Escrito por 10:09 am Economía

La penetración saudí en Telefónica, una operación sin luz ni taquígrafos

Por Carlos Berzosa

La empresa Saudí Telecom (STC) ha comprado el 9.9% de acciones de telefónica que supone 2.100 millones de euros, lo que le convierte en su primer accionista. La firma pertenece en un 64% al fondo soberano saudí, presidido por el príncipe heredero Mohammeed bin Salam. Una operación bien diseñada, como se refleja en la cantidad de la compra inferior al 10% para no tener que ser aprobada por el gobierno, y llevada con una discreción absoluta, de modo que parece ser que ni Moncloa ni la Casa Real sabían nada de esta inversión. También algunas fuentes señalan que los directivos de Telefónica se enteraron en el último momento. Una inversión de este calibre efectuada por un país extracomunitario que tiene un régimen totalitario, y en consecuencia opaco y oscuro, ha levantado señales de alarma debido a que se trata de la compra de acciones de una empresa estratégica por lo que ello supone para la seguridad y defensa nacional. 

 Una operación sigilosa, y que con el fin de no levantar sospechas STC encargó al banco norteamericano Morgan Stanley la compra de acciones de Telefónica. Desde febrero se van haciendo con pequeños paquetes de acciones hasta llegar al 9,9% y sin influir en el precio de los activos. Resulta evidente que una operación realizada en estos términos responde al temor del grupo inversor de que en el caso de que se conocieran las intenciones pudiera ser abortada antes de llegar a su fin. Hacer las cosas sin luz ni taquígrafos era la manera de sortear los obstáculos que se podían encontrar, al ser conscientes de la complejidad que supone convertirse en socio mayoritario de una empresa de esta naturaleza. 

¿Cuál es el fin que persigue STC? Esto desde luego es un secreto y desde la economía no se pueden hacer especulaciones sin tener realmente datos e informaciones fidedignas. Se puede suponer con cierto fundamento que existe una pretensión por parte de Arabia Saudí de diversificar las inversiones y no depender solamente del petróleo. Ya lo viene haciendo desde hace tiempo comprando acciones de empresas europeas y españolas, lo que ha sucedido ahora es que se ha dado un salto cualitativo.  La elección de Telefónica responde a varias razones, pero una de ellas es que es la más grande de España en telecomunicación y de las mayores de la UE. Además, se ha hecho una compra barata. 

En efecto. la cotización de las acciones ha ido en descenso en los últimos tiempos, aunque lo mismo les está sucediendo a otras empresas del mismo sector, pero no a todas. Si a esto se añade la bajada del euro, ha sido elegido un buen momento para comprar a bajo precio. Hay fuentes que señalan que, a Telefónica, por otro lado, parece venirle bien para fortalecer su situación en el mercado y conseguir liquidez que le hace falta. No obstante, algunas informaciones desvelan que el presidente de telefónica pide al gobierno que limite la participación al 4.9%.

A partir de aquí ¿qué se puede hacer?  El gobierno tiene aún algún recurso para actuar como es el hecho de que una inversión extranjera que supera el 5% del capital requiere una autorización previa de Defensa en la que se tiene que determinar si la operación pone en riesgo intereses nacionales. Hay que saber que Defensa tiene contratos con Telefónica para las redes 5G de las Fuerzas Armadas, la ciberdefensa y las propias telecomunicaciones. Tiene el gobierno otro mecanismo que es el artículo 7 de la ley 19/2003 que le permite suspender sin ningún límite la entrada de los saudíes. En todo caso, difícil de llevar a cabo, pues hay compañías españolas que tienen pedidos para Arabia Saudí y podría haber represalias.

El Gobierno tiene atadas las manos por los intereses económicos en juego. De todas las maneras, conviene señalar que todo ello es resultado de un contexto internacional dominado por el dogma económico que se ha impuesto en las últimas décadas que consiste en la creencia acerca de las excelencias que proporciona la libertad total de la circulación del comercio y de capitales. Un derecho económico que se sitúa por encima de los derechos humanos. Así estamos en una economía que avanza a escala global sin apenas regulaciones y cuyos capitales son transnacionales. El capital no tiene patria. No existe protección a empresas nacionales y tampoco, lo que es más grave, a las que son claves. Ahora estamos pagando esas consecuencias, que también han traído muchos más males a la sociedad. La fiebre privatizadora ha dejado sin protección a empresas como a Telefónica. La pregunta que surge es ¿Si una empresa es tan importante para la seguridad y defensa por qué se ha privatizado en su totalidad? No todos los países lo han hecho, como es el caso de Francia y Alemania, pero aquí se ha actuado con la fe del converso al pensamiento del libre mercado.

Carlos Berzosa

  • Carlos Berzosa es Catedrático Emérito de la Universidad Complutense y presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Ha sido Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense (1984-1998) y Rector de esta Universidad (2003-2011). A lo largo de su carrera docente ha impartido enseñanzas de Estructura Económica Mundial y Desarrollo Económico. Tiene numerosas publicaciones entre las que destacan los libros ‘Los desafíos de la economía mundial en el siglo XXI’ (Nivola,2002) y los escritos conjuntamente con José Luis Sampedro ‘Conciencia del subdesarrollo veinticinco años después’ (Taurus, 1996) y ‘La Inflación (al alcance de los ministros)’ (Debate, 2012).
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