Escrito por • 10:24 am• Política

Las batallas de Feijóo en su congreso

Inmaculada Sánchez

Alberto Núñez Feijóo ha adelantado el congreso nacional del PP para rearmar su liderazgo y a su partido. Será el primero de su mandato y en el que se debatirán asuntos orgánicos e ideológicos y se renovarán equipos. Un buen momento para que el gallego se defina entre tantos titubeos e indecisiones con los que ha marcado sus tres años en la presidencia de Génova. Futuro de Mazón, primarias internas, aborto y vientres de alquiler, inmigración, colaboración o competición con Vox… Feijóo, que sólo aceptó coger el timón del PP si se le ofrecía por aclamación, tendrá esta vez que nadar y marcar perfil propio, aunque le guste más guardar la ropa.

Será los días 5 y 6 de julio próximo en Madrid. Alberto Núñez Feijóo ha sorprendido tomando las riendas y marcando una fecha en el calendario para definir la estrategia del PP de cara a la próxima batalla por La Moncloa, aquella que perdió en 2023, también un mes de julio, cuando tenía ya contratada la mudanza para ocuparla. De entonces a acá, en Génova han tenido que asimilar que, por mucho que se desgañitaran, la legislatura caminaba y las siguientes y ansiadas elecciones no llegarían hasta su fecha prevista, 2027. Demasiado tiempo para un Feijóo necesitado de reforzar su autoridad en el partido frente barones y baronesas que pretenden marcarle la senda mientras aguardan cualquier tropiezo.

La convocatoria del congreso de julio se asienta en esa certidumbre de que Sánchez consiga llegar, como ha hecho hasta ahora contra viento y marea, al final de la legislatura. Pero también para estar preparado si sorprende con un incierto adelanto y abre las urnas de las generales el año próximo, cuando también tienen comicios dos importantes autonomías gobernadas por el PP, Castilla y León, en febrero, y Andalucía, en junio. Feijóo siente el aliento de sus barones cada vez que tiene que tomar una decisión de calado y pretende, se supone, que el congreso le dé herramientas para poder hacerlo con mayor libertad.

Para ello, el cónclave de los populares habrá de definirse en temas tan relevantes como la relación con Vox. La inmigración ha sido, precisamente, el motivo por el que los de Abascal salieron de los gobiernos autonómicos que compartían con el PP el año pasado, al negarse a aceptar el reparto de menores migrantes pactado con el Gobierno central. Desde entonces, los de Feijóo han bailado la yenka con la política propuesta al respecto desde Moncloa, negándose a que los repartos se hagan por ley y poniendo palos en las ruedas de los ya fijados. La tensión entre el PP que quiere jugar por el centro y el que no ve otra posible victoria si no es por la ultraderecha volverá a verse en el congreso de julio. ¿Sabremos entonces con quién está Feijóo y por quién dará la pelea?

Otros asuntos ideológicos, aparcados desde 2017 cuando el PP aprobó su última ponencia política en congreso, requerirán marcar posición por parte del gallego, como la reforma de la ley del aborto para volver a impedir a las jóvenes entre 16 y 18 años interrumpir su embarazo sin permiso de los padres o la regulación de la maternidad subrogada, que el Ciudadanos de Albert Rivera metió en los debates de la derecha y que cuenta con distintas visiones dentro del partido.

Más concreta es la decisión que Feijóo intenta no tomar desde hace meses respecto a Carlos Mazón y que, tras la convocatoria del congreso, parece haberse convertido en urgente, con presiones de todo tipo hacia al líder nacional y al controvertido President. Retirarle el apoyo para forzar su dimisión durante el verano es la opción que gana peso en Génova, aunque cómo transcurra el cónclave tendrá también mucho que decir al respecto.

Feijóo también querrá usar el congreso para frenar a latentes competidores y ya se está deslizando desde Génova que, muy probablemente, el sistema de primarias a dos vueltas, con el que, por ejemplo, ganó Casado a Sáenz de Santamaría en su día, sea revocado. Ayuso y otros barones tibiamente alineados con Génova, como López Miras, han defendido el voto de los militantes hasta ahora y si dan o no la batalla por ellos será también otro de los alicientes del congreso.

El presidente del PP se enfrenta, pues, a uno de esos retos que engrandecen, o hunden, a los líderes políticos. Llegó sin tener que pelear con nadie, en la confianza de que le esperaba la presidencia del Gobierno tal como auguraban la mayoría de las encuestas. Tres años después él mismo es quien ha convocado un congreso en el que habrá de librar batallas y decidir caminos. Veremos si la cita le sirve para erigir su figura o salir malherido.

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