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Las dos caras de… Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, a su salida del acto de jura de la Constitución ante las Cortes Generales, en el Congreso de los Diputados, a 31 de octubre de 2023, en Madrid (España). Eduardo Parra / Europa Press

Por Jano Luna.


Para ilustrar con qué talante contemplan las opiniones públicas el perfil político de Pedro Sánchez Pérez-Castejón, es útil el binomio ‘a favor o en contra’. Bastaría con dibujar en este artículo dos cuadros enfrentados: los insultos en uno, los halagos en el opuesto. Disponemos de abundante material para resolver la dicotomía, con sólo adentrarnos en X/Twitter. Ese contenedor donde el perfume de las flores se entremezcla con el hedor del estiércol, sin que Elon Musk haga por evitarlo.

En este caso es arduo seleccionar entre millares de fragancias y  pestilencias. Cualquier persona que alcance notoriedad se expone igualmente a la lapidación masiva. En el universo político, los partidos alimentan el griterío. Directamente o a través de sus voceros.

A Sánchez no le basta con ostentar mejores atributos que los de sus antecesores en el cargo. Ciento noventa centímetros de estatura, 51 años —la edad de la madurez plena—. Su porte atlético ha suscitado miradas admirativas —difundidas por las cámaras— de la democristiana Ursula von der Leyen. Algo inconcebible por parte de Isabel Díaz Ayuso,  con simpatías neofalangistas, o de José Luis Martínez-Almeida, más próximo al Opus Dei. Aunque, seamos serios, las diferencias domésticas con ambas figuras se deben más bien a su ‘deriva’ con Catalunya —prólogo de la desintegración de España—, y a la práctica del ‘socialcomunismo’ —pórtico de la II Guerra Civil.

Mas allá de su físico, el presidente que mejor camina sobre la cuerda floja posee títulos universitarios asistiendo a clase, se maneja con soltura en castellano, inglés y francés, tiene experiencia previa en la empresa privada y en el ámbito europeo institucional. Incluso —de nuevo el ‘look’— ha eliminado las cicatrices de un acné mal curado. Según los expertos, mediante un tratamiento Láser CO2. ¿Rasgo de modernidad y/o de coquetería?

Personalicemos los vituperios. Para Santiago Abascal líder de Vox —partido emergente y enseguida menguante—, Pedro Sánchez es: «Autócrata, mentiroso, tramposo, ilegítimo, peligro público». Una ex compañera de fatigas socialistas, Rosa Díez, promotora de UPyD, o Unión Progreso y Democracia —formación rompedora y hoy inexistente— le califica de «psicópata». Robert Hare, canadiense experto en psicología criminal, define esta anomalía como la de «un depredador de su propia especie que emplea el encanto personal, la manipulación, la intimidación y la violencia para controlar a los demás y para satisfacer sus propias necesidades egoístas».

Una definición científica que encantará a las legiones de odiadores antisanchistas.

Quedan por aportar las posiciones favorables al personaje. No es preciso investigar demasiado. El periodista conservador José Antonio Vera, nada proclive al presidente en funciones, lo considera «osado no, lo siguiente». De ahí explica «la base de su éxito». ¿Necesita Sánchez que alguien lo defienda? 

Creo que no. Cuando hasta sus ministras Irene Montero e Ione Belarra le ponen de brete en brete, con sus estridentes cantos del cisne republicanos, sale al quite con capotazos de audacia extrema. Su libro «Manual de resistencia», escrito con la inestimable colaboración de Irene Lozano —exUPyD y ahora directora general de la Casa Árabe en Madrid—, era un anticipo de su testarudez a prueba de cornadas. 

Nos tiene acostumbrados en los debates a exponer sus logros económicos y sociales, su victoria sobre la pandemia, sus reflejos ante las guerras de Ucrania y Gaza… Escenarios titánicos. Para achantar del todo a sus rivales, reitera una frase contundente: «Soy el presidente del Gobierno». Lo que puede interiorizarse por el aspirante como: «Disfruto de un cargo singular, reservado a una élite, que seguramente tú nunca alcanzarás».

No necesita puntualizar que, contra los medios de información hostiles que bombardean su gestión política, dispone del Boletín Oficial del Estado, el diario más poderoso y eficaz en España. Y si, pronto o tarde, un candidato del Partido Popular accediera a la presidencia, debería agradecerle que haya allanado los pactos con los independentistas catalanes de derechas —tan bien explotados por José María Aznar—, mediante una amnistía que, de momento, el PP juzga fuera de la ley.

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