Escrito por • 10:46 am• Cultura

La memoria sentimental de Miguel Fernandez sobre Mari Trini

Manuel Espín

 Para cualquier lector anglosajón que haya leído la impresionante, gigantesca y minuciosa biografía sobre Elvis Presley de Peter Guralnick (publicada en castellano por Libros del Kultrum) echará en falta la ausencia de esta clase de trabajos donde se mezcla la admiración, las luces y las sombras de un personaje mediático, en torno a artistas españoles. Mientras se siguen repitiendo los relatos en clave de ‘fan’, descontextualizados y en los que apenas hay otras referencias que las del ‘lado bonito’ y convencional del éxito; como si la realidad no fuera una carrera de obstáculos y ascender a una cima puede precipitar más pronto o más tarde a una caída hacia el vacío.

 Hasta ahora mismo. Hay un autor, el granadino Miguel Fernández, que quizás sin proponérselo abre una brecha temática en nuestro mercado: una clase de biografía en la que hay una base documental de investigación de carácter periodística aunque narrada desde la perspectiva del escritor que no se contenta con la versión académica o estereotipada sobre esos personajes. En 2005 escribía ‘La vida es el precio’ (Ediciones B) memorias coescritas con la protagonista, la malograda actriz y miss Universo Amparo Muñoz, que han dado lugar tras la muerte de ella al mucho más personal e interesante ‘La vida rota. La biografía definitiva de Amparo Muñoz’ (Ed. Roca, 2021), de la que se ha hecho el correspondiente documental emitido por TVE. 

 Casi en paralelo, Miguel Fernández publicaba en 2020 ‘Desafiando al olvido. Waldo de los Ríos. La biografía’ (Ed. Roca) que en su caso también ha servido para el largometraje documental, ”Waldo’ (2024) dirigido por Charlie Arnaiz y Alberto Ortega en el que el propio Fernández tiene mucha presencia. Al que se incorpora en 2024 ‘Yo no soy esa que tu te imaginas. Mari Trini, una memoria sentimental’ (Plaza y Janés), de la que también TVE ha producido otro documental donde el autor del libro se deja ver en imagen ofreciendo su testimonio. 

 En los tres hay puntos en común respecto al estilo: un cuidado lenguaje divulgativo donde se cruza el narrador con la voz en ‘off’ y la opinión exterior de quien conoció al ser humano o al artista, y se nota que Fernández disfruta escribiendo una biografía que se lee casi como una ficción. Pero Fernández va mucho más allá de la mera administración de los datos o de la glosa oportunista.

 A diferencia de los anteriores, el libro dedicado a Mari Trini cuenta con opiniones y documentación aportados por los hermanos menores de la desaparecida cantante, así como sorprendentes voces de personajes a los que no siempre su figura se hubiera en principio asociado. Esa base es interesante, y como es habitual en el resto de las biografías de este autor el contexto sigue teniendo una especial relevancia para la vida de cada uno de ellos. Porque esa realidad social a lo largo de estas décadas viene a reflejar los cambios producidos en  nuestro país.

 Un factor que está muy presente en la historia de Amparo Muñoz, chica de modestísima familia malagueña encumbrada de forma sorprendente a la fama con una deslumbrante belleza que la lleva a un pináculo pero a la vez la explota, para iniciar un itinerario en el que es tratada finalmente como un juguete roto. De la misma manera que ese contexto está muy presente en el libro sobre Waldo de los Ríos, un niño prodigio de la música con un talento arrollador, sometido a la personalidad de una madre dominante, controladora y diva por si misma, y que acaba por autodestruirse no solo en lo moral sino en lo físico frente a una sociedad como la española de cuatro décadas atrás en la que la diversidad sexual seguía suponiendo una atroz condena o la autoexclusión.

