de nuestro país.

Como señalaba la agencia Efe en un estudio sobre la materia se extiende  en España la «inundación de datos», técnica que se conoce en inglés como «firehosing» , y el «galope de Gish» (abrumar con argumentos engañosos), tácticas de desinformación, entendida como «la difusión intencionada de información no rigurosa», que pretenden distorsionar la realidad con el objetivo de desestabilizar, así como obtener ventajas políticas, y que son habitualmente utilizadas en los debates. En la práctica suponen que si un político exhibe un torrente de datos a su contrincante, este no tiene tiempo para reflexionar y refutarlos o corroborarlos.

“+ democracia” dio un toque de atención denunciando una crispación continúa en la que, por encima del necesario diálogo ideológico, se vierten discursos de odio y descalificaciones personales que polarizan las élites políticas y generan el desgaste de las instituciones del sistema democrático. 

Denunciaba el uso de la posverdad y las fakenews como armas de intoxicación social, que llevan a la sociedad a la confrontación y a la polarización. 

La regulación actual por medio de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General (LOREG) no dispone de herramientas para llevar a cabo un control sobre las actividades comunicativas que se desarrollan en internet y en redes sociales, que burlan los límites de la financiación electoral a la vez que distorsionan la conversación pública, tanto durante como antes del periodo electoral.

Superior a la media europea

La desinformación es un problema en España para el 83% de los ciudadanos encuestados en el último Eurobarómetro publicado por la Unión Europea (UE), correspondiente al invierno de 2022-2023. Este porcentaje es un punto superior al recogido en la misma encuesta del año pasado en la que la preocupación de los españoles se situó en un 82%.

Se trata de una cifra ligeramente superior a la media del resto de miembros comunitarios, donde el 76% de los ciudadanos ven la desinformación como un problema. Así, solo el 12% de los españoles cree que la desinformación no es un tema de gran relevancia en el país, una cifra que, en el conjunto de la UE, asciende al 18%.

Según el Digital News Report 2023 elaborado por el Reuters Institute el 40 % de los españoles desconfía habitualmente de las noticias en general, y el 37 % ni está interesado ni se fía de ellas.

Ha aumentado desde la pandemia y la guerra de Ucrania

En el  Estudio sobre la desinformación en España, elaborado por la Unión de Televisiones Comerciales de España (UTECA) y la Universidad de Navarra, se incluye una encuesta, realizada por Barlovento Comunicación, que fue respondida por 1.224 personas mayores de 18 años. El trabajo de campo tuvo lugar entre el 15 y el 25 de marzo de 2022. 

Según esta encuesta un 72,1% de los españoles admite haber creído alguna vez un mensaje que resultó ser falso y un 20,4% afirma que reenvía los mensajes sin contrastar su veracidad, un 95,8% considera que la desinformación es un problema en la sociedad actual, y para un 91% es un peligro para la democracia y la estabilidad de un país. 

Fruto de la creciente desconfianza, los encuestados estiman que un 42,1% del contenido que reciben es falso; un 83,3% manifiesta que el volumen de desinformación ha aumentado durante la pandemia y la guerra de Ucrania. Una percepción que abunda en el reconocimiento al papel clave que otorgan a las organizaciones periodísticas para atajar su proliferación. 

La televisión en abierto (58,7%), la prensa digital y de papel (50,2%) y la radio (48,1%) son elegidos los canales por los que se recibe una información más veraz, de mayor confianza y más contrastada. Muy lejos quedan las redes sociales, señaladas por un 8,8%, las plataformas de compartición de vídeo (5,9%) y, en último lugar, los servicios de mensajería instantánea, que caen hasta el 2,6%.

Afecta al sector de la publicidad

Un dictamen publicado por Integral Ad Science (Nasdaq: IAS), líder mundial en calidad de medios digitales, tituñado “Misinformation & Media Quality” sobre la base de encuestas a más de 500 profesionales del sector entre marcas, agencias, soportes y proveedores tecnológicos, pone de manifiesto cómo la información falsa afecta al sector de la publicidad digital. Además, explora los retos que los contenidos engañosos suponen para las estrategias de medios de las marcas, así como las medidas que los anunciantes están tomando para proteger sus campañas contra estas amenazas. 

La mayoría de los expertos en medios (73%) está «De acuerdo» o «Muy de acuerdo» en que los compradores y vendedores de publicidad digital deben evitar proactivamente la desinformación y las fake news. Sin embargo, menos de la mitad de ellos (47%) señalan que sus organizaciones tienen directrices claras al respecto sobre la publicidad digital y la desinformación. A pesar de su impacto negativo de disminución del alcance de la audiencia, así como de la pérdida de oportunidades de ventas, el bloqueo a gran escala es el más utilizado por los expertos del sector para evitar que sus campañas aparezcan junto a contenidos engañosos. De hecho, casi la mitad de los expertos en medios (45%) tiene previsto bloquear categorías de contenido completas. Un 43% de los encuestados bloquearía temas específicos y un 38% lo haría en relación a ubicaciones geográficas concretas en las que son habituales las desinformaciones. Por otro lado, el Informe señala que las estrategias basadas en contextual targeting, que permiten a los compradores y vendedores de publicidad digital evitar aparecer junto a desinformaciones, y que además tienen un impacto mínimo en el alcance de las campañas, están siendo infrautilizadas. Así, menos de un tercio de los encuestados (32%) utiliza actualmente o tiene previsto usar tecnología contextual y sistemas de targeting de audiencia. Y menos de una quinta parte (18%) aprovecha los segmentos que evitan las inserciones de publicidad no deseada en el flujo de ofertas antes o después de la puja. 

