Escrito por 1:42 pm Política

Las izquierdas que no suman solo restan

Inmaculada Sánchez

Los resultados del 9-J han decapitado prematuramente al ambicioso proyecto político de Yolanda Díaz, de nombre Sumar. La díscola ‘heredera’ de Pablo Iglesias quiso edificar desde cero porque según su discurso esto no iba “de siglas ni de partidos, sino de la gente”, como si Podemos o Izquierda Unida hubiesen construido su historia con ectoplasmas. Una tras otra, todas las convocatorias electorales de este año se han saldado con abultadas derrotas para Díaz y tras su dimisión como coordinadora general de Sumar la confusión y el desconcierto campan a sus anchas a la izquierda del PSOE. Toca reflexionar, toca reconocer errores y toca sumar de verdad.

Cuando en noviembre del pasado año se constituyó el actual Gobierno con el veto expreso de Yolanda Díaz a la continuidad de Irene Montero, la vicepresidenta y ministra de Trabajo estaba dando el paso definitivo hacia la ruptura con Podemos. En esas fechas lanzaba yo esta pregunta en ‘ojoavizor’: “¿Alguien en Moncloa ha echado cuentas sobre el precio del desafecto morado en la legislatura?”. La tribuna se titulaba ‘El factor morado’ y pretendía alertar de los peligros que para el Gobierno de coalición y sus heterogéneos electores tendrían abruptas divisiones como la que se fraguaba con la exclusión de Montero.

El argumento desde las filas de Díaz, y aceptado por el PSOE, era que los morados y, en particular, su principal activo, la exministra de Igualdad, “restaban” en las candidaturas, en el Gobierno y en el grupo parlamentario. La transversalidad, tejida desde una ciudadanía libre de ataduras con las ‘tóxicas’ siglas, se convirtió en el nuevo mantra sumatorio de Díaz mientras sus mítines se renombraban como ‘procesos de escucha’. 

El resto de partidos aglutinados en torno al proyecto, y que asistieron impasibles al destierro de Podemos, empezaron a recelar cuando el grupo parlamentario se organizó sin criterios de representatividad o se retrasaba la asamblea constituyente de Sumar como organización, dejando en manos de Yolanda Díaz decisiones cruciales para el ciclo electoral que se abría en 2024.

Izquierda Unida, la organización más potente territorialmente, con más cargos públicos y más historia de las que confluyen en Sumar empezó a hacer visible su descontento aunque optó por la unidad en las sucesivas convocatorias electorales. Tras la marcha de Alberto Garzón el veterano Antonio Maíllo se impuso en las primarias a la joven ministra Sira Rego apostando por una IU “más pegada al territorio, al conflicto y al trabajo institucional”. Tras el anuncio de Díaz, Maíllo no ha perdido tiempo en dar a Sumar por “superado como movimiento aglutinador” y en pedir una fórmula “más horizontal”.

Hasta los más entusiastas de la ministra de Trabajo, como Más Madrid, con su líder, Mónica García, formando parte del Gobierno, ha reclamado, también, una toma de decisiones más compartida y más territorialidad en la estrategia. Todos han retrocedido en votos y sólo Sumar y Compromís estarán en el europarlamento los próximos cinco años. 

La legítima emancipación de Pablo Iglesias perseguida por Yolanda Díaz al asumir el liderazgo del espacio dirigido hasta entonces por Podemos no la exculpa de los errores que ahora se la reprochan. La unidad de las izquierdas a la izquierda del PSOE es más necesaria que nunca visto el sostenido avance de las ultraderechas.  Y la breve experiencia de Sumar confirma que cuando la suma no se hace bien solo se resta. 

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