Escrito por 3:24 pm Economía

Las lecciones que se pueden extraer de las elecciones catalanas

Carlos Berzosa

Los resultados de las elecciones catalanas proporcionan unos resultados en términos generales muy positivos, aunque haya algunos elementos negativos y preocupantes. En primer lugar, conviene destacar la importancia que tiene el hecho de que los partidos independentistas no hayan alcanzado la mayoría absoluta, lo que de momento elimina cualquier posibilidad de tener veleidades independentistas. En segundo lugar, el éxito que ha logrado el PSC, cuyo mérito principal corresponde a Salvador Illa, pero sin olvidar la labor realizada por el conjunto del partido. Un ascenso que supone ganar en votos y escaños, que a su vez supone un espaldarazo a las medidas tomadas por el gobierno de Pedro Sánchez. 

El hundimiento del independentismo ha sido achacado por algunos analistas, con más conocimiento que yo de la realidad catalana, al cansancio de parte de la sociedad, pero a este hecho es posible que haya que añadir el pesimismo derivado de la experiencia sufrida que ha puesto de manifiesto la imposibilidad de lograr la independencia, lo que ha conducido a un nivel elevado de abstención. A su vez la obsesión de los partidos independentistas por mantener vivo el espíritu del procés ha conducido a relegar los problemas sociales que los ciudadanos sufren en los años posteriores a 2017 como consecuencia de la pandemia y de la inflación. Según mis fuentes de información la gestión del gobierno de la Generalitat ha dejado mucho que desear. Así se padecen carencias en la salud y educación pública, al tiempo que se padece la desigualdad y exclusión social de un porcentaje de la población.

Cataluña es una Comunidad Autónoma de las más desarrolladas dentro de España debido a que representa el 19% del PIB, así como la principal exportadora el 25% de las ventas totales al exterior. Ha sido y sigue siendo un motor esencial en el crecimiento de la economía española con un amplio sector industrial. Pero ello no evita que se den privaciones. El poner el acento en los problemas sociales ha influido en la victoria del PSC y ha sabido conectar en mayor medida que otros partidos con las inquietudes y las necesidades sociales de los ciudadanos. 

Una lección muy importante que conviene destacar ha sido la política llevada a cabo por el gobierno de coalición como los indultos y la amnistía. Se pone de manifiesto que el camino a seguir es el diálogo y el perdón y no la represión y la venganza como predican el PP y Vox. Estos resultados tienen que hacer ver a los que se encontraban reticentes dentro de la propia izquierda acerca de la amnistía que el camino que se ha seguido es el acertado a juzgar por los hechos. Han pasado además cerca de siete años de la declaración unilateral de la independencia y es el momento de resolver un conflicto que se había creado durante el mandato del PP, y que al gobierno actual le ha tocado arreglar. 

He escuchado también a tertulianos decir que los indultos y la amnistía les daban alas a los independentistas, como así manifestaban los dirigentes políticos al insistir en que no habían hecho nada punible, que lo volverían a hacer, además de pedir el referéndum. Un análisis que se movía más en la superficie y en el postureo de los políticos sin tener en cuenta lo que realmente es fundamental como es el efecto que esas medidas tenían en la sociedad. Mientras el globo del independentismo se estaba deshinchando se seguía haciendo un discurso muy ajeno a los cambios que se daban en la sociedad catalana. Hay que mirar menos hacia arriba y más hacia abajo.

No todo ha sido positivo, en el lado negativo de la balanza se encuentra el ascenso de la ultraderecha con la entrada de Alianza Catalana en el parlamento. Al tiempo que Vox se mantiene y parece que consolida su posición. Este es sin duda uno de los problemas principales que hay que afrontar ante el peligro que supone para la democracia y los derechos políticos y sociales las posiciones racistas, xenófobas y homófobas.

 El PP ha tenido un ascenso notable, pero no tanto como sus dirigentes nos quieren hacer ver. Como dice Vidal-Folch en El País del 13 de mayo: “El Partido Popular aparenta alcanzar un resultado muy satisfactorio. Ahí es nada quintuplicar los escaños. Pero si se rasca bajo esa superficie, se trata de un logro bastante pírrico. Su 10.9% equivale a poco más que añadir a los que conserva de 2021(el 3.85% del total) el grueso de los que entonces fueron a parar a Ciudadanos (5.58%): en conjunto el 9.43%”. Lo inquietante del PP es que no tiene una alternativa para Cataluña, cada vez se aproxima más a las posiciones de la ultraderecha, como se ha podido comprobar con el discurso de Feijóo sobre la emigración. Un partido que se muestra cada vez más como destructor que constructivo. 

Ahora bien, con estos resultados nos enfrentamos al dilema principal, la dificultad de formar gobierno. No voy a entrar en las conjeturas posibles, eso se lo dejo a los políticos que tienen tiempo para conversar y negociar. De ellos es la responsabilidad de gestionar la voluntad que los ciudadanos han expresado en las urnas. Espero que tengan responsabilidad suficiente para evitar una repetición electoral, que sería muy negativo, pues es posible que no cambiara el panorama actual y agudizaría el cansancio y la fatiga de los electores. Es el momento de priorizar las necesidades económicas y sociales y saber hacer política en tiempos difíciles.

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