 En ‘Yo no soy esa…’ se presenta a una joven enfermiza proveniente de una familia de clase media-alta de Murcia donde hay títulos y gobernadores militares que han ganado la guerra civil (y también víctimas de esa gran tragedia colectiva), con padres separados de forma civilizada y en la que aparece una madre comprensiva que educa a sus dos hijas en una Europa cosmopolita. Nada que ver con el espacio social del que provenía Amparo Muñoz. De esta manera Mari Trini logra algo insólito para una adolescente española de su tiempo como es conocer y alternar con creadores internacionales en un Londres y un París en plena ebullición de los 60, con el logro de grabar muy temprano para esos mercados en los que aparece como una ‘Francoise Hardy, bis’ pero a la que la ausencia de retorno en el eco público fuerza a un precipitado regreso a España; donde viene a constituir una novedad en aquella sociedad al llegar a ser la primera cantautora mujer que llega a tener un enorme éxito en las listas de ventas. 

 Fernández describe las distintas etapas de esa trayectoria, desde el contrato leonino que le firma el extraño Nicholas Ray (en el momento de su vida del  que había sido un gran director de cine y parecía estar luchando con sus adicciones y enfermedades), a su incomprensión en la discográfica RCA que parece más interesada en que cante canciones de otros que las suyas propias, pese a trabajar con un arreglista de talento como Juan Carlos Calderón. Viene después el salto a Hispavox de manos de Rafael Trabuccheli y Waldo de los Ríos al frente de una densa orquesta sinfónica en lo que a partir de 1970 Mari Trini tendrá un éxito deslumbrante; pero junto a ello el salto al vacío de una ‘modernización’ con artificio vía Danilo Vaona e incluso Mariny Callejo, hacia un final de carrera donde tras ser arrinconadas las figuras mayores de 50 años cae en decisiones erráticas como su disco y actuaciones con Los Panchos hasta su eclipse que la lleva a la retirada además de su grave enfermedad. 

 Es esa Mari Trini que aparece vistiendo ropas fluorescentes de manera un tanto forzada cuando su personalidad artística seguía siendo contundente y no necesitaba esos ‘postizos’ en los que probablemente apenas creyó, y el inexplicable contraste entre esa ‘actualización’ mal asumida y la voltereta de un disco y actuaciones con Los Panchos, precisamente artistas que apenas habían variado como no fuera de sus componentes hasta convertirse en franquicia dilatada en el tiempo.        

 Dentro de ese periplo el escritor trata de poner en evidencia distintas claves del personaje y de la artista Mari Trini, la voluntad de exponer un voluntarioso perfil de mujer que trata de ser ella misma en un tiempo en el que todavía estaban condenadas a evitar decir ‘no’, en el que se puede decir que M.T. hacía crítica social pero no política, a diferencia de la mayor parte de los artistas de la Transición. En dicho recorrido aparece la figura inseparable de Claudette, dentro de una obligada ‘invisibilidad’ en la que se seguía hablando de ‘secretarias’ o de ‘amigas’ porque la sociedad, como ocurría en el caso de Waldo de los Ríos seguía siendo  discriminatoria y las libertades recogidas por la Constitución dejaban fuera a amplios colectivos y grupos en sus relaciones personales y afectivas.

 El libro se lee con gran amenidad y casi de un tirón, y su interés como en los anteriores de Fernández va más allá de la mera reconstrucción, e interpreta a cada uno de los personajes situados en sus respectivos espacios sociales. El punto singular que ofrece Fernández en su ‘bio’ de M.T. es haber sabido combinar una gran investigación bajo la admiración artística que se desprende de su escritura con una mirada a las propias equivocaciones y pasos en el vacío de la protagonista, evitando tanto la perspectiva del simple ‘fan’ que domina en buena parte de esos libros biográficos como la trituradora del morbo. Ese respeto a la vez crítico podría ser la clave de esta clase de historias temáticas donde se llega a reconocer la grandeza artística y personal de cada uno de los tipos, y en el caso de M.T. estaba una figura con mucha personalidad y una sensibilidad que no siempre supo entender el mercado de las discográficas. Junto a una fragilidad emocional que deja traducir la escritura de Fernández; es decir, la grandeza y la vulnerabilidad en el mismo frasco.  

↑
Close