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Las dos caras de… Nadia Calviño

Foto: Ricardo Rubio / Europa Press

Por Jano Luna

27 de diciembre de 2023

Los próximos seis años en la vida profesional de Nadia Calviño, a partir del 1 de enero, van a ser sumamente gratificantes. Primero, porque ocupa la presidencia del Banco Europeo de Inversiones, uno de los cargos más poderosos en el entramado institucional de la Unión Europea. Segundo, porque en cada ejercicio va a administrar créditos a largo plazo —con coste razonable—, en torno a 60.000 millones de euros para propulsar empresas privadas y sector público. Tercero, porque va a desarrollar su trabajo con el asesoramiento de casi tres mil expertos financieros en nómina. Cuarto, porque respirará un aire menos contaminado que el de la movida política madrileña.

La coruñesa Nadia Calviño Santamaría tiene 55 años y supera los 160 centímetros de estatura mediante discretos tacones, disimulados por el pliegue de los pantalones en sus trajes de chaqueta, siempre con colores vivos y corte elegante. Definida por unos como tecnócrata liberal —de centro-izquierda por otros—, sin adscripción a partido político alguno, se licenció en Ciencias Económicas y en Derecho con notas excelentes. A los 30 años era subdirectora de Análisis Macroeconómico y Previsión en el Ministerio de Economía y Hacienda, comandado por Rodrigo Rato en el primer gobierno de José María Aznar. 

Directora general de la Competencia en 2006, comenzó su carrera internacional —germen del puesto actual— ese mismo año, con un desempeño similar en la Comisión Europea. Mérito a reseñar ha sido su dominio de los idiomas inglés y francés, y el correcto uso del alemán. Su fama traspasó fronteras cuando accedió, en 2018, a la dirección del presupuesto comunitario, donde administraba un billón de euros. En ese momento recibe la llamada de Pedro Sánchez y renuncia a dos tercios de sus ingresos, para ejercer como vicepresidenta del Gobierno en el ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital. 

Doce años en Bruselas y seis en Madrid. Es muy posible que para aceptar la oferta, plagada de incertidumbres, en un gobierno PSOE-Podemos con apariencia inestable, exigiera ella —o sugiriera Sánchez— un premio de relumbrón por gestionar la crisis económica en tiempos de pandemia, inflación y guerras no tan lejanas. Salvados tantos escollos, a los que sumar una oposición encarnizada por parte de PP y Vox, Nadia Calviño viaja a Luxemburgo como si en lugar de haber padecido tormentosos consejos de ministros y haberse desayunado cada mañana con bilis informativa, hubiese disfrutado el sexenio en un balneario. 

No marcan su rostro profundas ojeras, como en los de otros/as colegas de gabinete. Tal vez, ventajas de ser independiente y haber merecido el respeto de sus contrincantes, En su despedida en la Cámara Alta, justo antes de Navidades, la vicepresidenta se encaró con Alicia García, senadora por el Partido Popular. Escuchó relajada la imputación de todos los males en su persona. Luego tomó el micrófono y respondió, elevando el tono más de lo acostumbrado, con referencia a un producto típicamente galaico.

«Tienen una empanada mental con la situación económica del país. A ver si intentan dejar atrás este ruido, esta crispación, este insulto y este ataque personal y podemos pasar a una fase un poco más constructiva que es lo que España necesita, especialmente en un mundo tan complejo como el que nos toca vivir».

Entrevistada por Carlos Alsina en Onda Cero, y preguntada por el malestar de tantos españoles con el caso Puigdemont, respondió con un quiebro: «lo que a uno le pide el cuerpo a lo mejor no se corresponde con lo que es mejor para el país». Para subrayar que «el diálogo es el camino que hay que seguir».

Jefa exigente sin asomo de malhumor, según quienes han trabajado con ella, va a disfrutar de un entorno respetuoso, con los veintisiete ministros de Economía de la UE como colaboradores de lujo en el Consejo de Gobernadores del BEI. Más amigables que lo habrán sido Pablo Iglesias o Yolanda Díaz en las sesiones de Moncloa. Sin desdeñar sus nuevos ingresos, cuatro veces superiores a los de vicepresidenta en España. Unos 30.000 euros mensuales —menos el 45% de impuestos— a los que añadir sustanciosos beneficios libres de tributos en razón del rango, vivienda sin coste alguno y generoso plan de pensiones. Sin problemas para cubrir gastos, en un país donde el ciudadano medio tiene un presupuesto mensual de 3.210 €.

En contrapartida se observan nubarrones. Deja una herencia gravosa en la cartera del ministerio de Economía, que habrá de enfrentar recortes en el gasto, además de reducir la cuantiosa deuda pública, equivalente a 1.577.266 millones de euros en el tercer trimestre de 2023.  Por imperativo de la Unión Europea, su nuevo hábitat.

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