Ratón colilargo que puede transmitir el hantavirus Andes
Inmaculada Sánchez
A cuenta del brote de hantavirus hemos descubierto al ratón colilargo patagónico, roedor que propaga el ya conocido patógeno. También hemos sabido que es incapaz de nadar. Pero pese a lo mucho aprendido durante la pandemia del Covid, en la crisis sanitaria vivida con el brote detectado en el MV Hondius hemos vuelto a ver a políticos de la oposición que siguen sin escuchar a la ciencia e incluso propagan delirantes teorías conspiranoicas con tal de criticar al Gobierno. Ni siquiera las mofas sobre las ratas nadadoras de Clavijo llegando a las costas canarias consiguen liberar a nuestra política de la infección del bulo y la mentira. El embuste se ha instalado en el debate público cual virus sin vacuna y cada vez que surge una crisis a la que dar respuesta sus síntomas se recrudecen.
Vox y PP han rivalizado desde el primer día de conocerse la situación del crucero en el nivel de desvarío de su invectivas. Santiago Abascal ha llegado a acusar a Pedro Sánchez de ser “capaz incluso de provocar una epidemia con tal de que no se hable de la ciénaga de corrupción que preside”. Miguel Tellado, el portavoz del PP, sembró el desasosiego ciudadano señalando que no había “nadie al volante” para gestionar la crisis y que la ministra Mónica García no estaba preparada para manejar tan grave situación. Su vicesecretaria Carmen Fúnez lanzó la falacia de que la repatriación de los viajeros “se podía haber hecho perfectamente en Cabo Verde”, argumento que aún después del éxito de la operación desde Canarias todavía defiende la cúpula del partido. Vox también mezcla disparatadamente sus críticas con la política migratoria de Sánchez asegurando que además de “querer que venga aquí toda Africa y América” ha decidido traer ahora a España “un virus mortífero”. ¿Se pueden escuchar más disparates?
El Gobierno ha ido dando respuesta a cada una de estas críticas con la eficacia de la operación de traslado de todos los ocupantes del barco infectado a sus respectivos países y de los españoles al hospital Gómez Ulla de Madrid además de con las felicitaciones públicas de la Organización Mundial de la Salud, cuyo director general, Tedros Ghebreyesus, incluso ha querido comparecer en Moncloa, junto a Pedro Sánchez, para extenderse en el elogio a la respuesta española ante la crisis. No parece ser suficiente. Horas después del abandono del crucero de aguas españolas Fernando Clavijo afirmaba ante el parlamento de Canarias que el Gobierno de España había ocultado deliberadamente la presencia de un paciente contagiado en el navío, poniendo así en peligro a la población canaria. La ministra de Sanidad se vio obligada a recordar que el estadounidense a quien se refería el presidente canario sólo había dado un positivo dudoso y la OMS no lo consideraba contagiado, como habían demostrado posteriores negativos en sus análisis.
¿En qué nocivo ambiente se desenvuelve nuestro debate político para tener que rebatir hasta el resultado de una PCR? El miedo que dejó en todos la terrible pandemia del coronavirus justifica y exige una exquisita transparencia y una eficaz gestión cuando surge un brote como el del hantavirus. Pero también responsabilidad en no difundir desinformación y sembrar caos ante una ciudadanía sensible. Me temo, sin embargo, que pese a los unánimes aplausos internacionales, seguiremos asistiendo a ataques contra el Gobierno a cuenta del hantavirus durante semanas, al menos hasta que se haya cumplido la cuarentena completa de los hospitalizados y todos puedan volver a sus casas sanos y salvos.
Su ingreso en un hospital madrileño, precisamente, sin duda alimentará las refriegas a través de Isabel Díaz Ayuso, toda una experta en el manejo de bulos y medias verdades contra el Gobierno. Tanto antes de su particular viaje a México como nada más regresar la presidenta madrileña ha reforzado la línea de críticas del PP añadiendo su profundo rechazo al traslado de los potenciales contagiados al Gómez Ulla alegando falta de criterios técnicos claros y de comunicación previa, pese a que se trata de un centro de titularidad estatal y adscrito al Ministerio de Defensa. Cabría preguntarla dónde está el equipamiento y la seguridad del famoso hospital Zendal que la Comunidad de Madrid construyó en plena pandemia para convertirse en un centro de referencia de este tipo de epidemias infecciosas, que triplicó su presupuesto inicial y que seis años después ha dado un giro copernicano a su objetivo inicial para ser un centro de media estancia especializado en enfermedades neurodegenerativas.
La infección de embustes que viene pudriendo nuestra política se extiende desgraciadamente sin control. La misma Isabel Díaz Ayuso ha regresado de México con un cargamento de ellos sobre el “extremo peligro” en que la dejó abandonada el Gobierno de Pedro Sánchez en un país tan violento. Ya no sabemos dónde poner el listón de nuestra capacidad de asombro. Las elecciones andaluzas de este domingo nos dirán, también, cómo de rentable les resulta a la derecha y a la ultraderecha continuar contaminando así el escenario. Y no se perciben buenas noticias.

