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Las aguas fétidas de la transición

Manuel Calderón: ‘HASTA  EL ÚLTIMO ALIENTO’

(Tusquets) Premio Comillas 2024.

 En la Barcelona de finales del franquismo un pequeño grupo de jóvenes en su mayoría de clase media crean un grupo de identidad anarquista, el Movimiento Ibérico de Liberación (MIL) que rechaza de forma rotunda la vía posibilista del PSUC, CC OO y posteriormente la Assemblea de Catalunya,  a las que considera una ‘expresión burguesa’ y cargados de ideología desconextualizada,  deciden iniciar su propia vía hacía la revolución para lo que necesitan financiarse con atracos, varios de ellos realizados de forma chapucera, hasta buscar el cobijo del anarquismo clásico al otro lado de la frontera que desconfía de ellos, y al que como en todo grupo de estas características se adhieren aventureros. 

 En septiembre de 1973 tras ir dejando pistas que caen en manos de la Brigada Político-Social la detención de varios militantes en la traca final del grupo se salda tras intercambiar disparos con la muerte del joven subinspector sevillano Francisco Anguas y la detención de Salvador Puig  Antich. En el ambiente enrarecido tras el atentado mortal a Carrero Blanco el consejo de guerra  condena a muerte a Antich, que pese a las presiones para no llevar a cabo la sentencia y la extrema inoportunidad de otra ejecución más, es llevada a cabo en marzo de 1974, sin que Franco acceda a conmutarla; además de ser ejercida a través de un método tan siniestro y sádico como el garrote vil.

 Hasta aquí una historia que pertenece a un oscuro aunque no alejado episodio de nuestra historia. Lo que hay en un antes y un después es mucho más que ese episodio de la crónica violenta. Manuel Calderón, escritor y periodista, nacido en Peñayorra (Córdoba) pero desde su infancia en Barcelona compone un libro excepcional. Investiga en primer término el germen cultural y social donde se genera la incubación de un grupo dispuesto a la liberación del proletariado aunque la clase trabajadora tenga otras prioridades y objetivos, en una Barcelona de unas características singulares en todos los aspectos. Permite conocer las trayectorias personales y familiares de esos jóvenes que por las más diversas razones tratan de encontrar su identidad a través de una revolución cuya argamasa es pura retórica, sus relaciones, aficiones, amistades, espacios familiares…

 En el caso de Puig Antich la memoria del tiempo acaba en un victimario donde como uno de los últimos ejecutados por el franquismo se convierte  en emblema. Pero en esta historia hay una parte parte muy importante casi desconocida y envuelta en sombras: la figura del subinspector muerto tras el intercambio de disparos, Anguas, casi de la misma edad que Puig Antich, cinéfilo hasta la médula -había ido a Perpignan para ver ‘El último tango en París’ y otras películas prohibidas por Franco-  lector empedernido, quien presagiaba que tras la muerte del dictador tendría que producirse un cambio radical, y probablemente como algunos de sus compañeros en la comisaria de Vía Layetana podría haberse decantado personalmente en un sentido democrático y progresista.

 Lo inquietante de esta historia que produce escalofríos es que Puig Antich y Anguas pudieron ir a los mismos cines a ver idénticas películas, leer los mismos libros, frecuentar idénticos lugares…Calderón, en su libro, hace algo muy importante que viene a demostrar cómo el ensayo de calidad de historiador de nivel se da la mano con el periodismo de primera, siguiendo la pista a todos los personajes que intervinieron en esta tragedia. Empezando por las familias de Antich y los miembros del MIL , algunos todavía atrapados medio siglo después en ese pasado de difícil digestión, incluso en oficios que parecen contradictorios con aquellas identidades de juventud, y siguiendo por la desconocida familia de Anguas, donde años después se produjo en suicidio de la madre incapaz de asimilar la terrible muerte de su hijo; e incluso de alguna de las víctimas de esos atracos realizados con violencia.

 Calderón construye un relato extremadamente riguroso donde se pone en evidencia la agonía de una dictadura que no tenía otra respuesta que la de la represión, una sociedad convulsa, contradictoria, en ebullición, en un mundo en cambio en todos los sentidos después del 68 y sus derivados, dentro de un espacio como la Barcelona de la época, en un juego entre una burguesía conservadora y catalanista, y una clase trabajadora en busca de su espacio. Todos estos planos están bien reflejados en este libro, que viene a ser sin duda uno de los mejores que se han escrito sobre ese periodo de la Transición. Y cuya lectura deja al final un amargo regusto, como quien es invitado a pasear por un canal de aguas fétidas, en un relato donde hay demasiadas víctimas y llegan hasta nuestros días.  

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