Los recientes acontecimientos mundiales han hecho crecer la amenaza de la desinformación y de las noticias falsas. A medida que la inversión en publicidad sigue creciendo, se espera que el gasto total de publicidad en medios se sitúe en torno a los 350.000 millones de dólares. Hecho que supone que garantizar la calidad de los medios sea algo que está siempre presente en la industria, ya que los compradores y vendedores tratan de minimizar las amenazas existentes, así como las nuevas. Y en esta línea se hace mención a las pérdidas involuntarias de inversión en publicidad por parte de las marcas que acaban en sitios de desinformación globales, que según el Global Disinformation Index (GDI), alcanzan, al menos, los 235 millones de dólares.

Integral Ad Science (Nasdaq: IAS), líder mundial en calidad de medios digitales, ha publicado el informe Misinformation & Media Quality en el que la mayoría de los expertos de marketing coinciden en que la difusión de la desinformación se ha visto alimentada por la polarización política (76%), los recientes acontecimientos geopolíticos (68%) y la pandemia del COVID-19 (62%). Un número importante de expertos de la industria declaran estar muy preocupados por las amenazas contra la calidad de medios. El impacto en la reputación de la marca o la desconfianza del consumidor son para ellos más preocupantes que el rendimiento de la inversión publicitaria. 

Aunque los expertos en medios digitales coinciden en que la difusión de información errónea es la amenaza más preocupante para la calidad de los medios, persiste también la preocupación para más de la mitad de los encuestados en torno al fraude publicitario, el riesgo para la marca como consecuencia de contenidos cuestionables junto a las impresiones y la baja visibilidad.

Los profesionales del marketing y las marcas dan prioridad a las redes sociales, a pesar de que consideran que es un entorno vulnerable para la desinformación. Casi la mitad de los encuestados (42%) indicó que estas plataformas son una prioridad para ellos. Sin embargo, más de la mitad de ellos (60%) considera que son un entorno más probable para que se produzcan incidentes relacionados con la desinformación, seguido por el móvil y el audio.

Un fenómeno que preocupa a los ministerios de defensa

La desinformación se ha convertido en un arma militar como señala Francisco Marín Gutiérrez, teniente coronel del Ejército de Tierra en un estudio publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos.

Se inicia con una reflexión de Marshall McLuhan: «Nosotros configuramos nuestras herramientas, y después ellas nos configuran a nosotros». Sostiene el autor que nuestras emociones nos llevan a otorgar mayor importancia a la información acorde a los puntos de vista propios y a ignorar aquellos hechos que los contradicen. Por eso, si las informaciones que recibimos se acomodan a nuestra visión del mundo, somos menos escrupulosos a la hora de verificarlas y analizarlas. 

Por otro lado, existe el denominado efecto arrastre o efecto Bandwagon, referido al hecho de que los individuos pensamos y nos comportamos en función de la opinión predominante que existe en nuestro entorno. Dicho efecto está detrás de lo que en marketing se denomina “social proof” —prueba social— según la cual, ante la falta de información o experiencias acerca de un tema, un sujeto adopta el comportamiento de un colectivo bajo la presunción de que este tiene un mayor conocimiento. 

Si sólo leemos noticias de la misma orientación o estamos rodeados de personas que piensan igual, nos resultará mucho más difícil ser críticos y opinar lo contrario, especialmente por el miedo a no ser aceptados por el grupo al que se supone pertenecemos. Recibir información que no concuerda con los puntos de vista propia genera —en mayor o menor medida— lo que conoce como disonancia cognitiva, un estado mental de incomodidad.

Todo vale en las redes sociales

Otro elemento que debemos considerar es la manera en que actualmente se utilizan las redes sociales en búsqueda de la popularidad y por conseguir un mayor número de seguidores es un campo excelente para la difusión de noticias no contrastadas, o completamente falsas, todo vale para destacar entre los perfiles de una red. 

Prácticas derivadas del ansia de popularidad es la compra de falsos seguidores y de interacciones simuladas o el “like-farming”, que consiste en crear un perfil en una red social con contenidos llamativos para recopilar el mayor número de interacciones con otros usuarios. El algoritmo aplicado por la red determina la popularidad en función del número de «me gusta» y los comentarios que recibe una publicación, y aquella noticia que alcance altas puntuaciones será promocionada y sugerida en los feeds de noticias de otros usuarios, incrementando la visibilidad del perfil original. 

Es una práctica habitual para mejorar la visibilidad de una empresa o la popularidad de una persona. Pero en caso de que la página haya sido creada por un potencial atacante, una vez alcanzado un nivel de popularidad suficientemente alto, se sustituye el contenido inicial por otro que puede incluir anuncios fraudulentos, enlaces a programas maliciosos o, simplemente, información falsa dentro de una campaña de desinformación. 

Los métodos de ciberataque más extendidos actualmente se centran preferentemente en la utilización de las vulnerabilidades psicológicas para comprometer a los componentes de la capa humana de una red. 

En el ciberespacio

Hemos entrado en un periodo de la historia humana ligado al desarrollo y expansión de las tecnologías de la información, y una de las singularidades de esta época es que ha traído consigo un nuevo dominio para el desarrollo de las actividades, el ciberespacio. 

Debido a características como la sencillez, rentabilidad y dificultad de atribución, este nuevo ámbito se ha convertido en el preferido por los distintos agentes de la amenaza para llevar a cabo acciones de desinformación. Las vulnerabilidades de los usuarios favorecen una mayor difusión de esas acciones de engaño y garantizan su éxito.

Como nos recordaba Baltasar Gracian: «La confianza es madre del descuido». 

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