José García Abad
Como sostenía servidor el año pasado por esta fecha en Ojo Avizor, la pascua militar es un tramposo gol de lo monárquico a lo parlamentario. fue aprovechada por Juan Carlos para ampliar de facto, ilegítimamente, sus competencias constitucionales. El rey Felipe no me ha hecho caso, quizás aprovechando la oportunidad para su campaña en favor de la princesa Leonor que desempeña un papel que no tuvo cuando solo era príncipe de Asturias. La princesa de Asturias ha acudido por segundo año consecutivo con uniforme de gala de guardamarina de primero de la Escuela Naval Militar.
Es primar la idea del rey soberano por encima de la del rey constitucional. Es vincular a las Fuerzas Armadas con la Casa Real, antes que con la nación, que es donde reside la soberanía nacional en una monarquía parlamentaria verdaderamente democrática.
Con ese propósito el rey Juan Carlos cargó de contenido soberanista la celebración en el palacio real de la Pascua Militar, una reminiscencia de tiempos pasados, así como la presidencia que ha venido ostentando al frente de la Junta de Defensa Nacional, cuando al ser esta un órgano de coordinación y gestión la responsabilidad en el adecuado funcionamiento de la misma incumbe al presidente del consejo de ministros.
También es discutible la vinculación del monarca con el servicio de inteligencia, el CNI, que le mantiene al corriente de la información clasificada que dicho servicio elabora. El rey debe tener la mejor información disponible, pero siempre proporcionada por el jefe de gobierno, no por el servicio secreto. Esta vinculación directa sólo ha sido fuente de escándalos y de debilitación del Estado y de la Corona.
Una antigualla recuperada por Franco
La celebración de la Pascua Militar en el palacio real, que es como acto simbólico el más importante, todavía tiene lugar a pesar de ser una reminiscencia de tiempos pasados que deberían ya estar suficientemente superados. Se instaura durante el reinado de Carlos III, rey absoluto, y se recupera con el general Franco, dictador militar. Es la plasmación solemne de la lealtad de los ejércitos hacia su soberano, sea rey o general, así como el reconocimiento de la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas que ostenta el jefe del Estado.
Carlos III, proclamado rey de España en 1759 consideró que para defender su imperio, asediado por Inglaterra, necesitaba disponer de un nuevo ejército y una marina con capacidad para responder a las necesidades bélicas de la época. Para lograr este objetivo, aprobó en 1768 unas nuevas ordenanzas militares que proporcionaron un renovado espíritu y una organización más eficiente a las tropas.
Carlos III recupera Menorca a los ingleses en 1782, después del desembarco y cerco de Mahón por la escuadra franco española, compuesta por 52 navíos que llevan a bordo 8.000 soldados. Este victorioso hecho de armas indujo al Rey a proclamar la Pascua Militar
Desde que Juan Carlos I se hiciera cargo de la Jefatura del Estado el acto institucional de la Pascua Militar tiene lugar en el Palacio Real de Oriente de Madrid el 6 de enero. Se reúnen en el Salón del Trono, presididos por los reyes, acompañados de la Familia Real, el presidente del Gobierno, ministros, autoridades civiles, Asociación de Veteranos, Hermandad de Caballeros Mutilados de Guerra por la Patria y una nutrida representación de los tres ejércitos de las Fuerzas Armadas, así como de todas las jerarquías y empleos militares. Este año han acudido, junto al presidente del Gobierno, los ministros de Defensa e Interior, Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska
La dejadez de los sucesivos gobiernos
La celebración de la Pascua Militar constituye un solemne acto castrense con el que se inicia el año militar. En dicho acto se realiza un balance de las vicisitudes del año anterior y se marcan las líneas de acción que se desarrollarán en el siguiente. Además, se imponen condecoraciones militares a aquellos civiles y miembros de las Fuerzas Armadas que se han hecho acreedores de ellas durante el año vencido.
La ceremonia de la Pascua que recibe una amplia cobertura de los medios de comunicación, y por lo tanto se percibe como de una importancia política de primer orden, nos lleva a la época del despotismo ilustrado, primero, y a la dictadura franquista después que no tiene sentido en la España actual.
