Escrito por 8:30 pm Las dos caras de...

Las dos caras de… Edmundo Bal

Edmundo Bal . Foto Marta Fernández / Europa Press

Por Jano Luna

7 febrero 2024

Con la mirada puesta en el dudoso fin del bipartidismo, crecen proyectos atomizados con la ilusión de actuar como bisagras en futuros gobiernos. No se trata ya de pequeñas formaciones, cuyos afiliados no llenarían la convocatoria en el bar de la esquina tras fletar un autobús para el traslado, sino de figuras individuales que consiguen reunir a un puñado de adheridos, procedentes de anteriores desencantos electorales. El jefe, la jefa, son la parte y el todo dentro de la cuadrilla. Formada por gente que sigue —durante no mucho tiempo— a un líder inasequible al desaliento de sus fracasos electorales. 

No sería del todo justo situar en esta tesitura a Edmundo Bal Francés, 56 años,  nacido en Huelva y recriado en Madrid. En la capital perdió el acento andaluz, estudió en un colegio católico de los rigurosos Agustinos Recoletos, y ganó las oposiciones a la abogacía del estado, lo cual significaba encerrarse en casa con el temario y renunciar durante unos años a los placeres de la primera juventud. Exigencia que tensa cuerpo y espíritu frente a las adversidades.

Hace poco ha presentado Nexo Plataforma, germen de un partido aún sin nombre, con la promesa de aportar «una nueva iniciativa política verdaderamente reformista, progresista y europeísta». Un eslogan que el propio Bal, esgrimiera en su anterior recorrido con Ciudadanos, antes de que el partido se desintegrara a fuerza de incoherencias ideológicas. De momento se conforma con obtener plaza propia de eurodiputado en Bruselas, el próximo 9 de junio. Le acompaña como segundo el expresidente de la Junta de Castilla y León, Francisco Igea, quien lo tendrá aún más difícil para fijar sus posaderas en el Parlamento Europeo.

La intención de ambos, a la inversa que los Tercios de Flandes, es asentarse en Bélgica para luego conquistar España.

El nombre del proyecto no ha sido precisamente un acierto marquetiniano. Si escudriñas la marca en Google, te expones a un riesgo aún mayor que apuntarte a un partido bisoño. El primer ‘Nexo’ que aparece en el buscador es un chiringuito donde te arruinarás especulando con criptomonedas. El segundo, una aplicación exclusiva para empleados de El Corte Inglés. El tercer resultado sí corresponde al nuevo empeño de Edmundo Bal.

Malentendidos aparte, el candidato rebosa honradez, credibilidad, buen rollo en suma. Su mayor problema, es que pocos le conocen, a pesar de que lleva cinco años en la política activa, y que muchos menos le conceden su confianza. No le vota ni su propio hijo, Edmundo Bal Jr. Y no es una metáfora. En 2021, su primogénito, estilo punk por entonces y grabaciones raperas en las redes —además de estudiar Filología Hispánica— declaró en el diario ABC que se abstendría en las elecciones a la Comunidad de Madrid, después de haber sido partidario de Pablo Iglesias. A papá ni agua, aunque le tenía en gran estima.

Barrió Isabel Díaz Ayuso. Podemos menguó. Ciudadanos y Edmundo Bal padre se hundieron conjuntamente. Pero este hombre enjuto, con físico y rostro de Quijote, no se rinde a los gigantes. Emulando a otro Edmundo mítico, de apellido Dantés y conde de Montecristo, resurge cada cierto tiempo de sus cenizas. Como cuando Dolores Delgado,  polémica ministra de Justicia, le destituyó como responsable de la sección penal de la abogacía del Estado, por negarse a rebajar las acusaciones de violencia contra los juzgados por el ‘procès’ independentista. 

Entonces le fichó Albert Rivera, en pleno ‘casting’ de mujeres brillantes y guapas para Ciudadanos —y de hombres brillantes, pues para guapo se sobraba Rivera—. Bal Francés alcanzaría el cargo de portavoz en el Congreso y, tras el abandono del fundador, perdería las primarias contra una desconocida Patricia Guasp, apoyada por Inés Arrimadas. De descalabro en descalabro, el partido naranja lo expulsó en septiembre de 2023, por sus manifiestas diferencias con la ejecutiva que le llevaron a anunciar el nacimiento de Nexo. Poco antes había asegurado que volvía a su puesto en la administración pública. 

Ha vencido ese gusanillo de la política, que parece enquistarse en la mente de ganadores y perdedores.

Close