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Las dos caras… de Florentino Pérez

Por Jano Luna

Florentino Perez
Foto Eduardo Parra / Europa Press


El primer protagonista de esta serie mide unos discretos 165 centímetros. Ha perdido peso en los últimos años, de modo que sus sempiternos trajes a medida —tono oscuro con corbata azul—se habrán adecuado a su anatomía gracias a las manos de Joaquín Fernández Prats, el sastre del Ibex 35. Un lujo razonable, que desmiente su aspecto de funcionario jubilado con nivel medio. O de ingeniero de Caminos, Canales y Puertos disfrutando de los nietos. Funcionario e ingeniero lo ha sido. Pero a los 76 años el presidente del grupo constructor ACS y del Real Madrid sigue ostentando la  condición de empresario más poderoso en España. Todo el mundo admira o detesta a «Tito Floren». Nadie sabría identificarle como Pérez Rodríguez.

Su trayectoria no es comparable con la de magnates históricos como Aristóteles Onassis, o contemporáneos como Mario Conde. Jamás se le ha visto en público disfrutando menús de ostras y champán con puro de postre, junto a hermosas mujeres. Tampoco se ha obstinado en blindar su futuro asaltando la presidencia del Gobierno. Ocupó cargos oficiales a partir de su afiliación a la Unión de Centro Democrático, donde compartió con Adolfo Suárez el gusto por la tortilla francesa y la ensalada de tomate. A partir de tal frugalidad, y de su común credo centrista, nació una amistad duradera entre ambos prohombres. Extinta la UCD, Florentino Pérez se pegó un castañazo, al igual que el resto de compañeros de viaje, con el fugaz y embarullado Partido Reformista Democrático. 

Ni la presidencia de Antonio Garrigues Walker, ni la candidatura de Miquel Roca Junyent —jugando al funambulismo entre CiU y PRD—, ni la labor oscura del secretario general Pérez Rodríguez, consiguieron un solo escaño en 1986. No bastó la financiación generosa de la banca, con el apoyo indisimulado del Banco de España. No es aventurado afirmar que, a partir del fiasco, FPR interiorizó lo mucho más rentable que resulta influir en las decisiones de los políticos, antes que suplantarles a corto o medio plazo. Mandatarios tan dispares como Jordi Pujol, Esperanza Aguirre, Alfredo Pérez Rubalcaba, Inés Sabanés, Manuela Carmena… se han rendido a sus argumentos empresariales. La lista sería interminable y no exige ser hincha del Real Madrid. Aunque, con la excepción de Pujol, el lugar de encuentro a la vista de todo el mundo ha sido y será el palco presidencial en el Estadio Santiago Bernabéu. 

Las dos empresas donde el gran emprendedor deja su impronta, ofrecen magnitudes muy diferentes. Grupo ACS facturó 33.615 millones de euros en 2022, y el beneficio se elevó hasta 668 millones En cuanto a los ingresos por explotación del Real Madrid Club de Fútbol, según las propias cifras de la entidad polideportiva alcanzaron los 843 millones de euros en el mismo ejercicio, con 11,8 millones en beneficio.

También entre las plantillas respectivas, es notable la divergencia. Al cierre de 2022, ACS contaba con 128.721 empleados en todo el mundo, y actividades en 99 países. Contrasta con los 1.610 directivos, empleados y deportistas que prestan sus servicios en la entidad deportiva, a 30 de junio de 2023. Habría que sumar los cerca de 100.000 socios, así como el contingente entusiasta y gratuito que significan los integrantes de las peñas, esparcidas por España y, en menor medida, por los cinco continentes. Todos ellos representarían los «valores y excelencia» del madridista, conceptos muy utilizados por Florentino Pérez. Dos términos rimbombantes en un colosal espectáculo de masas, donde comisionistas y dinero negro escapan a todo control. 

Como colosal es el remodelado estadio Santiago Bernabéu, que se inaugurará en 2024 con fecha a determinar. Un ovni metálico posado en el Paseo de la Castellana, cuyo coste ha pasado de los 500 millones de euros, previstos en 2019, a los casi 900 millones ahora contabilizados. La pandemia y la guerra de Ucrania serían principales responsables del sobreprecio. No hay problema entre potentados que se reparten la obra pública. La competidora directa de ACS, Fomento de Construcciones y Contratas, se ha hecho cargo de las obras. Su accionista mayoritario es el multimillonario mexicano Carlos Slim.

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