Las Fuerzas Armadas se deben a la nación española, su comandante en jefe es el que ha sido designado por el Congreso de los Diputados como presidente del Consejo de Ministros, después de la celebración de las elecciones generales, pues es en quien la soberanía nacional ha depositado su confianza, y por lo tanto la capacidad de gestionar los asuntos que afectan a la Seguridad Nacional y que está capacitado tanto para tomar decisiones como para responder de las mismas ante los ciudadanos que entienden correctamente que nuestra monarquía parlamentaria debe emanar rigurosamente de la Constitución de 1978.
No obstante, la dejadez de los sucesivos gobiernos al permitir que la Corona haya entrado en ámbitos que constitucionalmente no le corresponden, o, al no desarrollar adecuadamente el Título II de la Constitución, ha facilitado la debilidad institucional de la monarquía parlamentaria y ha contribuido a hacer más incierto su futuro.
Resumiendo:
1º La reiteración que de su condición de mando supremo de las fuerzas armadas que se hace del rey en el artículo segundo de las reales ordenanzas, ignora la potestad que sobre aquellas tiene el poder ejecutivo.
2º La presidencia que ha venido ostentando el rey al frente de la junta de defensa nacional es impropia de su papel constitucional, pues al ser un órgano de coordinación y gestión debe ser el presidente del consejo de ministros a quien le incumbe la responsabilidad en el adecuado funcionamiento de la misma.
3º El Rey debe tener la mejor información disponible, pero siempre proporcionada por medio del jefe de gobierno no por el servicio secreto. Esta vinculación directa sólo ha sido fuente de escándalos y de debilitación del Estado y de la Corona.
4º La falta de regulación de los honores y distinciones que afectan a la princesa heredera propician que estén sometidos a la discrecionalidad del gobierno de turno.
5º Conservar el formato tradicional de la pascua militar, transmite una imagen distorsionada de su verdadero papel.
El lamentable hecho de que el rey sea militar
El hecho de que el jefe del Estado sea un militar, lo que no ocurre en los países de nuestro entorno democrático, recuerda penosamente el origen franquista de la monarquía restaurada que no se ha superado con Felipe, sucesor de Juan Carlos ni por la sucesora prevista de este por la princesa Leonor que aparece como la reina de la fiesta.
No olvido que la condición militar de Juan Carlos I facilitó la Transición, fue una especie de seguro contra sablazos y que, de hecho, aunque apenas se dice, el principal apoyo del rey en el inicio del desmontaje de la dictadura fueron precisamente los militares, que cumplieron lo que les pidió Franco en su testamento político: que apoyaran a Juan Carlos como lo habían hecho con él.
Sin embargo, resulta un tanto embarazoso que pasado más de medio siglo de la proclamación de la constitución y tras nuestro importante papel en la Unión Europea se mantengan estos tics franquistas que hay que unir al hecho que muestra un déficit democrático de que el cambio de régimen no fuera precedido por un referéndum sobre la forma de Estado, sobre si el pueblo quería la monarquía o la república.
Las dificultades del gobierno para mandar sobre las Fuerzas Armadas
Las memorias de José Bono, ministro de Defensa con José Luis Rodríguez Zapatero, muestran las dificultades de un gobierno para mandar sobre las Fuerzas Armadas ante la intromisión permanente del rey, como en el caso del cese del general Alejandre, que solo lo consigue Bono amenazando con su dimisión.
Felipe González le había aconsejado a Zapatero: “Al rey hay que tratarle con deferencia, pero por su bien, no debe decidir los ascensos y los destinos de los generales, aunque se le deben consultar. No despaches nunca con el CNI sin que esté presente el ministro de Defensa”.
El 23 de junio de 2004, Zapatero le dice a Bono: “He hablado con el Rey y no quiere que ceses al JEME ( jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra) [el general Alejandre]. Además, me dice Maragall que Alejandre es socialista” de lo que Bono se ríe con ganas. En mayo de 2011, el general Alejandre obtuvo un escaño en las listas del PP al Consell Insular de Mallorca. Posteriormente fue nombrado consejero del gobierno del PP.Bono no está dispuesto a transigir una vez que consigue la aquiescencia del presidente: “Pues entonces – le dice a Zapatero – este pulso no lo debe ganar el rey, por su propio bien”.

