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Las nacionalizaciones dejaron de ser dogma de la izquierda trocándose en retribución de  adhesiones 

Sánchez se valió de Murtra para cargarse a Fernando Abril en Indra y a Pallete en Telefónica, premió al fontanero  Juan Manuel Serrano con la presidencia de Correos y colocó a gente del PSC al mando de RENFE y AENA

Marc Murtra, presidente de Telefónica

José García Abad 

El nombramiento de Marc Murtra como presidente de una Telefónica recuperada para el Estado y el cese, en el palacio de la Moncloa, de José María Álvarez-Pallete y mirando más atrás la mala gestión como presidente de Correos durante cinco años del ex jefe de gabinete del presidente del Gobierno Juan Manuel Serrano a quien Sánchez colocó como director general de la empresa pública de autopistas que reúne a las autopistas “rescatadas” en 2017, entre otros casos  me dan pie para reflexionar sobre el ámbito empresarial de los gobiernos.

Juan Manuel Serrano

Es fácil observar cómo ha cambiado en la izquierda el dogma de las nacionalizaciones, un tanto  residual en los programas socialistas que fue preconizada por los marxistas “ortodoxos” de Alemania y Austria, Karl Kautsky, August Bebel, Gueorgui Plejánov Antonio Labriola, Otto Bauer y Rudolf Hilferding entre otros frente a la corriente revolucionaria seguidora de Lenin y Stalin lo que les valió el insulto comunista de “socialtraidores”. 

Esta posición reformista fue asumida tras la segunda guerra mundial y, desde luego de la guerra civil española por la totalidad de los partidos socialistas europeos. 

Sirvió de modelo en 1972 el “programa común” de la izquierda francesa basado en nacionalizaciones de grandes empresas bajo la dirección del socialista François Mitterrand en compañía del comunista Georges Marchais y de los radicales de izquierdas de Robert Fabre. A pesar del fracaso del “programa común”, dejó en Francia un reguero de empresas públicas que en algunos sectores se ha mantenido hasta el momento. 

El fracaso de Miterrand sirvió de orientación, o quizás de coartada a los gobiernos de Felipe González, quien procedió a privatizaciones pausadas en lo que se denominó la técnica del salchichón, llevando a la bolsa de forma paulatina trozos del capital. 

Telefónica, joya de la Corona

José María Aznar, llegado al poder en 1996 procedió a una radical privatización en beneficio propio y de su partido,  donde se eternizaron sus amigos y aliados. Aznar utilizó Telefónica, la joya de la corona, a cuyo frente colocó a su compañero de pupitre Juan Villalonga  para hacerse con un imperio mediático. Ante el comportamiento loquinario de Villalonga Aznar colocó en la poltrona telefónica a César Alierta quien maniobró hábilmente para mantenerse en su deseado cargo con los sucesores de Aznar; con José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. Un buen ejemplo de resistencia del ilustre aragonés que no pudieron exhibir gente como Francisco González, Alfonso Cortina o Manuel Pizarro que cayeron bajo el gobierno Zapatero.

Cesar Alierta cumplió con Aznar al servirle como ariete contra su gran adversario el grupo Prisa, aunque hay que reconocerle el mérito de desprenderse de los medios informativos que controlaba la compañía, alguno de los cuales, vía Digital, nacido para enfrentarse al Sogecable de Polanco era una tremenda rémora para Telefónica. 

La habilidad de Murtra, presidente no ejecutivo, para conducir Indra 

La compañía experimentó con Aznar una falsa privatización, una nacionalización clientelar que la sostuvo y engrandeció gracias a contratos con el Estado. ASánchez le habían concedido los accionistas el derecho de matar pero no el de mandar pero Marc Murtra, presidente no ejecutivo. mostró una extraordinaria habilidad para conducir la compañía y manejarse con unos poderosos accionistas privados.

No debiera sorprender que Sánchez cesara a Fernando Abril Martorell de la presidencia de Indra la gran empresa tecnológica en la que el Estado con una participación del 18.7 % es el primer accionista. Como tampoco debería sorprender, y de hecho no sorprendió, el cese en su día por mandato de Sánchez de los presidentes de la Sepi, Navantia, Aena, Renfe, Adif, Correos, la  Agencia EFE, Puertos del Estado, Tragsa, Enresa, Enusa, Red Eléctrica, Loterías y Apuestas del Estado, o del de Paradores entre otros.

