Carlos Mazón, presidente de la Generalitat valenciana. /Foto:EuropaPress
Inmaculada Sánchez
Cuando aún hay que encontrar desaparecidos, rescatar cadáveres y despejar calles e infraestructuras la batalla política por la gestión de la trágica DANA de Valencia cede puestos en el ingente listado de necesidades. La indignación de las víctimas, sin embargo, ya clama por encontrar responsabilidades en los fallos que agravaron el desastre. Mientras, Feijóo deja solo a Mazón y Sánchez pone al Estado a funcionar esquivando los envites de un PP que nunca ha sabido hacer frente a las catástrofes.
El presidente de la Generalitat valenciana, Carlos Mazón, resulta más señalado cada día que pasa por la negligente gestión de las históricas riadas. Imposible eludir, pese a sus intentos en declaraciones y entrevistas, su tardanza de horas en emitir la alerta telefónica a los ciudadanos desde que la Agencia Estatal de Meteorología activara el nivel rojo de sus alarmas. Difícil encontrar un error con consecuencias más letales.
Las sucesivas contradicciones y posteriores cambios de estrategia en su relación con los recursos del Gobierno de la nación, el ejército o el ministerio del Interior, le han llevado, incluso, a que el mismo Feijóo, que fue el primero en querer protegerle criticando a los organismos dependientes del Ejecutivo central, pida una semana después que sea Moncloa quien le arrebate las riendas, decrete el estado de alarma y cargue con culpas y responsabilidades.
Aún es pronto para saber si la cogobernanza funcionará como debe y si es la mejor manera de hacer frente a las dimensiones de esta catástrofe
Sánchez, ya bregado, para su desgracia, en atender desastres e infortunios de calibre histórico, no ha aceptado el envite. Señalando a la pandemia como ejemplo ha apelado a la cogobernanza entre administraciones y ha aprobado un descomunal paquete de ayudas económicas y logísticas al tiempo que señala a Mazón y su gobierno para que gestionen y pidan los apoyos. ”Todos somos Estado”, no se cansó de repetir el presidente del Gobierno en su comparecencia del martes para explicar sus decisiones.
Aún es pronto para saber si esa colaboración funcionará como debe y si es la mejor manera de hacer frente a las dimensiones de esta catástrofe. Lo que sí empieza a percibirse como un habitual acompañante del PP en situaciones extremas cuando gobierna es el uso de la negación y la mentira.
Resulta dramático tener que recordar hoy la gestión del hundimiento del Prestige y los famosos “hilillos” de Rajoy con los que pretendía minimizar el cataclismo ecológico y económico que se cernía sobre la costa gallega. Más doloroso aún, por el número de víctimas mortales, rememorar los atentados del 11-M y cómo el Gobierno Aznar negó a conciencia dónde había que buscar a los responsables. Hoy, Mazón acusa, contra toda evidencia, a la AEMET o a la Confederación Hidrográfica del Turia de haber retrasado sus alertas. Incluso a la Unidad Militar de Emergencias, de no decidir cuándo, dónde y cuántos debían desplegarse, cuando es su propio gobierno quien lo solicita y debe dar la orden de acudir.
En esta semana, en la que también hemos de asumir que Donald Trump, y todas las mentiras sobre las que ha basado su campaña, vuelven a la Casa Blanca, toca empezar a construir defensas contra la desinformación, los bulos y las abiertas mentiras que ya usan sin pudor alguno políticos con altas responsabilidades como nunca habíamos visto. Nos va en ello no sólo la democracia sino, estamos viendo, hasta nuestra propia vida.

