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Las dos caras de… 

Ilia Topuria

Por Jano Luna

El ardor guerrero que distingue a Javier Ortega Smith, dirigente de  Vox, le llevó a saludar a Ilia Topuria, flamante campeón mundial de artes marciales mixtas, con un bélico «gracias por defender España». En verdad, no había defendido ni tan siquiera a Alemania —donde nació—, ni a Georgia —país de sus raíces—, en la pelea televisada desde Los Ángeles donde fulminó el australiano Alexander Volkanovski. Este último se declara hijo de padre macedonio y madre griega —Wikipedia, en cambio, afirma que son búlgaros—. Dado que Ortega Smith es hispano-argentino, el batiburrillo internacional justifica su desliz patriótico.

Cierto es que Topuria, 27 años, 1,70 de estatura y 66 kilos de peso, lleva mucho tiempo pregonando su amor hacia el país que le ha acogido desde 2008. Afincado en Alicante, luego de que su familia abandonara Georgia a punto de ser invadida y ocupada por Rusia, representa el espíritu de superación vía deporte de élite. Ya lo presagiaba su apellido, traducible por ‘el vencedor’.

Tras el triunfo, el DNI le ha llegado en tiempo récord y con la resonancia que pretendía. En lugar de solicitar la nacionalidad española por residencia abonando una tasa de 104,05 euros como tantos inmigrantes anónimos, los asesores del campeón le han montado una eficaz campaña de imagen, que ha situado en el foco de la actualidad a su atlética y magra figura de peso pluma.  

Primero se produjeron las visitas protocolarias a Isabel Díaz Ayuso y a José Luis Martínez-Almeida, proclives a promocionar todo cuanto signifique lucro y espectáculo de masas para la ciudad de Madrid. Presidenta y alcalde sostuvieron el cinturón —más bien enorme escudo hexagonal— que materializa la hazaña. Entre Puerta del Sol y Cibeles, el gladiador reiteró su fervor por el Real Madrid de fútbol, sin eludir su contrariedad por no haber recibido en su momento la felicitación de Pedro Sánchez.

Dicho y hecho. Airoso saque de honor con el empeine del pie derecho en el partido Real Madrid-Sevilla… y cálida recepción en Moncloa por parte del presidente del Gobierno. Sánchez se mostró relajado, frente a un pegador mucho más inofensivo que Alberto Núñez Feijóo y sus huestes en las refriegas verbales del Parlamento. Mostró sus poderes, incluida la sala del consejo de ministros, a un Topuria de sobria elegancia. Traje oscuro entallado y corbata gris perla. 

Le acompañaba su bella pareja, la estadounidense Georgina Uzcategui Badell, directora ejecutiva de Future & Energy. Empresa propia que propone «soluciones energéticas para un futuro sostenible». Ambos esperan el próximo nacimiento de una niña, que será hermanita de un niño fruto de una relación anterior del luchador. 

El consejo de ministros del 5 de marzo ha otorgado la nacionalidad española a Illia Topuria con la resonancia esperada. Tantas noticias óptimas encadenadas han aumentado los cientos de miles de seguidores en redes sociales, tanto de Georgina como de Ilia. Se incrementarán a la par los ingresos del nuevo ídolo, quien llevaba un tiempo visitando los platós televisivos para calentar motores. Hace meses confesó a David Broncano en La Resistencia, que ganaba entre 60.000 y 100.000 euros mensuales por la suma de peleas y patrocinios. Calderilla comparada con sus nuevos contratos.

Magnífica estrategia de comunicación, hay que reiterarlo. Ha involucrado favorablemente a políticos en el poder y en la oposición, ha abierto camino a una especialidad de lucha poco valorada en España hasta el momento. Se planean futuros combates de Ilia en el fastuoso estadio Bernabéu, pues la sombra de Florentino Pérez es alargada. Quizás se extienda la moda a ‘reality shows’ televisivos. Como sucede en Estados Unidos, donde las artes marciales mixtas se falsean en la tele, al igual que hacen aquí Masterchef y otros espacios seudogastronómicos  con el arte culinario.

¿De qué va esta especialidad deportiva, conocida por sus siglas MMA en inglés? Una práctica más espectacular que el boxeo profesional en decadencia, y más fiable que la lucha libre repleta de tongos. Dentro de una jaula octogonal los contendientes utilizan guantes, que dejan libres los dedos para agarrar al contrario. Los puños golpean sin piedad, los pies descalzos patean al contrario en zonas vitales. Combina técnicas seculares, desde la grecorromana a las orientales. Permite puñetazos, patadas, utilizar los codos y las rodillas, sumisiones y derribos. Cinco rondas, de cinco minutos cada una, es el tiempo máximo de hemorragias internas y externas que el público ovaciona.

En Estados Unidos la MMA hubo de enfrentarse a un apasionado del boxeo, el senador por Arizona y héroe de guerra John McCain, republicano rival de Donald Trump. Consideraba esta lucha como bárbara y violenta, y consiguió que se prohibiera en varios estados de USA. Su muerte en 2018, y la adopción de reglas más estrictas por parte de la organización rectora UFC (Ultimate Fighting Championship) zanjaron la contienda legal.Es muy posible que el actual presidente de UFC, Dana White, se siente una tarde-noche en el palco presidencial del Santiago Bernabéu. Representa el sueño americano de quien empieza trabajando de botones y llega a dirigente millonario en un deporte que aspira a extender su negocio por todo el mundo. ¿Seguirá apostando por Ilia Topuria, el chico fanfarrón y deslenguado en los entreactos de sus violentas peleas, pero sensato y amable en la vida cotidiana?

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