Sigue funcionando la Cesantía, narrada por escritores del siglo XIX y XX y de forma especialmente magistral por Pérez Galdós. Con una diferencia esencial. Ahora la cesantía no afecta a los probos y pobres funcionarios que no tenían donde caerse muertos cuando se producían cambios ministeriales sino a gente de buen vivir.

Tampoco sorprende hoy que Pedro Sánchez cese a los presidentes designados por el gobierno de Mariano Rajoy, que a su vez hizo lo mismo con los designados por José Luis Rodríguez Zapatero; como a este no le tembló la mano para cesar a los de José María Aznar; y menos a este que privatizó empresas públicas poniendo a su frente a sus amigos o correligionarios. Y así nos podemos remontar hasta los Godos. 

Derecho de matar pero no de mandar

En el caso de Indra lo que verdaderamente sorprende es que si bien el gobierno ha conseguido cesar al presidente impuesto por el gobierno de Rajoy pero no su propósito de que tenga poderes ejecutivos. El Gobierno se rindió ante las críticas de los principales accionistas de que el designado, Marc Mutra, (Reino Unido, 1972) que si bien exhibía cualidades técnicas por su formación de ingeniero industrial, gerente de Closa Investment Bankers y consejero en algunas empresas, es ante todo un político. Marc Murtra fue en efecto jefe de gabinete del exministro de Industria Joan Clos con quien continuó cuando este fue elegido alcalde de Barcelona pero su principal actividad fue de gestión empresarial. 

A  Pedro Sánchez le concedieron los accionistas privados, encabezados por la familia March, el derecho de matar pero no de mandar. A Murtra le dejaron el fuero pero no el huevo, que se lo comería Ignacio Mataix Entero quien se incorporó a Indra en febrero de 2018 como consejero ejecutivo con vinculación directa a Fernando Abril-Martorell. 

Mataix, licenciado en Derecho y Ciencias Económicas y Empresariales por ICADE y Master en CEO International Programme por IESE Business School había ocupado puestos directivos en grandes firmas multinacionales de banca de inversión, de ingeniería y de fabricantes de alta tecnología. 

Los March se opusieron inicialmente al relevo pero dieron marcha atrás al comprobar que con su paquete accionarial no podía impedirlo y al conseguir que mandaran como CEOs dos consejeros de su confianza. 

El resto de los accionistas privados son fondos de inversión extranjeros que tienen por norma no intervenir en los nombramientos de directivos y mucho menos enfrentarse con el Estado. Al estar Indra tutelada por el ministerio de Defensa los privados no se hubieran atrevido a rebelarse si hubiera tomado cartas en el asunto la ministra Margarita Robles, pues este departamento además de tutor de Indra es el principal cliente de la compañía en asuntos de seguridad y defensa.

Un caso atípico

Indra es un caso atípico que en sus 30 años de vida solo ha contado con tres presidentes, incluyendo a Marc Murtra. Sus antecesores son Javier Monzón de Cáceres (1992-2015) Fernando Abril-Martorell (2015-2021).  Una poderosa compañía de 50.000 trabajadores, con una facturación de más de 3.000 millones de euros. 

En realidad la empresa fue obra de Javier Monzón, economista madrileño, su fundador, quien había sido antes director de Banca Corporativa en Cajamadrid; Socio Director de Corporate Finance en Arthur Andersen; director financiero, presidente de Telefónica Internacional y director general de Telefónica. 

Indra fue el resultado de la fusión en 1992 de la compañía pública Inisel, que presidía  Monzón con un conglomerado de privadas entre las que destacaban Eritel y Disel. 

Acusado de financiar al PP y absuelto

Monzón fue acusado de financiar al PP en la trama Púnica (abril de 2015) de lo que fue absuelto. Indra realmente financió al PP pero Monzón alegó que no sabía nada del asunto y el tribunal le creyó. El diario El País informó en aquella fecha de haber efectuado sobornos a jueces, secretarios y fiscales de la Comunidad de Madrid y su número dos de Indra Javier de Andrés fue imputado en la trama Púnica y en la operación Lezo. Por cierto, el sucesor de Monzón, Fernando Abril mantuvo en el puesto a Javier de Andrés hasta diciembre de 2017.

