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Las dos caras de… Carles Puigdemont

Carles Puigdemont. /Foto Europa Press

Por Jano Luna


Heroico exiliado político para sus partidarios, medroso fugitivo de la justicia para sus detractores. La biografía de Carles Puigdemont i Casamajó —178 centímetros de estatura, 60 años de edad—, es tan zigzagueante que ahora mismo resulta imposible anticipar su futuro inmediato. Si en menos de un minuto fue capaz de labrarse el destierro, como puede leerse más adelante, cualquier sorpresa es posible en el currículo de quien domina el drama con igual maestría que la tragicomedia. 

Hasta hace seis años el mandato más corto como presidente de una nación se atribuía al mexicano Pedro Lascuráin. El 19 de febrero de 1913, desde las cinco en punto de la tarde hasta las seis menos cuarto —45 minutos, pues—, Lascuráin ejerció el cargo. Tiempo suficiente para cesar al titular de Interior, dimitir de la presidencia, y abrir la sucesión al nuevo ministro. Una marca difícil de superar, dirían las crónicas de la época.

Nada es imbatible en el libro Guinness de los récords. En la tarde del 10 de octubre de 2017, la multitud agolpada frente al Parlamento de Cataluña esperaba exultante el discurso de Puigdemont como liberador del yugo con el cual el Estado español asfixiaba al ‘poble català’. Había alcanzado de rebote la presidencia de la Generalitat de Catalunya, el 12 de enero de 2016, gracias al veto del partido anticapitalista Candidatura d’Unitat Popular —CUP—a su antecesor, Artur Mas, por presuntas corrupciones. Luego sucedió el referéndum y las consecuencias de sobra conocidas.

Cincuenta y seis segundos bastaron al `molt honorable president’ para anunciarse como nuevo presidente de la República Independiente de Catalunya —vítores y aplausos—, hacer una breve pausa —murmullos de mal rollo—, y aplazar la R.I.C.  —lágrimas y cabreo general—. Se cumplía el aserto del veterano historiador y economista Gabriel Tortellá, un año antes entrevistado en el diario La Razón: «Puigdemont es independentista, pero tiene miedo a la independencia».

¡Quién no tendría miedo en su lugar! Otro historiador ya fallecido, Josep Fontana, lo explicó sin rodeos: «La independencia solo se logra con una guerra de la independencia». A no ser que te llames Mahatma Gandhi, cabría agregar.

Con estos precedentes no debiera asombrar que el asalto a la actualidad por parte del actual miembro del Parlamento Europeo y Presidente del Comité para la República, se haya producido en otro octubre, el de 2023, al prestarse a negociar con Pedro Sánchez la gobernabilidad de España. Lo cual ayuda, indirectamente, a la continuidad de la monarquía constitucional. El Partido Popular, con su aliado Vox, no ha sido capaz de lograrlo, luego de semanas en blanco. Ni siquiera cuando Alberto Núñez Feijoo «declaró su respeto por Puigdemont, reconoció contactos indirectos con él, y le retó a dejar caer a Sánchez» (fuente: El País, 25/10/2023). 

No queda otro remedio que acudir a la celebérrima frase de Groucho Marx, que el actor jamás pronunció: «Estos son mis principios, y si no le gustan tengo otros». Como periodista de investigación que ha sido —o tal vez no—, Carles Puigdemont podría aclararnos que la cita se publicó en un periódico de Nueva Zelanda, allá por 1873.  

Lo único permanente en el político que ha sucedido a Jordi Pujol como sostén del gobierno central, reside sobre su cerebro. Pasan las décadas y seguirá siendo el quinto ‘beatle’, con el característico corte de tazón en los cabellos, al igual que los de Liverpool al principio de su carrera, cuando vestían chaqueta y corbata. Icónico es el video del catalán entonando a la guitarra el ‘Let it be’, con coros de Joan Laporta y distribución de Pilar Rahola en 2017. En castellano la canción se titula ‘Déjalo estar’. Impepinable.

Hay algo de lo que Carles Puigdemont puede estar satisfecho, sin necesidad de exigirlo al PSOE en la negociación. Su equipo del alma, el Girona Club de Futbol lidera la liga de España. Sea cual sea su clasificación al final de la temporada, tendrá mayor relevancia que encabezar la Lliga de Catalunya.

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