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Las dos caras de… Carlos Sainz

Dakar 2024

Por Jano Luna

Tal como la vida suele dar y quitar a cualquier persona, 2023 fue tiempo de alegría y tristeza para el campeón de rallies. Luego de que oficiara como padrino en las bodas sucesivas de sus hijas Ana y Blanca con sendos jóvenes de familias distinguidas, sufrió el dolor de despedir a su padre, Antonio, quien murió a mediados de julio. El patriarca había permitido que Carlos Sainz Cenamor, 62 años en abril próximo, abandonara Derecho muy joven —en segundo de carrera—, y se dedicara al automovilismo de alta competición, en donde ha triunfado mundialmente. Fue él quien le compró un Renault 5 para los trayectos a la universidad. Y, sobre todo, para que lo aprovechara en desafíos deportivos.

Su cuarta victoria en el rally Dakar, edición 2024 —que se celebra últimamente en Arabia Saudí, a más de seis mil kilómetros del paupérrimo Senegal porque los petrodólares mandan—, le ha consagrado como el abuelo más exitoso en esta prueba. A su edad nadie más arriesga el físico, brincando en paisajes lunares repletos de montículos y hondonadas, trampas letales que han causado la muerte del motorista Carles Falcón en la misma prueba.

También puede triunfar su vástago, Carlos Sainz Vázquez de Castro, 29 años, en la fórmula I, aunque de momento viva a la sombra de Fernando Alonso. El asturiano es maestro en el arte de manejar el volante y las tripas de su prototipo, y también en el manejo de las relaciones públicas. En más de una competición ha llegado Carlos muy por delante a la meta, pero las portadas y los titulares entusiastas los ha cosechado Fernando.

Nada que objetar por parte de los Sainz, familia multimillonaria que vive y tributa en Pozuelo de Alarcón, localidad con mayor renta de España por habitante. Pertenecen a una peculiar ‘beautiful people’ que se codea con lo más granado de la aristocracia, la gran empresa y la política de primer nivel, sin hacer ostentación de su riqueza. Pero la disfrutan con negocios muy boyantes, cuyos beneficios son públicos. Viven los padres en la hiperexclusiva urbanización ‘La Finca’, ocupando una enorme parcela donde se yergue un chalé, monumento de sobrio hormigón con estilo brutalista. Allí tienen como vecinos a jugadores del Real Madrid, club sobre el cual Carlos Sainz Sr. no oculta la devoción. 

Menos patentes, aunque indudables, son sus simpatías hacia el Opus Dei. Tanto él como su hijo se han declarado católicos confesos, pero nunca han manifestado que fueran miembros activos de la ‘Obra’. Si nos remitimos a los hechos, las coincidencias son evidentes. Sainz Cenamor estudió en el colegio Retamar, propiedad del Opus. Un centro de élite con alumnado sólo masculino. Para Sainz Vázquez de Castro se prefirió el British Council, regido por la misma organización religiosa, donde también se graduó su hermana Blanca.

El más veterano de los Sainz ha acudido al Retamar para recibir alguna distinción por sus triunfos, o para dar una charla sobre los valores —trabajo, disciplina, rigor, humildad, destacó—que le ha inculcado el Centro para su provecho profesional. En el plano político todo indica que vota al PP, si bien antes de los pactos PSOE-Podemos defendió un entendimiento entre los dos grandes partidos de derecha e izquierda. Su natural amigable y nada conflictivo se quebró en las arenas de Arabia Saudí. Alguien grabó una charla distendida, donde unos cuantos pilotos comentaban la situación en España. Con su bonhomía perenne, el campeón llama a Pedro Sánchez ‘asshole’, traducible por ‘gilipollas’. 

El aludido ha encajado —deportivamente— el vituperio. Inmune a que Rosa Díez lo definiera como ‘maquiavélico, psicópata y narcisista’ y, más recientemente, Isabel Díaz Ayuso mentara de mala manera a su madre en el Congreso de los Diputados, la ocurrencia del campeón habrá hecho gracia al presidente. Pues no ha dudado en enviarle un caluroso mensaje en X/Twitter por su nueva hazaña. 

Siempre debe felicitarse a los elegidos por los dioses. Carlos Sáinz ha revelado -sonriente—que, antes del durísimo reto, un sacerdote bendijo su coche y ningún otro. A continuación, le regaló una medallita que colgó en el habitáculo… con el éxito sobrehumano que todos conocemos. 

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