Fue cesado durante el mandato de Mariano Rajoy, para ser sustituido por Fernando Abril Martorell, hijo de quien fuera vicepresidente en el gobierno de Adolfo Suárez, dedicado plenamente a la gestión empresarial.

Cómo fue cesado Fernando Abril

En el comunicado que envió Indra a la CNMV el 27 de mayo de 2021 se explica que la decisión fue tomada con unanimidad por el Consejo de Administración y previo informe favorable de la Comisión de Nombramientos, Retribuciones y Gobierno Corporativo. Esta Comisión está integrada por cinco miembros, de los que tres son consejeros independientes (Alberto Terol, Ignacio Martín e Isabel Torremocha) y dos dominicales: Santos Martínez-Conde, nombrado a propuesta de Corporación Financiera Alba, y Antonio Cuevas, a propuesta de la SEPI.

Fernando Abril-Martorell  po­dría re­cibir hasta 6,1 mi­llones de in­dem­ni­za­ción por distintos conceptos.

En nuestra opinión, en el cese de Abril y el nombramiento de Murtra se conjugaron varias razones e influencias: las de Salvador Illa, la de los sindicatos y la de la presidenta de la SEPI Belén Gualda.

Salvador Illa, exministro de Sanidad Salvador y a la sazón  jefe de la oposición en el parlamento catalán a quien el presidente Sánchez tiene en gran estima le pidió a este que colocara al frente de Indra al compañero del PSC Marc Murtra. 

A los sindicatos, UGT y Comisiones Obreras, no les importaba demasiado el nombramiento de Murtra con tal de que cesaran a Fernando Abril, campeón de los despidos. Un título justificado al apuntarse en el cinturón 14.000 despidos en tres de las empresas donde tuvo esa potestad: Telefónica, Prisa, e Indra en los últimos quince años. 

La SEPI fue sensible a las quejas sindicales por los ERES y el ERTE que se sucedieron en indra. Molestó también al Gobierno el intento de Abril de nombrar consejera a Rosa María García Piñero pues esta ocupaba el puesto de responsable de sostenibilidad de la Fundación de Alcoa en un momento en que el Gobierno se enfrentaba a esta multinacional por su decisión de cerrar sus plantas en Galicia y Asturias. Así como la resistencia de Abril-Martorell a sus indicaciones en las negociaciones para adquirir en el año 2019 ITP Aero, en manos de la británica Rolls Royce.

Telefónica, el gran reto de Murtra, esta vez presidente ejecutivo

Telefónica, que el 19 de abril de 2024 cumplió cien años, era más que una compañía, como el Barça es más que un equipo de futbol. Era una institución que acogía en su seno a personas de todo el ámbito parlamentario en busca de un buen empleo, como Manolo Pizarro, Rodrigo Rato,  Eduardo Zaplana, Alfredo Timmermans, Carlos López Blanco,  o Ivan Rosa, esposo de Soraya Sáenz de Santamaría, por el Partido Popular;  Javier de Paz, Narcís Serra, Trinidad Jiménez, Luis Solana, o Paloma Villa, esposa de Eduardo Madina, por el PSOE ; y por recomendación del Rey Juan Carlos, su yerno Iñaki Urdangarín, y quien fuera jefe de la Casa, Fernando Almansa. 

Telefónica, una compañía ligada al Ministerio de Defensa al proporcionar al Ejército servicios digitales y de telecomunicaciones, regresa al ámbito estatal por medio de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) adscrita al Ministerio de Hacienda. Sigue siendo una de las mayores compañías de telecomunicaciones del mundo con fuerte presencia en mercados principales como Alemania, Reino Unido y Brasil, entre otros. 

Con una participación del 10 % del Estado y un desembolso de este superior a 2.000 millones de euros se convierte en el primer accionista de Telefónica, justificada ante la CNMV pues Telefónica “desarrolla un conjunto de actividades que resultan de crucial relevancia para la economía, el tejido productivo, la investigación, la seguridad, la defensa y, en definitiva, el bienestar de los ciudadanos”.

