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Las dos caras de… Joan Laporta

Por Jano Luna

31 enero 2024

La profunda crisis económico-financiera del FC Barcelona, que no remonta ni la subasta a la baja de activos y derechos, se incendia con la penuria en los resultados deportivos. No hay dinero para nuevos fichajes que además sean eficaces. Los profesionales de la plantilla cobran por debajo de su valor de mercado, a la espera de que los triunfos mejoren la tesorería. Técnicos y directivos abandonan la nave averiada. 

En una empresa convencional y relevante se hubiera producido la suspensión de pagos —la actual es encubierta—, seguida de la quiebra —la actual es técnica—. Pero el fútbol nada tiene que ver con las leyes del buen gobierno. Su gran debilidad y también su gran ventaja. 

Bien lo sabe Joan Laporta i Estruch, 61 años, quien reúne la experiencia profesional precisa para encandilar a la afición. Abogado con bufete propio, conoce a la perfección los recovecos legales. Exconcejal del Ayuntamiento de Barcelona y exdiputado del Parlamento de Cataluña, domina las triquiñuelas populistas adobadas con el victimismo ‘indepe’. Su carácter extrovertido, —‘simpatía arrolladora’ dicen sus seguidores— le permite sortear cada sospecha de irregularidad sin perder los nervios. Aunque haya utilizado en su campaña electoral —y enseguida despedido—, a Lionel Messi.  Arriesgada manipulación de la magna leyenda culé.

Ha conseguido, de momento, esquivar las graves acusaciones de corrupción arbitral que pesan sobre él, y sobre sus antecesores más próximos en la presidencia del Barça. Tampoco ha pesado en su contra colocar en nómina a familiares y amigos, algo frecuente tanto en el balompié como en la política. Mínimas críticas de los periodistas deportivos, donde abundan los estómagos agradecidos. 

Su primer mandato, entre 2003 y 2009, atravesó similares escollos a los de ahora. A su habilidad para vencer la presión de los adversarios y salir indemne por los pelos de una moción de censura, se sumó el concurso de notables como Johan Cruyff —asesor y también cliente de su bufete—, o de Pep Guardiola, entrenador primerizo que consiguió el mítico ‘sextete’ —seis campeonatos— en la temporada 2008-2009. Entre todos forjaron un equipo de ensueño con Messi, Iniesta, Puyol, Xavi, Piqué…

El retorno del ‘laportismo’ acusa el desgaste cronológico del protagonista. Veinte años mayor con evidente sobrepeso, arriesgando problemas de salud. En el verano de 2011, el entonces expresidente apareció en fotos robadas, prominente barriga al aire. Escanciaba en la cubierta de un yate una botella de champán francés, mientras fumaba un puro presuntamente habano, en compañía de conocidos y de hermosas mujeres. Antes y después de su divorcio, el dirigente ha demostrado ampliamente su faceta mujeriega. Dentro de ella, su relación con la actriz porno María Lapiedra.

Según los antisistema, el ‘pan y fútbol’ sustituyó al ‘pan y toros’ en los últimos años 40 del siglo XX, para frenar estallidos revolucionarios. Desde entonces el público ha acudido a los estadios —o se ha sentado frente al televisor— con su bocadillo favorito. No sólo eso, el deporte rey se ha convertido en espectáculo cósmico donde los ‘fans’ —fanáticos— desahogan sus frustraciones. Un negocio colosal con el supremo aliciente de los partidos entre los mejores.

Cuenta el líder catalán con que el presidente de la Liga Profesional, su supuesto enemigo Javier Tebas, siga sin asfixiar la economía del Barcelona con un control riguroso de las cuentas. Tendría consecuencias nefastas para los ingresos de ambas instituciones. A Florentino Pérez, antagonista principal de Laporta en los estadios, y sin embargo cómplice en la fantasmal Superliga europea, le interesa mantener la rivalidad histórica. Un negocio cada vez más global privilegia a los campeones. Tebas y Pérez harán lo necesario para evitar la catástrofe. 

El fútbol se sigue ajustando a la definición del escritor y humorista, hoy olvidado, Wenceslao Fernández Flórez: «Once señores, vestidos muy sencillamente y con extraño gusto, pretenden meter una pelota en una red sin el auxilio de las manos (…) se dirá que la empresa es muy fácil, y lo sería en efecto si otros once jóvenes de ideales idénticos, aunque referidos a la puerta de enfrente, no se opusieran a ello con incansable actividad». Tal es el producto. Si la pelotita no entra, aviado está el perdedor. 

Uno de los escasos argentinos no aficionados, Jorge Luis Borges, escribió una sentencia a la vez despreciativa y alentadora: «El fútbol es popular porque la estupidez es popular».

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