Escrito por 9:22 pm Las dos caras de..., Ojo Avizor

Las dos caras de… Rafael Nadal

Fotos EuropaPress

Por Jano Luna

El considerado mejor deportista español de todos los tiempos desafía este mes de enero al paso implacable del tiempo, y a los sufrimientos propios del tenis de alta competición. Participa en el torneo de Brisbane, Australia, tras siete meses de baja, pasando por el quirófano y recuperándose de una lesión dolorosa en el músculo psoas ilíaco izquierdo, que va desde la cavidad abdominal a la parte anterior del muslo, afecta al juego de la cadera e inhabilita para competir.

Un parte médico que hubiera forzado el abandono definitivo de cualquier profesional menos tenaz. Rafael Nadal Parera cumplirá 38 años en junio y mide 185 centímetros en un cuerpo de pura musculatura. Su argumento es sencillo: «No merezco retirarme con una rueda de prensa». El reto, más que honroso. Hacer un papel digno en los cuatro torneos de ‘grand slam’ —o en aquellos a los que decida concurrir—, participar en los Juegos Olímpicos de París en agosto, mantener el duelo con su gran rival en activo, el serbio Novak Djokovic…

…Y retirarse en 2024, si su estado físico resiste el calendario. La Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) le permite participar en el Abierto de Australia, en Roland Garros, en Wimbledon, en el Abierto de Estados Unidos. A pesar de su baja posición en el ‘ranking’ consecuencia de la inactividad, su historial posibilita el privilegio: veintidós ‘grand slams’ y dos oros olímpicos. La tierra batida de Roland Garros es su superficie favorita. Allí donde ha vencido en catorce ediciones, con la admiración de los espectadores de todo el mundo, incluidos los franceses, menos una sonada excepción que se leerá más adelante.

Dos grandes entre los grandes culminaron su carrera con triunfo en Australia: Ken Rosewall y Roger Federer, su contrincante y sin embargo amigo. Ambos con 37 años, en el ocaso de sus trayectorias. Nadal se encontraría al borde de otro récord histórico, esta vez cronológico.

Es casi evidente que no retorna por dinero. El ‘casi’ alude a sus compromisos con empresas patrocinadoras. Un deportista de élite es la enseña más valiosa de las multinacionales. Su fortuna actual permitiría vivir espléndidamente, durante toda la vida, a su hijo de quince meses, Rafael Nadal Perelló, y a sucesivas generaciones. Poco ostentoso, el astro no puede evitar que su riqueza trascienda. Publicitada por las propias marcas y por el morbo periodístico de escarbar en el patrimonio de la gente muy rica.

El catálogo impresiona. Hoteles de lujo en México. Inversiones en restaurantes ‘top’, con socios de lujo como Pau Gasol y Enrique Iglesias. Negocios inmobiliarios y de energías renovables, sociedades de inversión. Luce en las pistas un reloj de muñeca patrocinado,  que cuesta 900.000 euros. Viviendas de lujo en Mallorca, su tierra natal, y en República Dominicana. Una colección de coches KIA con alta cilindrada, suministrados por la compañía que anuncia en prensa y televisión. Automóviles de alta gama donde no falta un Ferrari.

En un vídeo del canal de Youtube que gestiona Nico Rosberg, ex piloto de fórmula 1, el propio Rafa muestra a los seguidores el interior de su espectacular yate, valorado en 6 millones de euros —cuatro cabinas dobles para invitados, salón de ‘chill out’—, durante más de un cuarto de hora y con la naturalidad que le caracteriza.  

En compensación a tanta opulencia, Nadal financia anualmente, a través de una fundación propia, estudios y formación en tenis a veintitrés jóvenes con aspiraciones. En 2018 su imagen apareció en la portada del diario británico The Times. Vestido como un obrero, calzando botas de agua, ayudaba con un cepillo barrendero a limpiar de barro las calles de Mallorca asoladas por un torrente.  

A pesar de que paga sus impuestos en España sin rechistar, y no se ha afincado en Mónaco como Djokovic y otros competidores, ha sido blanco de las críticas de Unidas Podemos. Desde este partido no le han atacado por su enriquecimiento, forjado a base de sudor y lágrimas. En aquel mismo año torrencial, el diputado del partido de izquierdas en la Asamblea de Madrid, Isidro López censuró en Twitter que se decantase por nuevos comicios antes de aceptar el gobierno de coalición PSOE-UP: «Nadal quiere elecciones. A mi sin embargo me gustaría que dejase de practicar un tenis soporífero, defensivo, hipermusculado y pasabolas». 

¿Opinión especializada o cresofobia —odio al rico— enmascarada?

Mayor trascendencia tuvieron en 2016 las corrosivas acusaciones de dopaje por parte de Roselyne Bachelot, entonces ministra francesa de Sanidad y Deportes con Nicolas Sarkozy. «Nos enteramos curiosamente de que un jugador tiene una lesión que le mantiene meses alejado de las pistas. Sabemos más o menos que la famosa lesión de Rafael Nadal que le mantuvo siete meses sin competición —entre 2012 y 2013— fue seguramente debida a un control positivo». 

El aludido recurrió a los tribunales, ganó, y la denunciante fue condenada por difamación a pagar 10.000 euros, más costas. El campeón dedicó la indemnización a fines sociales.

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