Predominan los pequeños inversores que poseen el 50 % de la compañía y cuyos principales tenedores, con porcentaje del 5 %, son Caixabank y el BBVA. En la primera participa el Estado desde la adquisición de Bankia con un 17,3% de sus acciones en manos del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB).

Pedro Sánchez está escamado tras el desafío de los dirigentes de Repsol, su presidente Antonio Brufau y su CEO Josu Jon Imaz, que amenazan con desviar inversiones hacia Portugal. Ambas compañías, Telefónica y Repsol, fueron las más valiosas joyas de la corona que España privatizó plenamente. Brufau debería tomar buena nota por aquello de cuando las barbas del vecino veas pelar…

Cuando el Estado dejó de controlar la compañía

Decir, como suele decirse que la privatización de Telefónica empezó con Felipe González y concluyó con José María Aznar puede ser engañoso pues lo más relevante es señalar cuándo el Estado dejó de controlar la compañía. Lo fue José María Aznar que, en febrero de 1997, privatizó el paquete que conservaba el Estado en tiempos de Felipe González que alcanzaba el 20, 9 %. 

Telefónica nacía en 1924 cuando fue españolizada por la dictadura del general Primo de Rivera la que era una filial de ITT pasando a denominarse Compañía Telefónica Nacional de España” (CTNE).  Y fue propiamente nacionalizada por Franco en el año 1945 cuando el Estado adquirió el 79,6 % de las acciones de la compañía. 

En 1967 la empresa lanzó un paquete de acciones que llegaron a manos de pequeños ahorradores, las célebres “Matildes”, llamadas así por una campaña publicitaria protagonizada por José Luis López Vázquez, que decía: “¡Matilde, Matilde que he comprado telefónicas!”

Felipe González de la mano de Pedro Solbes rebajó la presencia del Estado que era del 32 % al 20, 9. Aplicó la llamada técnica del corte del salchichón.  José María Aznar, de la mano de Rodrigo Rato privatizó el resto. Este  hace presidente a Cesar Alierta y años después Alierta nombra consejero a Rato. 

Lamentaron entonces personas próximas al gobierno en funciones que en España se produjera una salía total del Estado y recuerdan que en Alemania el Estado mantiene directamente  el 13,8 % de Deutsche Telekom y por medio del instituto de crédito KFW otro 16 %; en Francia directamente el 13, 4 %  y por medio del banco público BPI France otro 9,56 de Orange y en Italia el 10% de Italia Telecom. Y como señaló Nadia Calviño: “Grandes países como Alemania y Francia están ampliando su presencia en el capital de empresas de telecomunicaciones estratégicas”.

Murtra cambia el equipo directivo

Murtra se rodea de un equipo de su confianza empezando por el nombramiento de Emilio Gayo como consejero delegado, quien reemplaza a Ángel Vilá tras más de 25 años en la empresa. Gayo controlará el grupo exterior de Brasil, Alemania, Reino Unido e Hispanoamérica, donde procederá a algunas desinversiones y se espera que procederá a cambios en B2B, Telefónica Tech y Telefónica Infra.

Murtra ha elegido a Borja Ochoa, con experiencia en Indra y Minsait como presidente Ejecutivo de Telefónica España, con el encargo de consolidar la transformación digital y el crecimiento de la compañía en el mercado nacional.

Sofía Collado asumirá la dirección de Telefónica Tech, relevando a José Cerdán quien  continuará vinculado a la empresa como asesor. Sebas Muriel será Chief Digital Officer, sustituyendo a Chema Alonso

Sergio Oslé, seguirá vinculado a la empresa. Daniel Domenjó ha sido designado como CEO de Movistar+, mientras que Cristina Burzako asumirá nuevas funciones dentro del grupo.

La periodista Ana Porto licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid ha sido nombrada directora global de Comunicación a las órdenes del director de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad, Eduardo Navarro, quien fue presidente de Telefónica Brasil.

Ana Porto fue subdirectora de Comunicación y Relaciones Públicas de Atresmedia, directora de comunicación de La Sexta y del diario Marca y trabajódurante diez años en El Mundo. 

El comunicado de la empresa explica que Porto «tiene una sólida trayectoria en medios de comunicación en los que se ha consolidado como una persona de confianza frente a grupos de interés e interlocutores clave».

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