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Las dos caras de… Shakira Mebarak

Por Jano Luna


¿Existe explicación a que tantas ‘megaestrellas’ del pop, con presencia imponente en escenarios colosales, sean bajitas? Lo demuestran tres de las más rutilantes. Lady Gaga, 151 centímetros y 37 años; Shakira,157 centímetros y 46 años; Madonna, 161 centímetros y 65 años. Aparte de la característica anatómica, las tres divas coinciden en una afición común entre las estrellas del espectáculo: han sufrido tropiezos con Hacienda en determinados momentos de su vida.

Shakira Isabel Mebarak Ripoll se lleva la palma, y hasta la palmera. La colombiana ha protagonizado hace unas fechas uno de esos episodios que quiebran a la opinión pública, manteniendo vivo el mito de las dos Españas. Derechas e izquierdas se han enzarzado en las redes virtuales, a favor o en contra de la divorciada con rostro angelical. Y con coeficiente intelectual, según dicen, de 140. Más que respetable.

Tras aceptar en un juzgado de Barcelona el abono de 23,8 millones de euros a la Agencia Tributaria, ha ha desaparecido de los puestos más altos en el ‘hit parade’ defraudatorio, asumiendo culpa y multa para evitar la cárcel. No es que las dos Españas hayan hecho sangre con el ‘show’ fiscal. El sector progresista ha censurado que una multimillonaria se libre del trullo pagando lo que para ella es calderilla. El sector neoliberal ha invocado una vez más a Milton Friedman y a su mantra, «donde está mejor el dinero es en el bolsillo de los ciudadanos». 

La ropa de Shakira está diseñada para realzar su envoltura corporal, inmune al paso de los años, y no deja hueco a los bolsillos. Gracias a ello se permite exhibir complementos de lujo extremo. Se calcula que su patrimonio bursátil —de bolsos, no de Bolsa—, está invertido en unos 500 artículos con precio medio de 1.400 euros. Medio millar de accesorios, insuficientes para guardar una fortuna que la revista Forbes estima en 300 millones de euros. Cálculo posiblemente corto. La cantante pertenece al estrato social que hace las delicias de los paraísos fiscales.

Asimilada la sanción, la ‘ex’ de Gerard Piqué se ha quejado con amargura de que ha aportado a las arcas públicas hispanas unos 90 millones de euros en años recientes. Con los ingresos netos resultantes se ha permitido otros antojos ‘glamurosos’, entre ellos el calzado de lujo. No solo zapatos y botas, también zapatillas deportivas. En general prefiere los modelos con alzas de cuatro centímetros, que alargan sus piernas bien torneadas. 

Entre visitas a juzgados y espectáculos multitudinarios donde cosecha aplausos y galardones incesantes —contabiliza catorce premios ‘Grammy’—, la estrella, dosifica sus esfuerzos de trabajo humanitario, dentro del colectivo que un cantante menos agraciado, Jacques Brel, llamaba ‘damas de la beneficencia’. La tarea consiste en conceder donaciones a los desheredados y en la creación de instituciones sin ánimo de lucro, filantropías ambas con deducciones tributarias. Cada equis tiempo viaja a su ciudad natal Barranquilla para visitar la Fundación Pies Descalzos. Posa junto a niños pobres, a quienes ha salvado del analfabetismo, y concede entrevistas donde desgrana sus proyectos solidarios. Marketing social.

Indudablemente la ‘reina del pop’ necesita un trono digno de su excelencia. Trascendió en 2018 la adquisición de un capricho japonés de alta tecnología para su casa de Barcelona. No un automóvil de altísima gama — también los posee— sino un objeto de uso más íntimo. Se trata de un asiento que, entre otros muchos avances, permite controlar la temperatura con cuatro funciones calefactoras, e ilumina su interior con suave luz LED en color azul. El ingenio dispone además de botones laterales para generar un lavado frontal y trasero, con secado final.

Tal como estableció Sigmund Freud en ‘El carácter y el erotismo anal’, dinero y heces son símbolos equivalentes.  

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